Buenos Aires (Especial de Noticias Argentinas) -- El kircherismo ha dado otro paso en el camino de la concentración de poder, mientras que Roberto Lavagna eligió transitar por la cornisa de la supervivencia.
Néstor Kirchner le abrió la puerta de entrada a su ex ministro y éste volvió a cobijarse bajo el sol del oficialismo, ante el enfriamiento de su invento: la coalición Una Nación Avanzada, junto con la UCR. De nuevo, el partido dominante se perfila como el oficialismo y la oposición al mismo tiempo, en un marco de crisis de respuesta del resto de la agrupaciones.
Aunque, quizás, en el radicalismo, donde se vislumbra otra crisis interna, puedan convertir el defecto en virtud, si es que algún dirigente se pone por encima de las divisiones partidarias y se convierte en elemento aglutinador.
Claro que no fue lo que pasó desde que Lavagna abandonó el barco de la coalición, ya que los radicales "K" desenfundaron armas contra el titular del partido, Gerardo Morales, éste volvió a amenazar con sanciones y Raúl Alfonsín salió a castigar a todos.
De todas formas, históricos "hombres de las sombras" del partido ingresaron al teatro de operaciones para juntar voluntades y llevarlas a un Congreso Nacional.
El problema aquí es la falta de proyectos claros ante la duda de si realmente la UCR podrá salir de su crisis y frente a un oficialismo demoledor.
Por su lado, en el ARI de Elisa Carrió están ahora más que convencidos que el partido quedó como la única fuerza de oposición para encabezar el proyecto de alternancia del poder.
Más allá, por el momento nada, porque Mauricio Macri ha puesto todas sus fichas en los éxitos de gestión y el 2008 será crucial para su destino y su posible proyección nacional.
Si se tiene en cuenta el grueso de poder que tendrá el PJ con Kirchner a la cabeza, más su criatura de Concertación Plural, no es difícil vaticinar un escenario político moconocolor por un buen tiempo, con un horizonte, a lo sumo, de bipartidismo, al estilo del que impera en los Estados Umidos, Inglaterra o España. Sólo una crisis económica puede alterar esos planes y tampoco aquí la convocatoria de Lavagna parece antojaziza, en un marco de extrañas convulsiloens financieras externas.
Sin embargo, desde el gobierno aclaran que bajo ningún punto de vista habrá un ministro alterno. Y habrá que creerle porque a los Kirchner les gusta que los asuntos económicos queden resueltos en la Casa Rosada.
Por las dudas, y para no perder más terreno, el ministro Martín Lousteau abulta su agenda de contactos con sectores productivos en el marco de su proyecto de hacer más eficiente las cadenas de valor.
Para la semana que viene tiene previstos contactos con el sector vitivínicola --en Mendoza, adonde viará junto con Cristina Kirchner-- y con los textiles, entre otros.
También envió a su secretario de Finanzas, Hugo Secondini, a recorrer capitales financieras para explicar el modelo económico argentino y c{omo se sale indemne de la crisis global.
Un gobernador con problemas
Cuenta una nueva leyenda del viejo partido de La Matanza que cuando el gobernador Daniel Scioli llevó allí parte de su gabinete para sesionar -en el marco de reuniones itinerantes--terminó con los cables cruzados con el intendente Fernando Espinoza.
Sucedió que los funcionarios estuvieron cerca de tres horas en el distrito más gigantezco, pero el gobernador, según dicen, dedicó gran parte de ese tiempo a las relaciones públicas y a los contactos con la prensa.
En un momento, Espinoza --hombre del caudillo Alberto Balestrini-- al verlo a Scioli de espalda a los funcionarios, le dijo "espero que el gobernador nos escuche, aunque no nos vea, para así podamos avanzar en la solución a lo temas de La Matanza".
Más allá de los cruces eléctricos de miradas, esta pequeña historia de la política cotidiana --contada por uno de sus participantes-- demuestra una vez más las complejidades que tiene enfrente Scioli, no sólo para gobernar sino para construir políticas.
Ha sido, sin dudas, un hombre hábil para el marketing, algo que lo llevó a los más altos cargos con recetas simples, pero otra cosa es gobernar la provincia más grande y controvertida.
Pruebas al canto, en pocos días tuvo su primer minicrisis de Gabinete con la renuncia del número dos del Ministerio de Seguridad, Martín López Perrando, por "discrepancias técnicas" con su jefe, Carlos Stornelli.
El tema de la inseguridad es el que se lleva gran parte de la angustia de los bonaerenses --y de todos-- y se reflejó de nuevo con las puebladas en Tres Arroyos y Junín, donde la gente se arma para defenderse.
Stornelli hace esfuerzos y ahora quiere que una comisión conformada por jueces lo asesore.
