Buenos Aires (Especial para NA, por Pepe Eliaschev) -- Como ya es habitual, primero zamarreó, pero después abrió la puerta. El Presidente hizo, de nuevo "la gran Fernández". El viernes 9 cruzó la puerta del despacho de Alberto Fernández y se enfrascó en un cara a cara con los dos funcionarios norteamericanos, de segundo y cuarto nivel, que vinieron de Brasil a la Argentina para encarar las cuestiones ríspidas de la relación Estado Unidos-Argentina.
Pero antes, desde su ya mítico atril desde el cual dice comunicarse directamente con el pueblo, el Presidente encaró la cuestión de la venta de Transener, la gran transportadora de electricidad cuya mitad se halla en manos del fondo Dolphin (dueño de Edenor) y la otra, la que está en venta, de la brasileña Petrobrás.
Julio De Vido confirmó que el Ente Nacional Regulador de la Electricidad (ENRE) desaconsejó la venta de una parte de Transener al fondo de inversión norteamericano Eton Park. Argumento creativo el del Gobierno: Kirchner considera inconveniente que haya dos fondos de inversión -el otro es propiedad de Marcelo Mindlin- en la empresa. La decisión emitida por De Vido se produjo después de que Kirchner reaccionó furiosamente ante la publicación de una carta del nuevo embajador norteamericano, Earl Anthony Wayne, expresando preocupación porque la Argentina frenó el acceso de Eton Park a un negocio eléctrico operado por privados.
Como es habitual, Kirchner se valió de uno de sus rutinarios anuncios de obras para proclamar que el suyo "es un gobierno cristalino y va a tomar la decisión que tiene que tomar con toda la soberanía nacional. A nosotros no nos apura nadie, menos estos fondos de inversión que muchas veces nadie sabe cómo funcionan, de quién son".
Pero luego de los arrebatos mediáticos, llegaron y fueron atendidos cortésmente el subsecretario de Asuntos Políticos de los Estados Unidos, Nicholas Burns, número tres del Departamento de Estado norteamericano, y el de Asuntos latinoamericanos, Thomas Shannon. Todos salieron felices, proclamando que había sido una reunión exitosa y que las relaciones con Washington marchan viento en popa.
El que, en cambio, no tuvo suerte fue uno de los dirigentes políticos más importantes de Italia, Fausto Bertinotti, que vino a Buenos Aires pero se tuvo que conformar con Alberto Fernández. Presidente de la poderosa Cámara de Diputados, sede del poder político en Italia, Bertinotti estuvo en la Casa Rosada, pero Kirchner no cruzó la puerta, pese a que el visitante proviene de la marxista Refundación Comunista, aliada indispensable del gobierno de Romano Prodi. Sucedió el lunes y aún cuando toda esa tarde el sitio web de la Casa Rosada habló de la reunión Kirchner- Bertinotti, el encuentro nunca se produjo. Parece que ese día Kirchner se quedó en Olivos.
La que no estaba ese día en Olivos era Cristina Kirchner, que un día antes marchó a Paris, donde permaneció casi una semana.
Desde la Casa de Gobierno se indico que el Presidente no quería tener encuentros de ningún tipo que pudieran opacar la agenda de su mujer en Francia.
La gira de la senadora implicó un ambicioso despliegue del Gobierno, que la trató y operó directamente como un operativo presidencial. La señora de Kirchner viajo con importante comitiva y con el acompañamiento permanente de un equipo de TV contratado por la Casa Rosada para documentar sus actividades.
Se hospedó en una de las 36 suites principales del fastuoso hotel Le Meurice, al 228 de la rue de Rivoli, en el corazón de Paris, mirando el Jardín de las Tullerías, uno de los albergues más "fashion" de Europa, con cuartos individualmente redecorados, mobiliario del siglo XVIII y tapicería de lujo. Sus baños están íntegramente revestidos de mármol y una suite como la que ocupó la Primera Dama se cotiza en los 1.525 euros diarios, unos 2.000 dólares, antes de impuestos y otros gastos.
La senadora utilizó sus seis días en Paris, oficialmente explicados como un viaje para firmar en nombre de su marido la convención internacional para la protección de todas las personas contra las desapariciones forzadas, para visitar a los candidatos presidenciales Segolene Royal y Nicolás Sarkozy, y al primer ministro Dominique de Villepin.
