El desayuno, el diario, vos y yo; y el sol sobre todas las cosas.
Así comienzan los domingos, desde nuestro rincón.
Desde allí vemos: un añoso nogal, dispersas siluetas
de pinos, la copa de una palmera.
El tapial nuevo, casi cubre por completo al naranjo viejo.
Desde otra vista: un cargado limonero, los plátanos;
una adorable Santa Rita se destaca con luz propia.
Los ficus, el jazmín, la granada y los paraísos.
Malvones, rosas, bignonias y un escuálido quinoto,
con más frutos que ramas.
Los ojos se llenan de flores, arbustos, enredaderas,
y la lavanda dibuja y perfuma el paisaje.
Todo esto es el afuera, el panorama, coronado
por el laurel, alto y delgado, que apunta
con su mítica esencia de flecha al cielo.
También están allí los pájaros; sobre todo aquellas aves
que salen de palomares vecinos a pintar el cielo
con trazos circulares y entrelazados.
Los chillones horneros lanzan, quien sabe que anuncios
al barrio; y el benteveo viene a martillar el sueño
sobre las rejas del patio.
Pero a mi a mi me gustan ellos, los negros y atropellados
tordos, como saetas bulliciosas de brea.
De vez en cuando, nuestras flores tientan al colibrí,
y se produce el trueque de alimento por reproducción,
y el contraste de belleza con belleza.
El sol, las nubes, y los techos que nos miran.
El horizonte es cortado por doquier, por casas, plantas
y un gran puente fragmentado.
Nuestra perra le ladra a todo lo que se mueve, lo quieto,
lo conocido, lo extraño.
Tu lugar soñado se hizo nuestro refugio.
En él habitan los retratos queridos, las obras propias y ajenas,
que ya son nuestras. Paisajes, adornos, sueños
plasmados en tela. También está el hogar y la escalera
para enmarcar nuestro cotidiano encuentro.
Te miro con ojos de sueño, y esto no es poesía;
me estoy despertando de a poco.
Te veo tan linda; tu cara, hoy es fiesta, y hace fiesta mi vida.
Sos más transparente que nuestros cristales;
sé cuando disfrutas y cuando no.
Tu cara y tu cuerpo no actúan, no hay puesta en
escena para mí, para nadie, creo.
No hay libretos para vivir y, ahora lo acepto.
En este lugar, entre noticias y mates,
entre historias y sueños … soy feliz.
La ropa informal, el apuro ausente por un rato,
me permiten contemplarte y decirte como te veo
y cuanto te quiero.
El autor es alumno del Taller Escuela Mariano Moreno (TEMM) de Periodismo y Comunicación.



