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domingo, 14/jun/2026 - 01:04
 
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» Este artículo corresponde a la Edición del domingo, 27/abr/2008 de La Auténtica Defensa.

Días de renuncia y reacomodos políticos
por Daniel Casal




Buenos Aires, (Especial de NA)- El ex presidente Néstor Kirchner olfateó el peligro que sobrevuela sobre el gobierno de su esposa y salió a apuntalarlo en dos actos públicos, en los que castigó con dureza a los supuestos enemigos. Lo hizo tras medir costos y beneficios de sus palabras y comprendió la necesidad de volver a dar volumen político a una gestión que ha perdido peso específico en nada más que cinco meses.

Porque sabe también que su irrupción en el centro de la escena puede significar una devaluación de la propia figura de Cristina Kirchner. Pero tomó la decisión de hacerlo tras la lectura de algunas encuestas que reflejan una sensible caída de la imagen presidencial, sobre todo, en los grandes centros urbanos y en las provincias donde el conflicto con el campo se sintió más. La consultora de Ricardo Rouvier observó que la cifras de aceptación suben cuando la gente comienza a ver más autoridad en la gestión.

El tiempo dirá si el blanqueo del «doble comando» en el gobierno se convirtió en una apuesta acertada para adquirir fortalezas. Por lo pronto, según la óptica oficial, las acechanzas no son menores y parten de algunos grupos concentrados del campo, sobre los que se montaron clases altas urbanas en el medio del conflicto agropecuario.

Incluye, entre ellos, a medios de prensa que pujan por la Ley de Radiodifusión y por otros sistemas de comunicación, como el denominado Triple Play, o la adopción por parte del país del sistema americano o europeo para la señal de la tv digital. Y también a los enemigos financieros que tratarían de forzar un cambio en el modelo económico y ya están actuando con la baja en las calificaciones, la recomendación de deshacer posiciones en la Argentina y la venta de bonos.

Pero, no todo es conspiración en este mundo, ya que la pérdida de confianza en el país se encuentra fundamentada en los riesgos cada vez claros de la inflación y de una política económica que comienza a perder solidez. Se encuentra claramente agotado el mecanismo de control de precios sobre la oferta que no frenó los aumentos y generó malestar en las cadenas de valor.

Descartado por el gobierno el camino de enfriar la demanda, queda el de alentar las inversiones para generar más producción y equiparar la oferta. Pero aquí hay un problema de tiempo, debido a que las inversiones son generalmente de mediano y largo plazo cuando las inflación es una cuestión de aquí y ahora.

Sin embargo, el economista del Plan Fénix, Abraham Gak, dijo que «la Argentina está en el puesto 15 en niveles de inversión, por encima de Estados Unidos, Brasil y Chile». Gak cuestionó que «se esté instalando la idea de que estamos ante una crisis económica generalizada, cuando los números hablan de otra cosa», como por ejemplo que para este año se estima que la inversión alcanzará el «25 por ciento del PBI».

No existen hoy economistas, ni los heterodoxos o los oficialistas, que obvien la demanda y aconsejan por lo menos deslentar algunos consumos en las clases altas y bajar en formar paulatina el ritmo de aumento del gasto público hasta sujetar los precios.

Y esto es lo que precisamente proponía el ex ministro Martín Lousteau, ya que una de las medidas que contenía su plan secreto era aplicar un fuerte aumento de las tarifas de gas para los grandes consumidores. Por eso es difícil pensar que Néstor Kirchner no se haya dirigido a él cuando expresó: «No quiero escuchar más que se hable de enfriar la economía. O quizás lo hizo para sellar el destino de un ministro cuyos días en el gobierno estaban contados por el costo político que provocó la medida de la retenciones móviles, detonante de la protesta del campo.

Disposición que nunca pudo haber tomado en soledad en un gobierno que se jacta de centralizar la política económica desde la Casa Rosada. La cabeza de Lousteau era una prenda, o un gesto, indispensable para avanzar en las negociaciones con el sector agropecuario. Es que ningún tema económico o político podrá ser resuelto sin antes llegar a un entedimiento con uno de lo sectores más dinámicos del país.

En silencio, de las dos partes, se trabaja ahora en que el 2 de mayo, fecha del fin de la tregua, no se convierta en el punto límite para negociar. Para ello, durante la semana que viene tendrán que mostrar hechos concretos, algo más de los pobres resultados conseguidos hasta ahora.

De lo contrario, nadie podrá frenar los ímpetus de Alfredo De Angeli y toda la línea de dirigentes duros que no ven la hora de volver a la rutas o tomar otras medida de fuerza como boicotear las exportaciones de granos para castigar al superávit fiscal. Claro está, una medida de esta naturaleza sería como morderse la propia cola.

Ahora, el nuevo ministro Carlos Fernández deberá encarrilar la economía sin hablar de enfriarla, aunque no hay mejor freezer que la propia inflación que deteriora el salario y se come la ventaja del tipo de cambio alto.

Es un técnico ordenado y de bajo perfil y su mayor ventaja es que conoce muy bien al ex presidente quien, en definitiva, maneja el curso de la economía.

Se encuentra claramente agotado el mecanismo de control de precios sobre la oferta que no frenó los precios y generó malestar en las cadenas de valor.

Descartado por el gobierno el camino de enfriar la demanda queda el de alentar las inversiones para generar más producción y equiparar la oferta.

La cabeza de Lousteau era una prenda, o un gesto, indispensable para avanzar en las negociaciones con el sector agropecuario.

Ahora, el nuevo ministro Carlos Fernández deberá encarrilar la economía, sin hablar de enfriarla, aunque no hay mejor freezer que la propia inflación que deteriora el salario y se come la ventaja del tipo de cambio alto.


 
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