Un día decidí sentarme en esta mesa virtual, y con una mezcla rara de timidez y osadía, empecé a esgrimir conceptos: académicos, experimentales, sensoriales y sobre todo, relevantes para la vida de las personas en general y de los que padecen o padecieron una enfermedad, en particular.
La temática no era aleatoria sino causal. Mi condición de "paciente", como identificación primaria, a causa de una enfermedad congénita, me daba las herramientas para intentar esta charla de café.
Pero, no sabía si alguien estaría interesado en conversar conmigo al respecto.
Desprendernos de la careta bajo la cual escondemos nuestras debilidades, miedos y dolor, no es fácil ni simpático. Reconocer, recordar, analizar nuestra fragilidad, se nos hace tormentoso. Mirar al costado y observar a un "otro" para vernos finalmente a nosotros mismos, es algo de lo que huimos a diario. Informarnos y revelarnos contra las estructuras impuestas. Bregar por derechos ajenos y propios, cuando nos resulta más fácil dejarnos llevar. Ponerle palabras a muchos de los sentimientos que nos invaden. Todo esto fue puesto sobre la mesa, con temor, ambición y expectativa.
Se fueron sucediendo los domingos. Estoica me senté a exponer conceptos de variada relevancia, aunque sentía que en la mesa continuaba sola, vociferando para todos, escuchada por nadie.
Pero sorpresivamente, fueron llegando devoluciones. Recién en ese momento, agudicé la vista. Entonces pude darme cuenta, que conmigo a la mesa, estaban sentadas muchas más personas de las que podría haber imaginado. Gente, que me ha regalado abrazos, saludos y emoción sin límites. Personas que han hecho por mí, mucho más de lo que yo, jamás, podré hacer por ellas desde estas páginas.
Sin darnos cuenta, creamos una alianza contra la soledad, el tiempo y las frustraciones. Privilegiando temas. Convocados por un hondo y clarividente afán de contacto y consuelo mutuo. Ávidos de que una mirada nos convalide, nos acoja en su ternura o al menos su paciencia, infundiéndonos así, el valor que a solas tantas veces nos falta, acosados como vivimos por lo que Pascal llamó con acierto nuestro íntimo "vacío".
Por ello hoy, en éste, mi articulo número 45 y a un año de estos encuentros de café donde yo resbalo y me sumerjo en diferentes temas, con los cuales ustedes disienten, concuerdan, reflexionan o simplemente se distraen, les digo gracias por estar allí, regalándome unos minutos de su tiempo para leer estas palabras.
Palabras, que se agolpan con variada calidad e intensidad. Palabras, que surgen de la sensibilidad transitoria de una mujer que hoy puede parafrasear a Sigmund Freud, diciendo: "He sido una mujer afortunada. En la vida nada me ha sido fácil".
Porque como decía aquel primer artículo con el que me presenté: "Solo se trata de vivir". De no detener la búsqueda, de adaptar nuestras necesidades a nuestras posibilidades, salir de nuestra posición de desahuciados y mostrarles a los otros que todavía estamos vivos (y esperamos estarlo por mucho tiempo) viviendo, en el sentido más amplio de la palabra, hasta el último segundo... sin dejar que la enfermedad, el cansancio, o la desesperación nos mate, ni desear que lo haga.



