Son las 12.30, rebota la incandescencia de la tarde sobre cada filo del alambre de púas que cubre los altos paredones del Penal. Un hombre de azul revisa cuidadosamente el baúl del auto que nos conduce; y no se porqué, en ese preciso instante… se me viene a la memoria un texto de Eduardo Galeano, que bien relata cómo una niña logra entrar de contrabando algunos pájaros escondidos en un dibujo de árboles de manzana, nadie los ve, solo ella y su padre saben que están ahí; ambos cómplices hacen ademanes de silencio ante la presencia de los carceleros.
La niña, deja caer la cortina de largas pestañas oscuras sobre sus ojos, su boca esgrime una sonrisa tenue, abre sus manos suavemente y las acomoda de manera tal que parecen pequeñas sombras chinas: intercambia en silencio los primeros esbozos de la palabra libertad… no estamos solos.
Charly Schneider



