Buenos Aires (Especial de NA) – La aún tímida recuperación de los principales mercados financieros del mundo durante los últimos días, impensada para muchos, abrió el interrogante de si realmente va quedando atrás el piso de la caída de precios bursátiles, como consecuencia de la crisis internacional, y se aproxima la hora de un giro en los negocios.
El siglo XX fue escenario de los más jugosos enriquecimientos y de los más pronunciados empobrecimientos de países y grandes conglomerados capitalistas, junto a constantes migraciones de poblaciones enteras que buscaron en el Nuevo Mundo conquistar el Gran Sueño Americano.
La era industrial del siglo XIX dio el puntapié inicial para que el mundo ingresara en una vertiginosa carrera hacia la conquista del poder y la riqueza.
El siglo XX lo acompañó generando en las dos Guerras Mundiales la primera forma de globalización que unió a varios continentes en una despiadada lucha armada de la que finalmente surge el Imperio Norteamericano como líder mundial tras cuatro décadas de Guerra Fría.
Con ello, alcanzamos la globalización total donde todos los países operan de continuo en la industria y en el comercio con intercambio de bienes y servicios, pero bajo un signo monetario dominante: el dólar estadounidense.
Con el acuerdo de Bretton Woods, ese dólar dejó atrás a la Libra Esterlina y al patrón oro y fue suficientemente fuerte como para quedar indemne tras su inconvertibilidad con el oro, previo paso por su relación de 35 y luego de 42 unidades por onza troy.
Líder en el mundo financiero, el dólar no sólo tendrá que sostenerse, sino sostener a las otras divisas y monedas del mundo para no caer producto de su propia debilidad. Como todo ejército que avanza y conquista territorios, el dólar deberá asegurar su retaguardia y cuidar los frentes sojuzgados para poder vivir, dejando vivir a los demás.
Por eso, la Reserva Federal (FED) y la nueva administración estatal a cargo de Barack Obama asistieron de frente a la banca de su territorio y a la de las extracontinentales a través de acuerdos que aún deben consolidarse en la batalla final que en abril encontrará al G-7 dentro del conglomerado del G-20.
Esa asistencia se vio no sólo en la baja de tasas a cero y en la apertura de la ventanilla de crédito a empresas, que antes estaba reservada sólo para los bancos.
La caída de las cotizaciones bancarias en Wall Street fue dramática y arrastró a Asia y a Europa.
Pero, al observar los volúmenes transados en los principales bancos estadounidenses, como por caso, el City; el of América y el Wells Fargo queda más en claro que el programa de ayuda y reconstrucción, ya ingresó en su etapa de solución final con un cambio de manos en los paquetes accionarios.
El volumen transado en cada uno de esos bancos fue máximo histórico durante el lapso noviembre del 2008 a febrero del 2009 con un crecimiento exponencial al compararse con todo lo operado durante los últimos 20 años.
Al mismo tiempo, la aguja de la cotización se clavó en el piso y promedió precios de remate: En esos precios ingresaron las nuevas manos fuertes que tendrán a su cargo la reconstrucción del sistema financiero; de la misma manera que el
Plan Marshall reconstruyó las ruinas de la Europa de post-guerra desde 1945.
No en vano, entre esas manos fuertes está el Tesoro de los Estados Unidos de América (EUA) que acordó convertir en títulos comunes hasta 25.000 millones de dólares en acciones preferentes del City.
Pero, también los inversionistas privados aportarán una suma idéntica sobre la base bíblica que reza: Ayúdate que te ayudaré.
Con esa actitud, el Imperio Estados Unidos salió a capitalizar bancos asegurando los frentes de lucha, y haciendo lo propio con la retaguardia a través de dos conceptos que fueron las columnas de su fortaleza mundial: Cumplimiento y Confianza.
Por eso, es que paradójicamente, el país que desató el caos financiero internacional, y ahora principal deudor del mundo (al final de la segunda guerra mundial era el principal acreedor), es el receptáculo de ingresos de fondos a través de la compra de sus Bonos del Tesoro (BT) y de un afianzamiento de su moneda frente a las principales del mundo.
Es que el Imperio siempre pagó los intereses de sus BT sin dejarlos caer en default por difíciles que fueran las circunstancias, y siempre le dio a su moneda el valor de cambio sin importar la fecha de su emisión ni los cambios de papel, de impresión, o de bandas de seguridad.
El dólar siempre es canjeable por la FED sin importar cuándo fue emitido: El cumplimiento genera confianza; y la confianza trae la calma hacia los mercados, aunque en el medio la marea de las cotizaciones vaya y venga ,como lo hacen las aguas del mar.
Seguirán las oscilaciones bruscas por algún tiempo; pero más acotadas en cuanto al piso o mínimos que ya se alcanzaron hacia fines de febrero y comienzos de marzo en las castigadas cotizaciones bancarias y en los indicadores como el Dow Jones o el S&P-500.
Las tomas de ganancias de hoy se justifican plenamente si consideramos que el Dow tocó un mínimo de 6.469,95 puntos para saltar en pocos días al tope de hoy en 7.392,91 unidades dejando punta a punta un 14,27 por ciento de ganancia promedio.
Las aguas seguirán aún agitadas, pero los activos seguirán flotando como lo hace un corcho sobre el agua.
El dolar cotizó 3,62 comprador y 3,66 vendedor.