Gentiles, todos la recibieron con amable civilidad, pero nunca entendieron para qué los visitaba y qué procuraba con esas citas, arduamente conseguidas. El sentido de la misión quedó aclarado por las cámaras televisivas contratadas por la Casa Rosada: cada instante "presidencial" fue grabado en su condición principal, la de oportunidades fotográficas con uso netamente doméstico.
La prensa francesa, naturalmente, jamás se hizo eco de la presencia de Cristina Kirchner en Paris, que se pareció mucho a la extensa permanencia en Nueva York de septiembre pasado. En ambos casos, los representantes políticos del Gobierno en ambas ciudades, trabajaron tiempo completo al servicio de una mayor y más evidente exposición de la senadora.
Desprovista de grandes ocasiones para justificar tan extensa permanencia a cargo del erario público, visitó un museo de decoración, fue a ver el ballet de Paloma Herrera y presenció el partido que la Argentina le ganó 1-0 a Francia, sentada al lado de Julio Grondona.
En una comida ofrecida en la embajada argentina, la señora de Kirchner agasajó también a un grupo interesante de figuras.
Uno de ellos es el director del mensuario de izquierda "Le Monde Diplomatique", Bernard Cassen. Esa publicación ha sido definida como periódico preferido de la "inteligentista" parisiense y portavoz de "movimientos anarquistas violentamente antisemitas y anti norteamericanos". Cassen fue funcionario del ministerio de Investigación e Industria y es uno de los fundadores de la radicalizada Universidad Vincennes, (hoy Paris VIII-Vincennes en Saint Denis).
El otro fue Jacques Séguéla (autor de la frase "la publicidad es la mejor técnica que se ha inventado para comunicar") no solo es el dueño de una poderosa agencia publicitaria, sino que es famoso por su exitosa actuación como jefe de las campañas de propaganda a favor de François Mitterrand, para el que el inventó los lemas "La Fuerza Tranquila", y "Generación Mitterrand". Se lo conoce como el "poeta del marketing". Farmacéutico, corredor de rallies, periodista de derecha, asesor publicitario de los supermercados Carrefour, hoy, al frente de Euro-RSCG, encabeza el grupo mediático y publicitario número uno de Europa.
Mientras la senadora pasaba su larga semana parisiense, el secretario de Cultura José Nun se desplazaba a La Habana con una delegación oficial de 130 personas, para participar de la XVI Feria del Libro de esa ciudad. En territorio cubano, Nun, que en enero estuvo en Punta del Este para un evento familiar en paqueta y cotizada galería de arte del centro del balneario, aseguró que "el problema de América Latina no son los pobres, sino los ricos, los que explotan y evaden (¿impuestos?)". En Buenos Aires, entretanto, lejos de los fastos de Paris y de las delicias del Caribe, la ministra de Defensa Nilda Garré designó como su enlace con el Congreso al ex embajador de Menem, José Luis Fernández Valoni. El ex militar ocupa el cargo que tenía Andrea Prodán, una profesional echada hace dos semanas por la ministra Garré por dar un reportaje a un medio de prensa al que el Gobierno considera que no se le deben responder preguntas.
Fernández Valoni, que en pocos días cumple 65 años, fue diputado 1973-1976, congresal del Partido Justicialista 1982- 1989, subsecretario de Relaciones Latinoamericanas del canciller Domingo Cavallo en 1990, embajador de Menem en Ecuador de 1992 a 1995 y subsecretario de Relaciones Institucionales del ministro de Economía Cavallo en 1996. En 1997 fue uno de los fundadores de Acción por la República, el partido cavallista, y en 1999 fue electo diputado nacional por ese partido.
Pero además de Cristina Kirchner, Fernández Valoni y Nun, protagonistas de la semana fueron la decapitada Graciela Bevacqua, del INDEC y el echado Miguel Campos, el secretario de Agricultura. Ambos cayeron en la rodada, y en ambos casos sus puestos fueron ocupados por emisarios de Julio de Vido. Con Beatriz Paglieri en condición de comisaria oficial en el ahora domado INDEC y con Javier de Urquiza como el amigo del campo, el Gobierno cerró una nueva semana, llega de ruido y de fricciones, ese estado que parece hacer las delicias del poder presidencial.
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