Cuenta esta historia que un buen día un sabio había pedido que llevaran a su clase papas y una bolsa de plástico.
Ya en clase, eligieron una papa por cada persona a la que le guardaban resentimiento. Escribieron su nombre en ella y la pusieron dentro de la bolsa. Algunas bolsas eran realmente pesadas, tanto era así que se podía comparar el peso con el arduo caminar en su vida. El ejercicio consistía en que durante una semana llevaran a todos lados esa bolsa de papas. Naturalmente la condición de las papas se iba deteriorando con el tiempo. El fastidio de acarrear esa bolsa en todo momento mostró a cada alumno claramente el peso espiritual que se cargaba a diario y como, mientras más se ponía la atención en la bolsa para no olvidarla en ningún lado, se desatendían cosas que eran más importantes. Todos tenemos algunas papas pudriéndose en nuestra "mochila" . Este ejercicio fue una gran metáfora del precio que se pagaba a diario por mantener el resentimiento por algo que ya había pasado y que no podía cambiarse. Darse cuenta que cuando se da importancia a los temas incompletos o a las promesas no cumplidas llenan de resentimiento, aumentando la angustia, y la atención se dispersa. Quizás el perdonar sea la manera. Porque la falta de perdón es como un veneno que se toma a diario en pequeñas gotas pero finalmente por acumulación termina envenenando.
Muchas veces pensamos que el perdón es un regalo para el otro sin darnos cuenta que los únicos beneficiados somos nosotros mismos. El perdón, que no es nada sencillo, nos libera de ataduras que nos amargan el alma y enferman el cuerpo.
Eso no significa desmentir la realidad haciendo de cuenta que uno este de acuerdo con lo que paso o que se apruebe.
El perdón tampoco significa dejar de darle importancia a lo que sucedió, ni darle la razón a alguien que lastimó. Simplemente significa dejar de lado aquellas cargas que no nos dejan avanzar. El perdón se basa en la aceptación de lo que pasó. La falta de perdón ata a las personas con el resentimiento. Y en general el perdón más complejo es el perdón hacia uno mismo. ¿Y ustedes, que piensan? Felices Pascuas!
Lic. Patricia Katz, Lic. Sebastián Terrizzano
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