Buenos Aires (Especial de NA por Martín Hermida) -- Con la marca todavía fresca de su paso por Europa, la primera línea del Gobierno cerró esta semana su primer periplo "grande" por el exterior con la visita del presidente Néstor Kirchner a su par de la mayor potencia del mundo actual, y a pesar de los miedos previos, en el Ejecutivo quedó la sensación de que el examen que significó el encuentro con George W. Bush terminó con un aprobado.
"Se acaba de abrir una puerta que estaba un poco entrecerrada. Ahora va a depender de nuestra capacidad e inteligencia para trabajar y negociar en cada uno de los temas donde haya que hacerlo", aseguró a Noticias Argentinas una fuente del Ejecutivo, con una dosis de satisfacción pero también con realismo.
¿Las bromas, la charla franca y la "buena química" que hubo en el encuentro Kirchner-Bush sirven para sortear todas las vallas que hay en el camino? Claro que no. Pero el relevante significado político obtenido por la Argentina a partir de esta primera reunión sirve para alentar las expectativas sobre la posibilidad concreta de construir una nueva relación con la Nación que no sólo tiene más peso en esta parte del mundo, sino también en el resto del Planeta, para bien o para mal.
Más allá de las consideraciones públicas, en las cercanías del presidente y del canciller Rafael Bielsa coincidieron en subrayar que los términos "afectuosos pero serios" que marcaron buena parte de la charla desarrollada en el famoso Salón Oval de la Casa Blanca implican un espaldarazo para la línea que quiere imprimirle el actual Gobierno a su política exterior: relaciones "maduras" y nada de "alineamientos automáticos".
"El sólo hecho de la invitación, el nivel de los funcionarios que acompañaban a Bush y la charla son gestos importantes. Y también que Bush haya dicho que hay un apoyo fuerte a la Argentina y un aval a la negociación con el FMI. Pero sobre esa base hay que trabajar a fondo, porque hay infinidad de temas para discutir", afirmaron voceros del Gobierno.
En esa misma línea, admitieron que en este primer encuentro, si bien no hubo "rispideces", tampoco hubo un análisis "profundo" de todos los temas que hacen a la relación bilateral. Y de hecho, hubo una serie de cuestiones -tal vez las más polémicas o las que podían generar contrapuntos- que fueron deliberadamente dejadas a un lado por el presidente norteamericano, como por ejemplo los problemas en Irak y el posible pedido de ayuda militar a la
Argentina, el eterno conflicto con Cuba y la compleja situación en Venezuela.
"Hay una gran cantidad de temas en común, como la discusión por los aranceles comerciales, la relación con el Mercosur y la integración y el alcance del ALCA (el Area de Libre Comercio de las Américas), que es necesario trabajar en profundidad. Esa va a ser una tarea de los técnicos, de los negociadores, que tendrán que hacer un trabajo laborioso. Ese es el desafío que nos espera", interpretó un hombre cercano al canciller Bielsa.
Y agregó: "Que exista una buena relación entre los Presidentes no quiere decir que en muchos temas las posiciones estratégicas de uno y otro país vayan a coincidir todo el tiempo".
Pese a los buenos augurios, las esperadas críticas estuvieron a la orden del día. Desde los sectores más conservadores consideraron que Kirchner "abandonó" su "doble discurso" y ante Bush no repitió cuestionamientos que sí había hecho en Europa, mientras que por izquierda se le endilgó al Presidente no haber hecho una condena abierta a la guerra en Irak, un verdadero caballito de batalla del mandatario norteamericano.
Pero más allá de eso, hubo un notorio error de apreciación y cálculo en los aprontes y especulaciones previas a la reunión en la Casa Blanca: se dijo, por ejemplo, que Bush estaba ansioso por saber si Kirchner sería un hombre más cercano políticamente al brasileño Luiz Inacio Lula Da Silva o al venezolano Hugo Chavez -una verdadera pesadilla para Washington- y se afirmó que el presidente norteamericano plantearía sin medias tintas casi una exigencia a la Argentina para que envíe efectivos a Irak.
Ni lo uno ni lo otro. Bush demostró, como tenía que ser, un conocimiento casi perfecto de Kirchner y de sus medidas de Gobierno, y no hubo ni una palabra del tema Irak ni de otra cuestión que pinta para la polémica, como lo es la intención de los Estados Unidos de que se le brinde "inmunidad" a los efectivos de ese país que realicen ejercicios militares en el exterior.
El propio Kirchner se esforzó en subrayar que la charla "marcó que se puede tener una relación seria y clara y que se puede hablar con sinceridad". Sin mencionarlo directamente, apuntó de lleno contra aquel axioma de las "relaciones carnales" del gobierno menemista, que Bielsa ya había dado por muerto y enterrado.
Y agregó: "El apoyo del presidente Bush va mucho más allá del acuerdo con el Fondo. Encontramos una mano tendida y un decidido apoyo sin condicionamientos".
La agenda con los Estados Unidos marcará seguramente en el futuro los pasos a seguir por la administración Kirchner, como sucederá con la relación con Brasil y el resto del Mercosur, las negociaciones comerciales con la Unión Europea, las discusiones por el ALCA y un tema no menos polémico que ahora volvió a abrirse: el de las extradiciones de ex represores reclamados por otros países a raíz de violaciones a los derechos humanos.
Cuando Bush se reunió por primera vez con Lula, también todo el mundo elogió la "química" que había entre ambos. Pero ahora el Fondo Monetario le exige a Brasil un superávit cada vez más creciente y el país vecino ya entró en recesión.
Cuando esta semana Bush habló con Kirchner y le deseó éxito en las negociaciones para alcanzar un acuerdo, también se apeló a la buena química. ¿Seguirá Argentina el mismo camino que Brasil o forjará el suyo propio?



