Según la Organización Mundial de la Salud, un 20% de la población mundial padecerá algún tipo de trastorno de ansiedad durante su vida. Este padecimiento no sólo se manifiesta a través de nerviosismo y miedo intenso, sino que también presenta signos físicos que, al confundirse con otras enfermedades, dificultan su diagnóstico.
Nadie es ajeno a la ansiedad. ¿Quién no ha sentido mariposas en el estómago antes de una cita o sudoración y nerviosismo ante una importante entrevista? Pero cuando ocurre con gran frecuencia e intensidad; sus síntomas se agudizan e interfieren en el desarrollo normal de las actividades. Una ansiedad excesiva disminuye la autoestima, dificulta las relaciones, enferma el organismo y contribuye a cuadros depresivos.
Quienes padecen ansiedad viven con una trama de fantasías, prejuicios y restricciones. Desconfían de todo, esperan lo peor, sufren aunque no haya nada cierto para hacerlo. Tienen preocupación constante, problemas con el sueño, fobias, taquicardias, úlceras, y crisis nerviosas.
Quien sufre ansiedad se ve gobernado por sentimientos que lo limitan y paralizan. Tanto el trabajo, la familia, la salud, como el qué van a comer o cómo van a vestirse resultan cargas abrumadoras. Realizar un pequeño viaje, planificar un fin de semana, u organizar una cena con amigos puede resultar terriblemente estresante.
¿Sufre ansiedad? ¿Tiene habitualmente pensamientos negativos? ¿Lo agobian tareas sencillas?
La Biblia enseña: "Dejen todas sus preocupaciones a Dios… él se interesa por ustedes".
Aprender a mirar las cosas ciertas de la vida, y no sólo las posibles, reduce grandemente la ansiedad. La confianza en Jesucristo y la meditación bíblica son una gran ayuda para distinguir entre los verdaderos problemas y aquellos que en verdad no lo son.
"Cómo Manejar la Ansiedad"
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