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» Este artículo corresponde a la Edición del miércoles, 18/jun/2003 de La Auténtica Defensa.

Prueba de fuego  
Por José E. Velázquez




LA PLATA, (Especial de AIBA)- La decidida actitud política del presidente, seguramente meditada y analizada en la serenidad de su casa al borde del majestuoso glaciar Perito Moreno, lo pone, a menos de 20 días de haber asumido la primera magistratura del país, ante verdaderas y riesgosas pruebas de fuego. Aquella que constituía una de las pruebas del ´Juicio de Dios´, se le presenta a Kirchner por duplicado, por lo menos.

Nadie supone que no ha calculado que esta pulseada, en la que los contendores que enfrenta son de los que en el lenguaje popular se denominan ´pesados´, no está exenta de riesgo. Tanto es así que ante las críticas de algunos (la hasta hace poco temeraria diputada Elisa Carrió le reprochó ´haber abierto tantos frentes´) afirmó sin dubitación alguna: ´yo no los abrí, ya estaban abiertos. Sólo tengo que afrontarlos, como corresponde a quien dispone del mandato popular´.Es cierto lo que afirma el presidente.

El tema de la Corte Suprema de Justicia, con la llamada ´mayoría automática´ que ha respondido a Menem como los soldados obedecen a sus generales, está instalado en el debate nacional como una de las asignaturas pendientes que el país debe resolver para emprender un camino distinto al transitado hasta ahora.

Pero Kirchner sabe que aunque Nazareno y compañía sean capaces de cualquier trapisonda par´quebrarle el brazo´, la imagen que tiene esta Corte es sólo equivalente –por mala— a la de quienes, desde las sombras, han conducido al Pami, la obra social de los jubilados, que es el otro gran frente de combate que está afrontando.

Esa malísima ponderación social, le da grandes ventajas al presidente para acometer con toda la fuerza que su investidura tiene y que en un país presidencialista como el nuestro es grandísima.

El juicio político que se avecina contra el desbocado Julio Nazareno, puede determinar que éste renuncie antes de ser expulsado por los legisladores. No le debe haber pasado por alto que los diputados justicialistas –y también los senadores— vuelven a actuar como un bloque y están decididos a llevar adelante la investigación y el proceso que les pidiera públicamente, utilizando la cadena nacional el propio presidente Kirchner.

Sólo unos pocos menemistas más acérrimos, unidos al alicaído Carlos Menem por lazos familiares o compromisos muy fuertes, se mantienen apartados del grupo abrumadoramente mayoritario que apunta a defenestrar a quien ha amenazado con dictar sentencias que pueden complicar al gobierno nacional. Todos los elementos en juego están indicando que esta prueba de fuego va a ser superada con éxito por el presidente.

La otra, la del Pami, tiene mayor rudeza aún que la de la Corte y es infinitamente más dura que la ya olvidada decapitación de las cúpulas militares y de la Policía Federal. Es vox pópuli que el instituto de los jubilados argentinos –organismo que tiene un presupuesto anual cercano a los dos mil setecientos millones de pesos, sólo superado por los de muy pocas provincias argentinas— es gobernado, desde las bambalinas, por el controvertido y polémico senador Luis Barrionuevo y por el ubicuo dirigente radical, Enrique Nosiglia, experto en manejarse entre las sombras, con un bajo perfil que es exactamente opuesto a la altísima exposición que tiene Barrionuevo, a quienes muchos les adjudican ser socios.

Barrionuevo tiene tan mala o peor imagen que Julio Nazareno. Esto lo conoce al dedillo el presidente, como sabe que aunque ello le da más posibilidades de superar esta otra prueba de fuego, la pulseada será más ríspida y callejera que la de la Corte. Pero en la cuestión del Pami existen otros intereses, como los de los gremios, los prestadores y las provincias, que no están dispuestos a plantarse frente a Kirchner para defender a quien hoy es uno de los dirigentes que soportan la imagen popular más negativa.

Los gremialistas y los prestadores son negociadores por naturaleza y no están dispuestos a llevar la confrontación a un extremo que –saben— puede determinar su debacle total. Y los gobernadores de las provincias no quieren tener que sumar otro problema a los muchos que la crisis les ha generado, sobre todo en un sector tan sensible para la población como es el de los jubilados. Es otra prueba de fuego –crucial— que el presidente podrá superar, aunque al atravesarla deba sufrir alguna leve quemadura.

La pulseada política –como preveían aquellos que conocen el entramado y las costumbres justicialistas— también le va dejando el camino expedito para gobernar. En la Comisión de Acción Política, constituida mayoritariamente por gobernadores, Menem no tiene representación alguna. El menemismo –como la mayoría de los ismos que en el PJ han tenido su época de predominio— ha emprendido velozmente el camino de la extinción.

Ahora hay dos polos evidentes de poder en el justicialismo: el presidente y los gobernadores, que tienen muchas más coincidencias que discrepancias. Y, como una reserva, queda Eduardo Duhalde, que se fue del gobierno por la puerta grande y con la satisfacción interna de haber cumplido con la palabra empeñada y, en especial, haber sido el gran arquitecto de la derrota de su archienemigo, Carlos Menem.

Los resultados de las elecciones de gobernadores (ya José Manuel De la Sota superó con holgura ese decisivo examen) van a determinar quiénes serán los grandes referentes nacionales en los próximos años. La reelección de Solá –que la mayoría descuenta— lo instalará en ese hipotético podio. Al que aspira ingresar Carlos Reutemann, pero a quien las inundaciones en su provincia y el inocultable enfrentamiento con Obeid, se lo van a hacer muy difícil.

Néstor Kirchner está haciendo exactamente lo que indica el manual del presidente. Su política exterior muestra una independencia de criterio que los argentinos extrañábamos. El relanzamiento del Mercosur, sin romper una relación madura con los Estados Unidos, y la nueva estrategia sobre las Islas Malvinas son políticas compartidas por la mayoría de la población.

Sin embargo, no debe olvidar que la mirada popular está puesta sobre su acción y sobre sus medidas. En estos primeros días de gestión ha tenido un logro sorprendente y valorable, desde que existe una suerte de idilio entre él y la gente. Pero ese romance tiene un plazo, que se relaciona directamente con los hechos que demuestren que se profundiza el camino del crecimiento, de la generación de empleo y de la justicia social. Esa será la definitiva prueba de fuego.


 
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