Buenos Aires, (especial para NA, por Pepe Eliaschev)- Ingresa al invierno a tambor batiente y a paso redoblado. En cuatro semanas de gobierno, su gestión equivale a un fracaso estrepitoso para pronosticadores y analistas diversos, que imaginaban algo muy diferente. Su acción se ha organizado desde el centro neurálgico de la calamidad argentina y su modo de operación deriva en mandobles enderezados al núcleo de hierro de la desesperación nacional.
Respetado por Ricardo López Murphy y admirado por Elisa Carrió, Néstor Kirchner asombra porque demuele las sabidurías convencionales y hasta dinamita las versiones arcaicas de cómo debería gobernar un "peronista".
La mañana del viernes 20 de junio, por ejemplo, la sociedad civil intentaba buscarle pelos a la leche servida por el Presidente en el plato de la justicia. Kirchner firmó un decreto que limita extraordinariamente sus facultades constitucionales para designar jueces de la Corte Suprema. No los encontraba. Es una medida verídicamente revolucionaria porque: aun cuando la ley máxima de la Nación confiere al Poder Ejecutivo la facultad de designar, previo acuerdo del Senado, a los integrantes del máximo tribunal del país, esta reglamentación restringe de manera drástica las capacidades despóticas que distinguen a esa atribución.
No hay que ir muy lejos en la exploración de los antecedentes cercanos. En 2002, el gobierno de Eduardo Duhalde consumó la epopeya de cargar brutalmente contra la Corte Suprema instalada en los años Noventa por el gobierno de Menem y terminó generando una magra y paradójica consecuencia: se fue el más meritorio de los nueve ministros, Gustavo Bossert, y Duhalde eligió a dedo a Juan Carlos Maqueda, un justicialista cordobés que era presidente provisional del Senado.
El proceso de selección de Maqueda fue el habitual procedimiento de rutina: la Casa Rosada "propuso" (designó) y la mayoría del Senado levantó la mano. Ahora todo cambia.
Avalado y hasta acompañado por organizaciones no gubernamentales que han venido luchando por poner patas para arriba a la justicia argentina, comenzando por la estructuración de una Corte independiente y al servicio de la ley, Kirchner se autorestringe de manera tan evidente que rebautiza el sentido del procedimiento.
El Presidente tiene la facultad de proponer en primera instancia a los candidatos, pero el sistema de escrutinio, revisión administrativa, control social y monitoreo legal establece ahora unas pautas que transforman completamente el panorama.
Los nuevos ministros que vayan ingresando a la Corte deberán atravesar el filtro de un país serio y atento: ya no será una canonjía discrecional maquillada de "presidencialismo", esa mentira latinoamericana que disfraza de aparente ejecutividad lo que es ejercicio puro y duro del autoritarismo político.
La operación de Kirchner en el escenario de la justicia marcha a un ritmo espectacular. Al colocar a Julio Nazareno en el centro del dispositivo de refundación de la Corte Suprema, patentiza una vieja e indomable verdad: no se libran todas las batallas a la vez. Se elige al adversario, se estudia su valor simbólico y, sobre todo, se releva su capacidad combativa.
Nazareno estuvo al borde de su juicio político el año pasado. Su permanencia en el tribunal y, encima, su retención de la presidencia del mismo, ratificaron que ciertos enemigos son peores heridos que íntegros. Con los 16 cargos en su contra acumulados ya por la Comisión de Juicio Político de Diputados, que eleva sus hallazgos al Senado, que enjuicia, Nazareno no tiene muchas más alternativas que irse antes del proceso, o hundirse en una desgracia paradigmática.
Similar esquema de demolición se fue aplicando desde el Gobierno en el bochornoso caso del PAMI, la obra social de los jubilados argentinos estructuralmente envuelta en un ciclo hediondo de corruptelas, incompetencia y dispendio. Con la ley que faculta la intervención legal de la institución, el Gobierno pudo decir al terminar el primer mes de gobierno que se iban despejando las dificultades principales, surgidas cuando el designado presidente del directorio, Juan González Gaviola, quiso desinsectizar al organismo.
