Buenos Aires, (NA)- La presidenta Cristina Kirchner aceptó anoche la renuncia del ministro de Economía, Martín Lousteau, tras el desgaste vertiginoso que le produjo al joven funcionario el anuncio del sistema de retenciones móviles que desató la protesta agropecuaria, y en su reemplazo fue designado el actual titular de la AFIP, Carlos Fernández.
La Presidenta tomó esta decisión durante una reunión de alto nivel que encabezó en la residencia de Olivos junto a sus más estrechos colaboradores, luego de que Lousteau presentara su renuncia ante el jefe de Gabinete, Alberto Fernández, en la Casa Rosada hacia las diez de la noche.
El sucesor de Lousteau, Carlos Fernández, es un técnico que cultiva el perfil bajo y hace menos de un mes había asumido en la AFIP luego de que la Presidenta le pidiera la renuncia a Alberto Abad por la pelea que mantuvo éste con el titular de la Aduana.
La permanencia de Lousteau en su puesto se hizo insostenible desde que anunció las retenciones móviles y el aumento del impuesto a las ventas al exterior de la soja. Esta medida movilizó la protesta de productores de todo el país que durante tres semanas cortaron rutas y provocaron un agudo desabastecimiento de productos de primera necesidad. La virulencia del conflicto derivó en un esmerilamiento prematuro de la propia jefa de Estado, a pocos meses de haber iniciado su gestión.
La pérdida de peso específico del ministro se había hecho ostensible, ya que no participó de las últimas reuniones con la dirigencia del campo para encontrar soluciones al diferendo. Por esto, desde hace días, Lousteau había quedado envuelto en rumores de renuncia y su figura estaba cada vez más desdibujada en el Gabinete nacional.
Tanto en los ámbitos empresarios como en los mercados sonaban las versiones de su alejamiento del Gobierno. Pero en el Palacio de Hacienda negaban esta posibilidad y hasta ayer decían que «Lousteau trabaja con normalidad». Incluso, destacaron como un dato e viaje que iba a realizar a Montevideo para participar en la reunión por la creación del postergado Banco del Sur.
Así, desde Economía buscaban desalentar los crecientes rumores sobre su posible dimisión, que pocas horas después concretó. Para colmo, estas versiones coincidieron con el apoyo del Gobierno al secretario de Comercio, Guillermo Moreno, un hombre considerado un obstáculo para Lousteau, ya que es formalmente su subordinado pero tiene juego propio avalado por el ex presidente Néstor Kirchner.
El ministro del Interior, Florencio Randazzo, defendió al polémico secretario y dijo que sin él «sería imposible» gobernar. En la city porteña hicieron cálculos enseguida y dedujeron, con lógica implacable: «¿Sin Moreno sería imposible, con Lousteau sí...?».
Pero anoche tampoco era tan seguro que Moreno continuara en su cargo, dado que insistentes versiones indicaban que la Presidenta podría hacer más cambios en el Gabinete en el curso de los próximos días. También contribuyeron a complicar la delicada situación de Lousteau las versiones de que el Gobierno estaba consultando a otros especialistas sobre cuestiones de su área, como Martín Redrado, Mario Blejer y hasta Carlos Melconian, ex candidato a ministro de Carlos Menem.
Desgastó, además, al ministro de Economía el hecho de que economistas con llegada a la Rosada, como Eduardo Curia y Héctor Valle, salieran a plantear sus recetas sobre lo que se debe hacer con el plan económico.



