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En estos días, donde el sentido común es el menos usado de los sentidos y el sinsentido es la brújula de nuestros actos, la sociedad continúa su marcha en este círculo vicioso de violencia, desconfianza y miedo. Situación que no se da exclusivamente en temas de inseguridad cotidianos, en el creciente número de crímenes pasionales, por ajustes de cuentas o por que sí. Se suman además, la inseguridad vial, la prosperidad que algunos delitos realizados con cotidiana impunidad, nos dejan impotentes, furiosos, heridos y frustrados.
Porque ya no se trata solo de delincuencia o corrupción. De falta de "códigos", cosa que nunca entendí demasiado, debo confesar, por parecerme una excusa inventada por el machismo, pero que hoy por hoy, me he replanteado si en definitiva, éstos no ayudaban a darle cierta moralidad y una ética, quizás propia de algunos círculos, e inentendibles para otros, pero capaces de contener ciertos desmanes.
Nuestra sociedad, esta buscando seguridad, justicia, equidad, pero de alguna manera ya no está tan segura de qué significa o requiere cada una de estas necesidades vitales para el crecimiento cotidiano, el equilibrio, la paz y las realizaciones tanto grupales como individuales. Es que todo se ha desvirtuado al punto de la devaluación cotidiana de los valores.
Los conocimientos están devaluados, como si no hicieran falta; encontrar trabajo es más simple conociendo a las personas adecuadas que teniendo el mejor de los curriculums. Entonces ¿Por qué aprender? Hasta los padres apoyan esto, atosigando a maestros que intentar enseñar y disciplinar a sus alumnos, para conseguir el objetivo que se impusieron por vocación o simple obligación: enseñar. Pero paradójicamente, todos necesitan sacar "chapa", porque parece que eso los hace mejores personas. Lo cual tampoco es problema, según parece comprar certificados, diplomas y hasta analíticos es muy fácil. En particular si el poder y/o el dinero los favorece.
Vemos esta contienda permanentemente y entre la capacidad y el favoritismo, conseguido por ser "políticamente correcto", siempre gana el segundo.
El periodismo no esta ajeno, muchas veces favorece este círculo que se alimente con MIEDO, nada más ni nada menos. Disfrutamos de libertad de prensa. Pero ejercerla tiene sus consecuencias. O al menos con eso se especula. Las líneas editoriales se modifican por que nadie debe herir susceptibilidades y como estar en misa y en procesión al mismo tiempo no se puede, reman en un mar donde se intenta no naufragar dejando la carga que parece hundir el barco: ideales, excelencia, buenas ideas y lo que es peor, la dignidad.
Todo esto pasa sola y simplemente porque el miedo se ha apoderado de nosotros. No sabemos donde estamos parados, pero queremos asegurar que mañana seguiremos parados, haciendo malabares, en la cuerda floja, pero parados. Pensando que quizás si logramos sobrevivir llegaremos al otro lado. ¿Aunque realmente queremos llegar? Se suman los miedos y seguimos presos en una lucha descarnada para llegar a donde no sabemos ni queremos.
Algunos luchamos por no estar en este círculo y hasta nos vanagloriamos de ser correctos, dignos, humildes, de pretender no sacar chapa aunque la tengamos, pasar por ignorante por que nuestros actos hablarán por sí solos… la eterna utopía. Frustrante bandera que como alguien me dijo alguna vez: "esos terminan en el cementerio, pobres y sin que nadie los recuerde".
¿Esperanza? Por supuesto, es la única arma contra el miedo. Sino fuera por ella el sin sentido ganaría, sin embargo todavía muchos sabemos quienes somos y hacia donde vamos… buscando una vida mas justa y equitativa para todos.



