LA PLATA, (Especial de AIBA)- Ellos, los poderosos, te dicen cómo te tenés que portar, qué está bien hacer y qué mal. Y hay que hacerles caso porque, de lo contrario, te descalificarán, te desacreditarán, te incorporarán a la nómina de morosos y te ubicarán en las antípodas de la realidad. Encima, te harán sentir como un fósil o un disfrazado sin carnaval.
Ellos, los poderosos, tienen nombre y apellido. Y también bandera. Son los que anatematizan a los que no piensan como ellos.
Está bien hacer lo que ellos, los poderosos, hacen. Porque son precisamente ellos los que tienen autoridad para hacerlo. La bandera los habilita. Esa bandera que muestran en todas las series de televisión y en todos los filmes. Ubicada en un lugar estratégico de la pantalla. Aparece, ya fue dicho, hasta en los dibujos animados. Y es siempre la misma, la de los poderosos convertidos en dueños de vidas y haciendas.
Si alguien se atreve a pensar distinto y a predicar la libertad que ellos predican sin practicar, lo demonizan. Eso, para mantener el poder que nadie, aún, está en condiciones de discutirles
Los que pretendan cortarse solos serán señalados como retrógrados o ultramontanos pasados de moda que atentan contra la democracia, los derechos humanos, la seguridad jurídica o lo que a ellos se les ocurra.
El Compre Nacional está muy bien, suficiente y aprobado. Pero si les compran a ellos, los únicos nacionalistas reconocidos.
Lo que producen otros no sirve si no pasa antes por la cabina de peaje. La de ellos, los poderosos. Por eso subsidian carne y cereales y todo lo que perjudique sus negocios. Para que el poder de decisión siga pasando por ellos. Son nacionalistas aunque no lo expresen en las palabras sino en los hechos. El resto no. Porque ellos fijan las reglas. Y si es necesario las modifican a su gusto.Para ellos, ya se ve, las cosas son según el color del cristal- o bandera única- con que se miren. Y reconocen un solo color, una bandera única. Usted sabe quienes son, está muy claro. Y que es un combate desigual el que emprenden los que tienen otro color de cristal, otra bandera. Pero hay que darlo igual. Hasta agotar la injusticia que ellos, los poderosos, quieren globalizar. Ya lo hicieron.