Pero, se notó en el escaso tiempo de la nueva gestión un giro para dejar atrás lo hecho por León Arslanian, que trató de depurar la polícia bonaerense, no sin pocos traumas.
Ahora, parece que volverán varios de aquellos uniformados, como si nunca hubieran faltado adjetivos para calificarlos.
Suena aquí, de nuevo, que faltan realmente políticas de Estado claras y permanentes, que eviten los banquinazos, que, al final. se convierten en caldo de cultivo para nuevos hechos de violencia.
Scioli debe también dar una lucha frontal para recuperar parte del gran trecho perdido por la provincia en materia presupuestaria durante las últimas décadas.
Por ejemplo, Buenos Aires recauda unos 80 mil millones de pesos que van a la Nación y recibe sólo unos 10 mil, y de Ganancias nada más que el 1,5 por ciento del total.
Necesitará este año, para cerrar las cuentas de la provincia, fondos extras por 5.000 millones de pesos que deben salir de partidas especiales de la Nación y posiblemente de la emisión de un bono.
Ganar terreno en la campo de la politica interna del PJ fue otra de las metas que se propuso para estos tiempos, pero aquí también se le fueron cerrando las puertas. Primero, aspiraba a un cargo al lado de Néstor Kichner en la conducción del PJ Nacional, un anhelo rapidamente frustrado por la inesperada movida de Kirchner de reclutar a Lavagna.
También se dio cuenta de inmediato que en el Congreso partidario bonaerense no tendría tampoco un rol destacado, ya que allí lo consideran como alquien sin historia, producto sólo de un acuerdo nacional.
El Congreso provincial se realizará el 22 de estes mes en el partido de Tres de Febrero y allí serán elegidos 246 delegados al encuentro pardidario nacional.
El vicegobernador Alberto Balestrini será uno de los nombres que Buenos Aires llevará allí para presidir el Congreso Nacional. Si, sin dudas, no han sido fáciles los primeros tiempos del ex motonauta en su sillón de La Plata.
Al ser consultado sobre este tema un hombre del gobierno acional reflexionaba: "Scioli tiene que comprender y así expresarlo también, que el proyecto para él es que gobierne la provincia por dos mandatos, ocho años".
A su vez, voceros del PJ bonaerense tradicional, que no simpatizan con el gobernador, tiraron al ruedo la especie que en los últimos tiempos mantuvo frecuentes reuniones con el ex ministro del Interior Carlos Corach. Algo que sonó a otro salvavidas de plomo.
La necesidad de políticas de Estado
Mauricio Macri tambien tiene sus problemas en materia de seguridad, a raíz de la negativa oficial de pasar los fondos de la policia federal a la órbita porteña.
Es cierto lo que dice el gobierno que pude existir una inequidad con respecto a otros distritos si se le transfieren 900 millones de pesos.
Pero, también lo es que el combate del delito es otro tema que deben encarar la Nación, la provincia y la Capital -- como asi también el país en su conjunto-- con política de Estado que vayan más allá de ideologías.
Y como ya tiene pocas expectativas de lograr lo que reclamó lo tiene trabajando a tiempo completo a su secretario de Seguridad, Guillermo Montenegro, en un plan de constitución de policía propia.
Si, más allá de los avances en la economia y que el país tenga otra situación muy distinta a la de hace seis años, faltan aún políticas de Estado, que reemplacen medidas espasmódicas que sólo dan respuesta a coyunturas.
O acaso, el scoring para el registro de conducir, como así también la unificación de faltas y las sanciones en todo el país, reducirán en forma significativa la escalofriante cifra de 6.000 muertes en accidentes viales en el país.
No seguramente. Los paliativos vendrán de un plan integral que alcance a empresas de transporte, ciudadanos, fuerza de seguridad, medio de comunicación, Estado y a todos.
Pero, la Argentina es un pais difícil para politicas de Estado.
Veamos, por caso, la cuestión de los ferrocarriles. Hace diez años eran cerrados y ahora se licitan trenes de alta velocidad cuando el resto apenas si pueden andar en condiciones mínimas.
No es que se esté en contra de estos ferrocarriles, como dijo la jefa de Estado --de hecho, la falta de un tren rápido a Mar del Plata ingresa en el terreno de lo incompresible--, al comparar a los que critican el proyecto con los detractores de hace quince años del complejo Puerto Madero.
La cuestión es la misma, la ausencia de un proyecto integrador en materia ferroviaria de cara a toda una sociedad. Igual pasó con la crisis de energía, que fue negada durante años y ahora --más vale tarde que nunca-- aparecieron paliativos cercanos a la cosméstica. Y todo el mundo a cambiar lamparitas.



