Buenos Aires, (Especial de NA por Martín Hermida)- El Gobierno comenzará a jugar sus cartas más fuertes sobre la mesa de la política exterior, a poco de iniciado el camino de la nueva administración, y de movida tendrá que mostrar sus habilidades para afrontar al menos tres de los temas centrales de la agenda internacional: sus vínculos con Brasil y los demás países de la región, su relación con los Estados Unidos y la cuestión Malvinas.
Es que en el período de hoy hasta los próximos dos meses y medio, tanto el presidente Néstor Kirchner como el canciller Rafael Bielsa tendrán por delante una apretada agenda que incluirá una serie de encuentros con mandatarios y funcionarios de primer nivel de diversos países, en los cuales seguramente quedarán plasmados los principales rasgos de la política exterior argentina para los años que vendrán.
La seguidilla se inició con la primera reunión del canciller argentino con su par norteamericano, Colin Powell, y será coronada con la visita de Estado -la de mayor categoría en el mundillo diplomático- que Kirchner hará a los Estados Unidos para verse con el presidente George W. Bush, la cual hasta ahora no tiene una fecha confirmada pero se hará antes de fines de agosto próximo.
En el medio, habrá otros encuentros relevantes: el jefe de Estado volverá a viajar a Brasil -como lo hizo durante la campaña electoral- para encontrarse otra vez con Luiz Inacio Lula Da Silva; Bielsa tendrá que debutar en la reunión del Comité de Descolonización de las Naciones Unidas, a mediados de este mes en Nueva York, con el tema Malvinas como telón de fondo; y Kirchner volará a Londres a mediados del mes que viene a participar en un encuentro para debatir sobre la «tercera vía», invitado por el primer ministro, Tony Blair, y con las presencias de Lula y el chileno Ricardo Lagos.
El primer eslabón de la cadena comenzará a trabajarlo Bielsa cuando se encuentre en Santiago de Chile, en el marco de la reunión de cancilleres de la OEA, con Powell. Aquí la clave estará en el «descongelamiento» que ambos quieren producir en el diálogo entre la administración Bush y el Gobierno de Kirchner, sobre todo después de que desde aquí se dijera hasta el cansancio que la vieja etapa de las «relaciones carnales» con Washington quedó sepultada.
Para alegría de los hombres de la Cancillería, los gestos de buena voluntad de Washington se sumaron unos a otros hasta que se anunció que Powell estaría el martes a la mañana -una vez que termine la reunión en Chile- con Kirchner en la Casa Rosada.
Allí definió el viaje del santacruceño a los Estados Unidos y el ex jefe del Estado Mayor Conjunto norteamericano le planteó al Presidente argentino los temas que su gobierno quiere mantener dentro de la agenda bilateral.
Tanto en Chile como en la Casa Rosada, se esperaba que el influyente funcionario norteamericano dejase sentadas algunas de las pautas que Bush no quiere que se le pasen por alto: su empeñada obsesión por la lucha contra el terrorismo internacional, el posible envío de «fuerzas de paz» argentinas a Irak -se aceptará si es bajo el «paraguas» de las Naciones Unidas- y la necesidad de encarrillar las negociaciones con el Fondo Monetario Internacional. Cuando hoy miércoles, Kirchner ponga proa hacia Brasil se encontrará con un Lula dispuesto a darle un renovado impulso al Mercosur, incluso desde el punto de vista de las instituciones políticas, por ejemplo tratando de definir un futuro parlamento común para los miembros del bloque, y con la iniciativa de avanzar en temas sobre los cuales los argentinos no se animan demasiado todavía, como una futura moneda única para ciertas operaciones.
Esta misma semana, el canciller brasileño, Celso Amorim, quien delineó la agenda del encuentro junto a Bielsa, planteó que todavía no es momento de una «decisión definitiva» sobre la utilización de una moneda única por ejemplo para operaciones de comercio exterior y turismo, aunque sostuvo que «es una cuestión que debe evolucionar».
Un modo de dejar en claro el interés que representa ese tema para Brasil. Juan Pablo Lohlé, el hombre que había asesorado a Kirchner en materia de política exterior durante la campaña y que esta semana recibió el visto bueno del Senado para ocupar la Embajada argentina en Brasil, ratificó la decisión del nuevo Gobierno de «fortalecer y desarrollar desde un punto de vista estratégico» la relación con el Mercosur.
Esta semana, cuando fue por primera vez a la Comisión de Relaciones Exteriores del Senado, Bielsa tuvo que responderle a los legisladores que le preguntaban, preocupados, por aquello de una supuesta «aceptación» por parte de la Argentina del «liderazgo de Brasil» en la región, e incluso sobre la posibilidad de que se avalara la ofensiva del país vecino por conseguir un lugar permanente en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas.
Allí, el canciller se despachó señalando que «nunca» diría que Brasil podría obtener una silla en el Consejo de Seguridad «a expensas de la Argentina», habló de ciertas alternativas -como por ejemplo una propuesta australiana- para que no sea sólo un país el que ocupe ese lugar, sino una determinada región (en este caso Sudamérica) y pidió que no se plantee la relación en un marco de discusiones por el «liderazgo».
Una muestra del difícil equilibrio que implicará la relación entre los dos socios mayores del Mercosur. Por último, está la delicada cuestión Malvinas: el lunes 16 el canciller hablará en el Comité de Descolonización de la ONU, un ámbito donde cada año se hace una exhortación a que los países se sienten a una misma mesa para negociar el tema de la soberanía de las Islas.
La política anunciada por Kirchner en este tema indica que en cada uno de los foros internacionales -como el caso de este encuentro- el reclamo argentino sea ratificado.
Con ese contexto, Kirchner se convertirá el mes que viene en el segundo mandatario argentino en visitar Londres después de la guerra de 1982. En esa oportunidad, sin dudas, se escribirá otro capítulo en la complicada trama de las relaciones exteriores de la Argentina. Y el Gobierno también tendrá que poner sobre la mesa sus cartas más fuertes.



