(*) Periodista
Especial para La Auténtica Defensa
Pasó en la vecina ciudad de Zarate, aquí nomás. El conductor de una motocicleta, un joven de 25 años de edad que llevaba a bordo además de su pequeño hijo a su esposa embarazada, colisiona contra un automóvil conducido por un adulto de 76 años. Tras el incidente, el conductor de la motocicleta de mención arremete a golpes de puño y patadas contra el vehículo en evidente estado de descontrol.
No bastándole con ello agrede a golpes de puño al anciano conductor quién cae al pavimento golpeando con su cabeza entrando en un coma del que no pudo salir y le produjo la muerte dos días después. Cabe destacar que el violento conductor no solo asesinó a quién estaba evidentemente en inferioridad de condiciones sino que obvió en la ocación que quién se hallaba en evidente infracción era ni más ni menos que él, dado que en un claro acto de desprecio por la vida de los demás, incluídos, su pequeño hijo, s u mujer y el bebé por venir, pareció desconocer las más elementales normas de tránsito lo cuál es imposible ya que como terrible agravante, esta misma violenta persona oficia de agente de tránsito en la vecina localidad.
Este caso obliga a todos quienes tenemos que ver con esta cuestión a refleccionar y actuar en consecuencia respecto de los gravísimas faltas que se dejan cometer, evidenciándose una profunda debilidad al momento de exigir el cumplimiento de las normativas que rigen el tránsito en toda la provincia de Bs. As. Verdaderamente quienes estamos en la función pública observamos con profunda preocupación el elevadísimo índice accidentológico protagonizado por motocicletas o ciclomotores de lo cual dan cuenta los registros periodísticos que reflejan un promedio de tres episodios diarios, muchos de ellos con graves consecuencias, amen de los hechos que por su levedad no se denuncian.
Existen otros elementos a tener en cuenta cuando hablamos de esta temática como por ejemplo, el grado de alcoholemia de los conductores, el posible consumo de estupefacientes a la hora de conducir etc. La rotura de los eslabones inhibitorios como consecuencia de la ingesta y o consumo de estas substancias hacen posible que en esas condiciones se pierda el miedo, que es el sentimiento que nos hace adoptar acciones que preserven nuestra integridad física, o sea, la vida. Ingresando al terreno de la sociología, sin lugar a ninguna duda le debemos agregar la pérdida de los valores elementales del hombre como por ejemplo, el respeto hacia uno mismo y a los demás, el amor a la vida propia y ajena.
Estos valores éticos y morales constituyen normas indispensables para una armónica convivencia social. En estas circunstancias quienes de una u otra manera participan de un accidente de estas características se encuentran en principio, ante la imposibilidad de saber que hacer al respecto inmediatamente después de la colisión ¿Hay que llamar a los bomberos o a la policía o a ambos, que hacer en caso de lesiones, cuando estas son consideradas graves y cuando leves, qué documentación y datos se deben requerir, quien es víctima y quién victimario, quién puede denunciar y donde hacerlo? Estos interrogantes son solo algunos de los tantos que se plantean y a los cuales los funcionarios a cargo de las diversas dependencias no tienen respuesta clara y concisa dado el elevado índice de coordinación existente entre estas. Aquí surge además el fantasma del "negocio" que hábilmente usufructan algunos estudios de abogados quienes están a la pesca de la oportunidad de mediar entre la presunta víctima y la compañía aseguradora, las que llamativamente instan al "arreglo" a los fines de evitar el litigio por la vía judicial, no teniendo para nada en cuenta el grado y los factores que hacen a la presunción de culpabilidad o inocencia del o los actores.
Esto sin ninguna duda hace al fomento de la industria del juicio, o mejor dicho del arreglo, por medio de la cual unos pocos se están enriqueciendo. Ahora bien, que cosas se pueden hacer para corregir este flagelo social ? muchas, en principio comenzar a llevar adelante acciones de coordinación entre los organismos intervinientes, para que no existan dudas respecto de lo que determina la normativa vigente en cuanto a los pasos a seguir posterior al accidente. Luego informar adecuadamente al público en general a través de los medios de comunicación, tanto lo que refiere a sus derechos como a sus obligaciones y por último realizar los operativos de control y prevención con la debida publicidad y con todo el rigor que la ley exije. Solo así podremos evitar a tiempo pérdidas materiales o de vidas humanas y episodios como el que se menciona al inicio de esta columna la que solamente persigue la intención de alertar a todos, en cuanto a que estamos frente a una situación límite que requiere de modo urgente una rápida coordinada y efectiva intervención.Hasta la próxima



