Buenos Aires, (NA)- El presidente Néstor Kirchner decidió ayer jugar personalmente una fuerte pulseada contra la Corte Suprema de Justicia, con el objetivo de socavar los bloques internos del cuerpo que le permitan abrir grietas para renovar a sus miembros.
El jefe de Estado parece haber optado por la carga frontal contra los enclaves de poder: ya lo hizo -y de la misma forma severa y rápida- con las Fuerzas Armadas cuando descabezó a buena parte de sus altos mandos, cuando tenía horas de asumido.
Kirchner pisó ahora a fondo en su embestida contra los ministros pero puso el pie del freno al borde de jugar la última carta que puede necesitar más adelante si los tiempos se demoran: la posibilidad de convocar a una consulta popular para «legitimar» su cuestionamiento contra el desprestigiado Alto Tribunal.
No es la primera vez que cerca de Kirchner se menciona la posibilidad de una convocatoria a la opinión de la ciudadanía, ya que también había surgido esa vía alternativa en los días que siguieron a la renuncia de Carlos Menem al ballottage, con la idea de reforzar con votos por temas, los sufragios ausentes en la segunda vuelta.
El sólo trascendido de un plebiscito para que la ciudadanía se expida sobre la Corte Suprema disparó un cruce de inquietudes en el seno del alto tribunal y críticas subidas de juristas por la utilización de un mecanismo de ese tipo para su pulseada con la Corte.
Por eso, el final del primer capítulo fue un pedido de urgencia para que la Comisión de Juicio Político primero, y el Congreso todo, más tarde, separen «a uno o varios» ministros.
En el inicio del nuevo proceso y cuando la comisión estudia los primeros nuevos cuestionamientos contra Julio Nazareno y Carlos Fayt, muchos creyeron leer un mensaje cifrado hacia la interna del PJ.
El propio bloque oficialista había abortado los procesos contra los magistrados el año pasado. Este Gobierno dijo hoy que no quiere que vuelva a suceder.



