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» Este artículo corresponde a la Edición del domingo, 15/jul/2007 de La Auténtica Defensa.

CARA O CECA:
Tejiendo un destino
Lic. Patricia Katz, Lic. Sebastián Terrizzano




Siguiendo con los cuentos, nuestro viaje nos lleva hoy a un cuento típico de Japón. Mas allá de las distancias y diferencias tenemos mas en común de lo que a veces creemos: Hace mucho, mucho tiempo, vivía un "Tengu" en el fondo de una montaña.

Este era un adivino muy famoso.

Un día Mokube y Tarobe visitaron al Tengu para que adivine sobre las vidas de sus hijos.

El Tengu les dijo: "Mokube, tu hijo tiene poca suerte y Tarobe, tu hija tiene mucha suerte."

Los hijos eran íntimos amigos.

Un día Mokube y Tarobe se encontraban trabajando cuando en eso sus hijos trajeron unos "oniguiri".

"¡Tenemos mucha hambre. Vamos a comer!", dijeron Mokube y Tarobe y los cuatro empezaron a comer inmediatamente.

Tarobe y su hija exclamaron: "¡Está muy rico!"

Mokube en cambio dijo: "¿Qué es esto? ¡el oniguiri tiene piedras!" y lo tiró.

El hijo de Mokube también hizo lo mismo.

Tarobe les dijo: "¡No! ¡Tiren sólo las piedras, no el oniguiri!" y él y su hija recogieron lo tirado.

Después de unos años el hijo trabajaba mucho pero tenía muy poco dinero, mientras que la hija se había casado con un hombre muy rico.

Ellos se encontraron después de mucho tiempo.

Ella al verlo trabajando tanto le dijo: "Voy a traerte unos oniguiri por eso espérame", y se marchó.

Ella pensó: "Mientras yo vivo con mucha comodidad, él vive en la pobreza. Quiero compartir mi buena suerte con él."

Ella cocinó siete oniguiri y metió monedas de oro en cada uno de ellos, monedas que había venido juntando gracias al uso apropiado y conciente del dinero.

El hijo recibió dichos oniguiri y empezó a comerlos en la orilla del río.

Cuando comió un bocado sintió un "clic" y dijo: "¡Este oniguiri tiene piedras!" y lo tiró al río.

De igual forma tiró otros cinco.

En eso se preguntó: "¿Por qué hay piedras en los oniguiri?" y partió la última bola de arroz cocido que quedaba, al ver su interior exclamó: "¡No, no eran piedras, eran monedas de oro! ¡Dios mío! Después de todo tengo un poco de suerte."

En ese momento apareció el Tengu y le dijo: "El destino de una persona está establecido cuando nace pero depende de cada uno el cambiarlo. Tú podrás haber tenido poca suerte pero si no buscas mejorarla no lo lograrás. Tienes que darle importancia a todas las cosas, por más pequeñas que te parezcan."

Lic. Patricia Katz, Lic. Sebastián Terrizzano

Para consultas y comentarios escribir a caraoceca@hotmail.com


 
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