Un día patrio, otro año para festejar, para conmemorar, para recordar con felicidad que somos independientes. ¡Independencia! Del pueblo europeo, de los españoles con mayor exactitud; que un día llegaron y nos "colonizaron", nos impusieron sus creencias y modos de vida. Pero por suerte, un nueve de julio logramos emanciparnos de aquellos bandidos que amaban el poder, y así fuimos libres, para empezar a arreglárnoslas entre nosotros.
Bueno, así empezó la historia de la política argentina ¿no?
Las primeras luchas por el poder, los primeros cabildos "abiertos" -en realidad no tenían nada de abiertos, la mayoría de las personas quedaban afuera sin posibilidades de votar, principalmente los pobres y las mujeres -. También comenzaron las Campañas al Desierto, para "agrandar" el territorio, que significaba despojar a los nativos -llamados indios por los españoles- de sus casas, acorralándolos en pequeñas parcelas cercadas o bien aniquilándolos y olvidando el problema.
Claro, ahora me cierran todos los cabos, si el cuentito lo empezamos matándonos los más fuertes a los más débiles, se explica el hoy que estamos viviendo, con las mismas características de aquel entonces. Es eso lo que estamos haciendo desde la época del ñaupa, pisándonos y pasándonos por arriba para poder sobrevivir, como si viviéramos regidos por la ley de la selva: es lo mismo.
Y cada "día de" lo festejamos felices de estar en libertad, regidos por nuestras propias normas, conformando un único y sólido pueblo argentino, mutilado según pasan los años por nosotros mismos. Ya no estamos más en manos de extraños, nos manejamos según nuestras propias urgencias y trabajamos para nosotros mismos, para nadie más. Y he aquí el dilema, porque sólo una pequeña minoría está en condiciones de decidir, sólo unos pocos argentinos toman las riendas del país paseándonos por donde ellos creen más conveniente. La otra gran parte de la población, el único poder de decisión que posee es el de elegir a estas personas que guían, elección limitada por la carencia de nuevas caras en la arena política, y la falta de nuevos proyectos.
La moraleja que podría tomar de este último "Día de la Independencia", es que con orgullo y esfuerzo obtuvimos libertad, nos despegamos de una relación sumamente parasitaria que no nos beneficiaba en nada; y así nos metimos en una relación similar, pero la diferencia está en que somos todos argentinos. La emancipación que obtuvimos en 1816 nos obligó a empezar a arreglárnoslas entre nosotros y no tuvimos mejor idea que seguir con el ejemplo de "el más poderoso por sobre los más débiles". Ahora, parecería que aquellos españoles que estuvieron absorbiendo energía de los argentinos, mutaron en propios argentinos y son esos mismos con caras conocidas que juegan con el poder que el pueblo les da. ¿Vendrá ahora una época en que nos debamos liberar de aquellos que nos traban las salidas? ¿Necesitaremos un segundo "Día de la Independencia" para que los nuestros se percaten del malestar del pueblo? Porque si las cosas no cambian pronto, ese día llegará, y no creo que sea un día muy feliz.
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