Buenos Aires (Especial de NA, por Mariano Spezzapria) -- Cristina Kirchner comenzó a mostrar, desde el primer minuto de su gestión, el toque personal que buscará imprimirle a su liderazgo, en la búsqueda de construir una identidad que le posibilite, si tuviera éxito, convertirse en el nuevo rostro del peronismo.
Se trataría de una cara renovada, moderna, más parecida a la de la socialdemocracia europea que a la de los caudillismos latinoamericanos, la última versión de un movimiento político y social que a lo largo de su historia tuvo mil rostros, pliegues y contradicciones.
Esas contradicciones, cuando no resultaron trágicas, permitieron al peronismo mantenerse en pie ante las sucesivas crisis del país, la última de ellas en 2001, de la que emergió como la única fuerza política con capacidad de capear la más tempestuosa de todas las tormentas.
Pero lo que nunca toleró el peronismo, pese a sus mil rostros, pliegues y contradicciones, fue el "doble comando": su estructura respondió siempre en forma vertical a un líder, llámese Perón, Menem, Duhalde o Kirchner (Néstor), su último modelo.
De hecho, por las razones que fueren, Perón no prohijó ningún sucesor -es histórico el renunciamiento de Evita y resultó trágica la designación de Isabel-, Menem saboteó a Duhalde y Duhalde saboteó a Menem. Hasta que a Kirchner se le ocurrió que Cristina podía ser su sucesora natural.
Es lógico entonces que la duda ya esté flotando en el ambiente: ¿será Cristina una mera delegada de su esposo o podrá construir un liderazgo propio, que necesariamente también debe encolumnar al peronismo? ¿A quién reportarán los intendentes y los gremialistas, a Cristina o a Néstor?
Elegante, pero igual de pragmática .
"Cristina podrá ser mucho más elegante que Néstor, tener mejores modales y apegarse más al protocolo, pero llegado el caso te emboca igual que él", graficó un funcionario que la conoce desde hace muchos años, para quien la nueva presidenta no será "ningún cuatro de copas" en el andamiaje oficialista.
Hubo una reunión reservada en la quinta de Olivos, la semana pasada, que pareciera corroborar esta mirada sobre la nueva presidenta: la entonces primera dama recibió al jefe de la CGT, Hugo Moyano, a quien tras un rato de conversación despidió con un cortés "vos actúa como hasta ahora".
Pero de apoyo explícito ni hablar. Tal vez por eso la flamante presidenta advirtió en su discurso inaugural ante el Congreso que no pensaba quedar como "rehén de una interna sindical", en velada alusión a las recurrentes movidas sindicales para desplazar a Moyano de la jefatura de la CGT.
El líder camionero no le fue en saga: hizo una demostración de fuerza en un congreso de su sindicato en Obras Sanitarias y advirtió que los gremios volverán a la Plaza de Mayo en caso de que resulten perjudicados los trabajadores.
Paralelamente, comenzó a circular nuevamente un rumor sobre el posible desplazamiento de Ricardo Jaime de la Secretaría de Transporte. Se sabe que este funcionario es la mano derecha de Julio De Vido, el ministro de Planificación, quien a su vez es el nexo de Moyano con el Gobierno nacional.
Señales y más señales
Los que transitan diariamente los pasillos de la Rosada aseguran que el desplazamiento de Beatriz Paglieri del INDEC es toda una señal política de la nueva presidenta. Y no apuntan tanto a la funcionaria que fue acusada de "maquillar" los índices del organismo, sino a su jefe político Guillermo Moreno.
El secretario de Comercio pareció haber sido ratificado en su cargo cuando apareció en un acto junto a Cristina cuando ella aún no había asumido la Presidencia. Pero ahora parece ganar terreno la versión de que Moreno será desplazado y traslado a algún otro cargo de menor exposición política y, sobre todo, mediática.
Tampoco pasó inadvertido en el campo político el hecho de que Cristina haya enviado al jefe de Gabinete, Alberto Fernández, y al flamante ministro del Interior, Florencio Randazzo, a la asunción del socialista Hermes Binner como gobernador de Santa Fe. Fue una señal de apertura, por lo menos, hacia un sector de la oposición.
Está por verse, en este sentido, si Cristina adoptará una postura similar con la Iglesia católica, que en los próximos días le pedirá una audiencia con el arzobispo Jorge Bergoglio a la cabeza, quien fuera sindicado en algún momento por el Gobierno como "el jefe de la oposición".
Como fuera, la propia Cristina se presentó como la continuidad del proyecto kirchnerista en el poder. Esa continuidad requiere, no obstante, que logre afirmarse en la cúspide del poder y que Néstor Kirchner no salga de un discreto segundo plano. La experiencia es inédita y no está escrito el resultado final.
mspezzapria@noticiasargentinas.com
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- "Lo que nunca toleró el peronismo, pese a sus mil rostros, pliegues y contradicciones, fue el "doble comando": su estructura respondió siempre en forma vertical a un líder, llámese Perón, Menem, Duhalde o Kirchner (Néstor), su último modelo".
- "¿Será Cristina una mera delegada de su esposo o podrá construir un liderazgo propio, que necesariamente también debe encolumnar al peronismo?"
- "Los que transitan diariamente los pasillos de la Rosada aseguran que el desplazamiento de Beatriz Paglieri del INDEC es toda una señal política de la nueva presidenta".