La CGT reaccionó con la celeridad y solvencia que la caracterizó toda la vida a la hora de administrar sus haberes patrimoniales y echó a los dos sujetos que la representaban en nombre de sendos sindicatos, en la cúpula del PAMI. Realistas, Rodolfo Daer y sus asociados recularon y le quitaron apoyo al máximo jeque de las obras sociales en la central sindical, Luis Barrionuevo.
Con el terreno despejado, el ministro de Salud, Ginés González García, pudo decir que la intervención era factible y eventualmente posible, pero ahora no era necesaria. Resultado inicial: jaque mate a Barrionuevo y su galaxia de amenazas, insultos y agresiones.
Kirchner opera como si las dificultades más imponentes fuesen en último análisis episodios que siempre es factible encarar y resolver. Por ahora, no ha hecho otra cosa que marcar un rumbo al que puede denominarse "condición de posibilidad".
A mi modo de ver, el Presidente organiza escenarios en los cuales quedan implantados zócalos mínimos a partir de los que construye poder y toma decisiones políticas. Lo ha hecho en política exterior, estrechando un poderoso vínculo con el presidente Lula de Brasil y tendiendo puentes de fina inteligencia con Hugo Chávez y Fidel Castro, sin arriesgar nada del imprescindible y decisivo lazo con los Estados Unidos, ante cuyo gobierno envía a un embajador inobjetable y de primer nivel intelectual, como José Octavio Bordón.
Tal vez lo que el Presidente no entienda, todavía, es que el caso de la Corte enseña que en una democracia creíble el procedimiento de nombramientos y todo el esquema de ocupación del poder administrativo y político exigen los mismos requisitos y la aplicación de normas tan rigurosas como las que acaban de implantarse para la Corte Suprema.
El Presidente, por ejemplo, había designado a Carlos Alberto Sánchez Herrera como Procurador General del Tesoro, equivalente a la figura judicial más estratégica del Poder Ejecutivo. El Dr. Sánchez Herrera era el abogado defensor de Juan Carlos Sasiaiñ, un ex general procesado en varias causas por robo de bebés durante la dictadura militar 1976-1983, de la que fue jerarca importante. Kirchner aparentemente ignoraba este aspecto decisivo de la trayectoria del jurista y también que es hijo del general Juan Carlos Sánchez, el comandante del II Cuerpo de Ejército asesinado en Rosario el 10 de abril de 1972 por un comando guerrillero.
Varias preguntas se derivan de este hecho. ¿Cuáles son los criterios de averiguaciones y búsqueda de antecedentes que aplica un Presidente a la hora de hacer nombramientos fundamentales que un hombre como Kirchner hace de manera tan directa? ¿No habría que aplicar normas similares en otros cargos clave del Estado para impedir que aparezcan en el futuro cadáveres indeseados en las estanterías del Gobierno?
Si el Presidente no extrae lecciones de este episodio, podría toparse en un futuro no lejano con situaciones políticamente muy gravosas, como -por ejemplo- el descubrimiento de que ha nombrado funcionarios con conflictos importantes de interés, en su condición de empresarios privados que eran o siguen siendo clientes o favorecedores del Estado.
A Sánchez Herrera lo removieron del cargo, una derivación penosa aunque legítima que se podría haber evitado si el Presidente hubiera dispuesto primero un riguroso chequeo de la figura propuesta.
El camino marcado por el decreto reglamentario para enmarcar el sistema de nombramientos de jueces de la Corte Suprema es una auténtica y estremecedora revolución cultural. El problema es que su firma, además de ser un acto de coraje civil enorme por parte de Kirchner, levanta de un saque y masivamente el nivel de la totalidad de los cimientos éticos de la acción gubernamental, imponiendo de manera poderosa la aplicación de los mismos procedimientos en todas las áreas de la administración.
El Presidente ha asumido una velocidad de crucero que implica una reformulación del presente y la posibilidad de inventar un futuro diferente. Rehén de un círculo virtuoso, reinventa cada mañana nuevas alternativas en una nación que dejó de aburrirse, está harta de hartarse y empieza a aprender cómo es tener esperanzas.
¿Quién dijo que hay que proscribir las expectativas de que algo nuevo han parido los argentinos y eso se respira en el aire?.



