Buenos Aires (Por Gabriel Profiti, especial de NA) –- La Concertación oficialista que acaba de debutar con éxito en las elecciones catamarqueñas es otra muestra de la transformación que afectó a distintos partidos tradicionales de América Latina y que se refleja patente en la UCR argentina.
El tejido kirchnerista se basa en la fusión del Frente para la Victoria con su matriz, el PJ, y el radicalismo, partido que no pudo reposicionarse como opción nacional luego del derrumbe de 2001, pero que mantiene el poder en varias provincias.
La UCR quedó dividida en tres (kirchneristas, lavagnistas y puros) y en caso de que el Presidente se dedique durante los próximos cuatro años a reformular al justicialismo, como anunció, buena parte del partido fundado por Juan Domingo Perón también podría quedar absorbido por un espacio más amplio.
Un esquema similar desarrolló Lula Da Silva en Brasil. Luego de perder tres elecciones, el líder del Partido de los Trabajadores (PT) buscó aliados y sumó a sectores del tradicional Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB).
El presidente brasileño, en su segundo mandato, procura ampliar el armado con fuerzas de izquierda como el Partido Socialista Brasileño (PSB), el Partido Popular Socialista (PPS) y el Partido Democrático de los Trabajadores (PDT).
En la vereda de enfrente el histórico partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB) se asoció con las dos fuerzas principales de la derecha: el Partido Progresista (PP) y Partido del Frente Liberal (PFL).
Pero más allá de estas semejanzas sobre la forma de construir poder entre Kirchner y Lula, el fenómeno argentino se parece más al ocurrido en Colombia y Venezuela, donde tanto Hugo Chávez como Álvaro Uribe rompieron con tradiciones bipartidistas.
Rosendo Fraga, director del Centro de Estudios Nueva Mayoría, consideró que "la crisis de los partidos es un fenómeno de la región Andina y de la Argentina", y no de toda Latinoamérica.
"En la región Andina esta crisis es, en gran medida, consecuencia de que las fuerzas tradicionales no lograron representar los fenónemos sociales. La emergencia de Chávez en Venezuela y de Uribe en Colombia, aunque con diferente sesgo ideológico, son fenómenos similares", evaluó.
Tras dos siglos convulsionados, Chávez -con su Movimiento Quinta República- rompió con el bipartidismo venezolano de la socialdemócrata Acción Democrática y la democristiana COPEI. "Pero no fue Chávez el que lo derribó –escribió Torcuato Di Tella- sino sus propios errores y las transformaciones impredecibles que las oscilaciones en el precio del petróleo son capaces de producir cuando se depende de él".
En Colombia, Uribe rompió con la división entre conservadores y liberales y fundó un partido desde el liberalismo.
En forma similar, la emergencia de Cambio 90 de Alberto Fujimori en Perú fue en parte debido al colapso del sistema de partidos peruano existente hasta 1992.
Pero la frustrante experiencia fujimorista, sumada al temor de la sociedad peruana al último candidato nacionalista, Ollanta Humala, permitieron que un partido tradicional, el APRA, volviera al poder de la mano de Alan García.
Precisamente esa lógica del "temor a" como factor del triunfo aprista, quedó en evidencia en las últimas elecciones regionalesperuanas, en las que los espacios tradicionales fueron barridos.
La cirugía partidaria latinoamericana comenzó a ponerse de manifiesto con la consolidación de las democracias luego de los regímenes dictatoriales que dominaron la región en los 70.
"Durante las pos-transiciones democráticas los sistemas de partidos latinoamericanos enfrentaron la necesidad de auto- transformarse (...) para adaptarse a las demandas planteadas por los déficit del sistema de representación tradicional", sostuvo Santiago López, de la Universidad de La República, de Uruguay, en un trabajo de investigación.
El Frente Amplio uruguayo, si bien no es una novedad en el esquema latinoamericano -fue fundado en 1971- pudo quebrar la hegemonía que blancos y colorados -sobre todo éstos y a excepción del período militar- ejercieron a lo largo de 175 años.
Los colorados, amos y señores del país vecino, obtuvieron un 10 por ciento en las últimas elecciones presidenciales y actualmente mantienen ese nivel de adhesión, el más bajo en su historia.
Santiago López evaluó que el Frente Amplio es uno de los partidos denominados "desafiantes" -surgidos como opositores a los tradicionales- que tuvo éxito, lo mismo que el PAN y el PRD mexicanos, que quebraron 70 años de dominio del PRI en ese país. Para Rosendo Fraga, los partidos tradicionales "se mantienen vigentes en Uruguay y Chile, se fortalecieron en México, donde antes había una sola fuerza política", y se afirmaron en Paraguay, ya que en ese país "el partido Colorado sigue siendo la principal estructura de poder".
Diego Guelar, ex embajador argentino en Estados Unidos y secretario de la Mesa Federal de Relaciones Internacionales de Compromiso para el Cambio (CPC), consideró que la crisis de los partidos tradicionales ocurre en toda la región.
Y lo puso en perspectiva para alentar las posibilidades de que la coalición PRO pueda alcanzar el poder en un futuro cercano.
"El PAN tardó 61 años en llegar al poder en México. En Colombia, Uribe rompió con la división conservador-liberal; en Perú se desarticularon los partidos tradicionales y en Chile sobrevinieron cambios a la muerte de Pinochet", resumió en una reunión con delegados nacionales de CPC.



