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» Este artículo corresponde a la Edición del domingo, 27/jul/2003 de La Auténtica Defensa.

Cómo dejar de cambiar las reglas de juego todos los días




Buenos Aires, (Especial para NA, por José Calero) Convencer a la comunidad financiera internacional de que la Argentina es capaz de convertirse en un país previsible, donde las reglas de juego no cambien según el humor y la conveniencia del momento, es uno de los principales desafíos que afronta el gobierno de Néstor Kirchner tras su satisfactorio examen en Europa y Estados Unidos.

Tanto en las capitales europeas como en Washington y Nueva York, las preguntas que recibió el jefe de Estado argentino de sus interlocutores tuvieron como punto de contacto la preocupación de la inseguridad jurídica.

A todos, Kirchner les respondió parecido: "Queremos ser un país normal, pero necesitamos tiempo y apoyo para lograrlo".

Pero en el establishment en el que militan con fervor empresarios y banqueros existe preocupación por el camino que adoptará la Argentina para alcanzar esa aspiración de normalidad.

Los principales gobiernos occidentales mostraron su predisposición a apoyar la naciente administración de Kirchner, pero deberá correr mucha agua bajo el puente antes de que ese apoyo se traduzca en hechos concretos.

A Kirchner, pero especialmente al ministro de Economía, Roberto Lavagna, no se les escapó una frase lanzada por el presidente George Bush en medio de chistes que iban y venían entre el santacruceño y el texano.

"Si ustedes se ayudan, nosotros los vamos a ayudar", le dijo Bush, una frase que despertó optimismo, pero que también encierra una velada advertencia, que bien podría ser: "Si ustedes no colaboran, será poco lo que podamos hacer".

Fue el mismo discurso que venía escuchando Lavagna de sus duros interlocutores del FMI, algo desorientados por algunas desprolijidades mostradas por el gobierno argentino de cara a la sorpresiva invitación de Bush para que Kirchner lo visite de inmediato.

Era tal la euforia de algunos hombres cercanos al santacruceño, que por un momento hasta se autoconvencieron de que la presencia de Lavagna en la cumbre con el norteamericano era innecesaria.

Así las cosas, por unas horas a Lavagna lo habían bajado del encuentro con Bush en el Salón Oval, un error de cálculo inconcebible que, de persistir, le podría haber costado caro al gobierno de Kirchner.

El mismo error de cálculo de quienes pensaron que se debía subestimar el perfil económico --no sólo político-- de la visita a Bush, en momentos en que toda la comunidad internacional busca respuestas certeras de la Argentina sobre temas clave como renegociación de deuda, tarifas y estrategias de crecimiento.

Lavagna no sólo es por estas horas el único funcionario argentino con llegada cierta a los principales círculos del poder financiero y a los organismos multilaterales, sino que además es reconocido internacionalmente por haber abierto la puerta justamente hacia esa "normalidad" con la que machaca Kirchner.

El ministro de Economía no perdió tiempo durante los dos días en que acompañó a Kirchner en Estados Unidos: el miércoles se reunió con el número dos del Tesoro, John Taylor, y el jueves estuvo cara a cara con el hombre a cargo de la Reserva Federal de Nueva York, Terrence Checky.

.Banqueros a la carta.

En sintonía con esas señales, Kirchner se reunió con los máximos líderes del Consejo de las Américas, encabezados por William Rhodes (Citicorp) y por David Rockefeller (emblema del capitalismo promovido desde Washington).

Kirchner llegó a ese encuentro con ventaja: había sido advertido por el vicepresidente Daniel Scioli de que había buena sintonía con los integrantes del "Council".

"Hay buen clima para que seas escuchado", le había anticipado Scioli a Kirchner tras haber recorrido él mismo los pasillos del Consejo de las Américas semanas atrás.

Kirchner recibió preguntas punzantes, no dejó interrogante sin responder y prometió que el país volverá a ser creíble para las inversiones.

Algunos banqueros habían acudido con recelo a la cita con el presidente argentino porque esperaban un concierto de tirones de oreja y poco y nada de los temas que a ellos les interesaba tratar.

Pero Kirchner los sorprendió con una firme promesa de que su gobierno busca restablecer la seguridad jurídica, que las reglas no cambien todos los días, y crear un marco amigable de negocios para que regresen las inversiones.

Kirchner también les dijo que combatirá con todo el poder del Estado la corrupción y, al menos por ahora, sus interlocutores norteamericanos parecen haberle creído.

El mismo libreto repitió el presidente argentino ante el ministro de Finanzas francés, Francis Mer, quien lo visitó este viernes con la ambición de llevarse información de primera mano sobre qué ocurrirá con las tarifas de servicios públicos.

Kirchner, pero especialmente Lavagna, fueron claros ante el funcionario francés: está claro que los inversores tienen derecho a obtener utilidades, también que parte de esas ganancias deben ir destinadas a cumplir programas de inversión y que esto debe ser compatibilizado con el interés de los consumidores, en capacidad de pago y calidad de servicio.

Esos tres principios son los que van a guiar el proceso de recuperación de la estabilidad jurídica de los 61 contratos de las empresas privatizadas, se le explicó a Mer.

. Lo que viene.

El Directorio del FMI aprobará la semana próxima la tercera revisión del acuerdo transitorio y enviará una misión a la Argentina con la meta de cerrar el nuevo convenio el 2 de setiembre, algo que el gobierno da por hecho.

Además, Argentina brindará cada vez más señales de su decisión de avanzar hacia el Area de Libre Comercio de las Américas (ALCA): la única y crucial duda es si lo hará en forma unilateral o si, como prefiere Kirchner, se irá como región y mano a mano con el Brasil liderado por "Lula" Da Silva.

Y el tema clave: alcanzado el acuerdo con el Fondo y con el aval de la comunidad financiera internacional, la prueba de fuego será la renegociación de los bonos de la deuda con los inversores privados, en la cual aparecen algunos nubarrones, con final abierto.


 
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