Buenos Aires, (Especial de NA por Martín Hermida)- Tras su segunda salida fuera del país desde que asumió como jefe de Estado, el presidente Néstor Kirchner dejó en claro que uno de los vértices sobre los cuales pretenderá que se apoye la política exterior de su Gobierno será un Mercosur "fortalecido políticamente", desde el cual Argentina pueda sentarse a negociar, en bloque y con mayor fuerza, con el resto del mundo.
Y si la cumbre de presidentes del Mercosur llevada a cabo esta semana en Asunción sirvió para dejar en claro esa posición, también lo fue para demostrar que la misma actitud tienen el otro socio mayoritario del bloque, el Brasil de Luiz Inacio Lula Da Silva, Paraguay y uno de los "asociados", el Chile de Ricardo Lagos, frente a una posición más distante y conservadora de Uruguay y su presidente, Jorge Batlle.
¿Podrá convertirse en realidad ese deseo expresado públicamente por Kirchner de que se inicie "una etapa de consolidación, fortalecimiento, crecimiento y ampliación" del bloque sudamericano?.
Todo parece indicar que si los dos socios mayoritarios no cejan en sus esfuerzos y otros países, como Chile y Bolivia, se suman a la propuesta, será así.
Aunque se trate de un proceso que demande cierto tiempo. Aunque el documento que suscribieron los presidentes que participaron de la cumbre no haya tenido el voltaje que Kirchner y Lula hubieran deseado, al menos ganaron algo de terreno la propuesta argentina de impulsar una moneda común en el bloque -un signo de fuerte integración macroeconómica- y la idea de llegar en un futuro cercano al Parlamento del Mercosur, un tema sobre el cual los dos presidentes habían conversado en su anterior encuentro en Brasilia.
Sobre el primer punto, la idea es poner en marcha primero el denominado Instituto Monetario del Mercosur, cuya creación será Independiente analizada en octubre próximo en el marco de una reunión de cancilleres y ministros de Economía que se hará en Uruguay, país que ahora tendrá la presidencia rotativa del bloque.
Como explicó el ministro Roberto Lavagna, la propuesta no apunta a una moneda única -al estilo del euro, cuya puesta en marcha demandó más de una década de esfuerzos y de convergencia macroeconómica- sino a una que si bien no sustituiría a las actuales monedas de cada país miembro del Mercosur, serviría para determinadas operaciones comerciales o de turismo.
Por los discursos, las propuestas y el énfasis puesto por cada uno de los presidentes, quedó en claro que Argentina y Brasil están liderando esta nueva etapa del Mercosur.
De hecho, fue el debut en este tipo de cumbres tanto para Lula como para Kirchner, y los dos machacaron sobre la necesidad de que antes de 2006 haya avances concretos en algunos aspectos, como los de la moneda común, el Parlamento o la consolidación de una unión aduanera.
Para los hombres de la Cancillería, no hay dobles discursos en la política diseñada por la nueva administración: "Hay muchas coincidencias con los países de la región y eso nos lleva a un entendimiento mayor. Vamos a trabajar junto con Brasil y el Mercosur, y a partir de eso también con la Unión Europea o el ALCA, sin descartar ni excluir ninguna opción", afirmó un funcionario del Palacio San Martín.
Ratificando la línea seguida por la Argentina, la cumbre terminó con una mención a favor de seguir la conversaciones para integrar, en un plazo cercano, el Mercosur a la Comunidad Andina, una advertencia para que las negociaciones por el ALCA se desarrollen "con el propósito de alcanzar resultados justos y equitativos, mediante la eliminación de las distorsiones" comerciales, y una exhortación a la Unión Europea para que "se avance en la liberación del comercio agrícola" (léase ponerle coto a los subsidios).
El punto referido a la Unión Europea no es casual: Europa no sólo es importante como mercado fronteras afuera del Mercosur, sino que también puede convertirse en un espejo donde poder reflejarse.
En ese sentido, el director del Centro de Estudios Unión para la Nueva Mayoría, Rosendo Fraga, señaló a NA que "la relación alcanzada entre Alemania y Francia (se cumplieron 40 años de la firma del Tratado del Elíseo entre los dos países) debería ser tomada como modelo para Brasil y Argentina en América del Sur".
"Una alianza estratégica concreta entre estos dos países del Cono Sur puede tener para el futuro de la región análoga significación a la alcanzada por el llamado eje franco-alemán para Europa", aseguró Fraga, y señaló: "Económicamente, Alemania y Francia, sumadas, constituyen más de la mitad del PBI europeo, y lo mismo sucede con Brasil y la Argentina en América del Sur". <¿Más coincidencias? "La supremacía económica de Alemania en Europa no es discutida por Francia -agregó Fraga- como tampoco Argentina hoy puede hacerlo a Brasil.
Pero Francia tiene un peso político, militar y cultural como la nación más fuerte de la Europa latina, cuyo concurso se le hace imprescindible a Alemania para alcanzar el consenso europeo".
"Desde esta perspectiva -añadió-, el Mercosur aparece como el primer paso de una integración económica que puede proyectarse a la región, en momentos en que la política exterior del Presidente de Brasil da una clara prioridad al espacio sudamericano. Así como el Tratado del Elíseo fue un acuerdo entre dos naciones fundamentales de Europa que se proyectó al resto del continente, el acuerdo que se ha ido forjando entre Argentina y Brasil en el ámbito del Mercosur, a partir de su revitalización, puede ser el punto de partida para un proyecto sudamericano".
Es cierto que Lula y Kirchner -los dos impulsores más fervientes de un proceso de este tipo- llevan poco tiempo en el poder. Pero no es menos cierto que el contexto americano, en particular, y mundial, en general, ofrecen expectativas que hacen pensar que una iniciativa de estas características puede ser viable.
Los próximos pasos que se den en ese camino revelarán si el tan promocionado "relanzamiento" del Mercosur será una realidad.



