Otario es un adjetivo, propio del lunfardo rioplatense pero empleado también en el portugués de Brasil, califica a la persona ´cándida, tonta, elegida como víctima de una estafa´, según la definición de José Gobello, (con quien tuvimos el placer de dialogar en algunas conferencias) quien en su Diccionario del lunfardo cita un ejemplo tomado de Los beduinos, de Leopoldo Lugones (1874-1938):Tres punguistas se unen para achacar a un otario (robar a un tonto).
Otario es usado comúnmente en el portugués de Brasil, adonde llegó a lomos del tango de Andrés Caruso "Se acabaron los otarios", dado a conocer en 1926: Se acabaron los otarios que en otros tiempos había;/ los muchachos de hoy en día no son giles, al contrario./ Se acabaron los otarios /.Proviene del nombre de la Otaria byronia, el león marino sudamericano, una foca extremadamente lenta, considerada muy poco inteligente en comparación con otras especies.
Recordamos con respeto y reconocimiento a su obra como escritor, dramaturgo y hombre preocupado por el uso de la lengua española Marco Denevi (1922-1998); muchos veces hemos reflexionado sobre uno de sus más sutiles pensamientos: "El estúpido vive en estado de gracia porqué, simplemente, no sabe que es estúpido".
El pensador español Fernando Savater asevera en su Diccionario Filosófico,que "no hay que confundir a los estúpidos con los tontos, con las personas de pocas luces intelectuales: pueden también ser estúpidos, pero su escasa brillantez les quita la mayor parte del peligro. En cambio lo verdaderamente alarmante es un premio Nobel o un destacado ingeniero pueden ser estúpido hasta el tuétano a pesar de su competencia profesional. La estupidez,- reitera Savater-, es una categoría moral, no una calificación intelectual; se refiere por tanto a las condiciones de la acción humana".
Nos decía mi inolvidable maestro en periodismo Ulises Barrera: "Todos nacemos con un don. Cada uno tiene la tarea de descubrirse. Ahí está la misión de cada uno". Por mi parte no me considero maestro, porque sigo estudiando, como lo quería Ulises. Sigo siendo alumno. Concretamente, me apoyo en la sentencia socrática: "Solo sé que no sé nada".
Humildemente creo que estas reflexiones, además de promover la necesaria capacidad de vocabulario personal, fortalecen espiritualmente nuestro interés por tomar aunque más sea lúdicamente, una acción digna de buena voluntad por superarnos en nuestra condición humana.
El autor es escritor, periodista y director del Taller Escuela Mariano Moreno (TEMM), de Periodismo y Comunicación. ismaelgarzon2003@yahoo.com



