Consumo y posmodernidad.
Se ha instalado, en este último tiempo un ritmo crónico del dolor físico y psíquico que se observa en la mayoría de nosotros.
La época posmoderna, por la que transitamos, se filtra en cada uno de nuestros deseos, ganas, formas de hablar, actitudes; una T.V encendida la mayor parte del día ejemplifica que las imágenes han reemplazado a la palabra. El ideal generalizado "conduce" al tener y no al ser: tener bienes materiales, reconocimientos, etc.; y del lado del ser: el preguntarse ¿qué soy?, ¿qué quiero? aparece relegado. Es así como la lógica de " soy eso que tengo" aparecería como una tendencia hacia la cual se intenta llegar.
En este sentido el capitalismo ofrece objetos para "calmar", "anestesiar", ese dolor. Dolor que puede ser conciente pero que también puede no serlo, es decir desconocido para el sujeto (inconsciente) pero que se ha de manifestar de diversas maneras sirviendo de obstáculo en la vida de aquél.
Objetos (dietas, laxantes, "siliconas", sex-shops, indumentaria "small", programas televisivos) para satisfacer la mirada, la voz, las sensaciones; que tienen la"garantía de colmar" al sujeto desapareciendo éste tras "ese" objeto que lo satisface perdiendo de a poco los vínculos sociales, aislándose en el intento de perseguir un ideal.
El problema aparece cuando uno de estos objetos, por ejemplo la droga es aprehendida por un sujeto para satisfacer su "necesidad" ya que es desde el orden de la necesidad que aquél plantea esa dependencia.
Dice Sigmund Freud en su artículo de 1929 " El malestar en la cultura": " Tal como nos ha sido impuesta , la vida nos resulta demasiado pesada, nos depara excesivos sufrimientos, decepciones. Para soportarla no podemos pasarla sin lenitivos:
* Distracciones poderosas que nos hacen parecer pequeña nuestra miseria, *satisfacciones sustitutivas que las reducen, * narcóticos que nos tornan insensibles a ella."
El objeto (droga) "taponaría" aquello que no se puede decir porque realmente el sujeto se ve obstaculizado a poner en palabras la razón de su padecer, no es que no pueda hablar sino que en ese " bla, bla, bla" habría una dificultad para nombrarse, decirse asimismo, despegado del significante " soy adicto" que cierra el sentido para quedarse ahí.
Respecto del capitalismo hemos mencionado que este ofrece dichos objetos. Ofrece no es obliga.
Ofrece quiere decir que hay otro que puede acceder a estos o no. Y aquí viene la pregunta: ¿ Por qué se "drogan" las personas? ¿ Por qué aquél sí y este no?. Hasta para aquel que consume es desconocido este "por qué", solamente "lo hace". Se podría decir que hay una sobredeterminación causal que incluye su historia, la época, los avatares de la vida pero la elección es singular y el sentido que lo ha llevado a hacerlo es diferente para cada uno.
Estamos inmersos en una época sin tiempo, lo muestra una propaganda que pregunta "¿vos sos una chica de veinticinco horas?", cuyo mensaje transmite un patrón a seguir para estar "dentro" del "sistema".
No será entonces una falta de tiempo lo que nos impedirá un espacio para la palabra, para reflexionar con otros sobre lo que nos pasa, sino la negativa a la instauración de un tiempo que está en falta. La palabra lo crea y en ésta algo de la ley se transmite: lo que se puede decir, lo que no, los acuerdos, los malentendidos. La ley, que en el consumo indiscriminado no está presente, aquella que ordena, enmarca, da forma a algo que está "fuera de control". La apuesta de nosotros como sociedad será la de crear estos espacios: en la escuela, la familia, los amigos, las instituciones en general, para encontrarse con otros teniendo en cuenta lo que todo encuentro significa. Es así como la prevención y promoción de la salud adquiere todo su valor ya que las bases con la que contará nuestra construcción dependerá de la responsabilidad, criterios científicos y éticos, compromiso ciudadano que dispondremos al momento de decidir como ubicar cada ladrillo para lograr una edificación que nos brinde la fortaleza de contribuir a la "formación" de nuevas subjetividades. Apostar a esto es un desafío, el secreto es estar dispuesto a hacerlo.
Lic. Lorena Nieva
Psicóloga.
A.D.U.M
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