Buenos Aires (Especial para NA, por Pepe Eliaschev) -- La lúgubre situación creada en torno de la afortunadamente resuelta desaparición de Luis Gerez tiñó de negro un fin de año que el Gobierno deseaba más esperanzador.
Es extraño, pero en el cenit de su hegemonía política, el Presidente confronta la hipótesis de que lo mejor de su gobierno ya habría sucedido.
Es una conjetura osada, pero desde la estrepitosa derrota en Misiones hasta la patética falta de quórum en Diputados para aprobar un marco regulatorio sospechoso para la empresa AySA, pareciera que la Casa Rosada tuvo más jaquecas que alegrías.
Kirchner, que pasó del 23 por ciento de los votos en 2003 al 40 por ciento en 2005, dedicó gran parte de este año a colonizar el Congreso con sus leales. Así, tras fichar a casi todo el duhaldismo, derribó de la presidencia de la Cámara de Diputados a Eduardo Camaño, veterano peronista sin enemigos, y lo reemplazó por el matancero Alberto Balestrini. La Matanza es el principal distrito electoral del país y Balestrini era socio de Juan José Álvarez y Julio Alak, el grupo de los tres mosqueteros.
Luego, la Casa Rosada adelantó sus alfiles a la primera línea de fuego y relegó a otros. La reutemista Alarcón, como el santacruceño Arnold, expulsados, fueron patos de la boda, mientras que Agustín Rossi, nombrado por Kirchner al frente del bloque, deberá renunciar a su aspiración de pelear la improbable batalla por arrancarle Santa Fe a la alianza socialista-radical de Hermes Binner.
El acuerdo con los huérfanos de Duhalde fue explícito. Según contó el macrista Federico Pinedo, los duhaldistas K levantaron la mano en 203 de las 205 ocasiones en las que se trataron leyes enviadas por el Ejecutivo.
En la Cámara no hubo kirchneristas más dóciles que Díaz Bancalari, Barrionuevo, Ruckauf, Graciela Camaño, Atanasof, Oscar Rodríguez, Muller, entre otros. Hasta el reemplazante del defenestrado Patti, Dante Camaño, se pasó al oficialismo.
La Cámara baja le permitió al Ejecutivo reescribir, vaciándolas, facultades formales que la Constitución Nacional otorga en exclusividad al Congreso:
1. Con la ley del Consejo de la Magistratura, un juez necesita los votos del Gobierno para ascender o ser destituido;
2. Con la reglamentación de los decretos de necesidad y urgencia, el Presidente puede dictar leyes con el solo silencio de una Cámara, pero el Congreso requiere, para hacer lo mismo, del voto positivo de ambas.
3. Con los superpoderes, se termina con un "vejestorio" de la democracia liberal, que disponía que sólo el Congreso podía determinar el gasto público.
4. Al prorrogar la "emergencia económica", se consuma un hecho inédito, en una economía que crece a casi el nueve por ciento anual.
5. La ratificación de las facultades delegadas del Congreso le permite al Ejecutivo fijar impuestos por resolución ministerial.
Pero la oposición parlamentaria se hizo notar, aun en minoría.
Por primera vez desde el triunfo de Alfonsín en 1983, la Unión Cívica Radical, el peronismo no captado por Kirchner, los centristas provinciales y el macrista PRO firmaron unidos dictámenes en leyes decisivas en sentido contrario al Ejecutivo, como presupuesto con superpoderes, emergencia económica con facultades delegadas, educación y marco regulatorio de aguas.
Pero 2007 viene preñado de situaciones decisivas. Las elecciones del 28 de octubre serán para Casa Rosada la madre de todas las batallas, un plebiscito consagratorio de lo que para una diputada kirchnerista es "el nuevo movimiento nacional y popular del siglo XXI". En 2007 se eligen presidente y vice, la mitad de los diputados, un tercio de los senadores, más de un millar de intendentes y concejos deliberantes, 21 gobernadores de provincia y Jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires.
Tal como están hoy las cosas, el Gobierno confía en que dispone de seis de cada 10 votos.
En el Congreso, el oficialismo ejerce una metodología basada en la pura y simple imposición de su número, sin aceptar modificaciones de ninguna naturaleza a proyectos de la Casa Rosada.
Pero al finalizar el año el oficialismo tuvo un severo traspié. El 20 de diciembre se quedó en soledad, se transformó en minoría y no pudo seguir sesionando al discutirse el marco legal que regula el servicio metropolitano de aguas corrientes. El Gobierno fue abandonado no sólo por diputados del propio kirchnerismo, sino también por muchos socios del Peronismo Federal.
Fue llamativo, porque, como subraya el diputado Hugo Martini, "el 6 de diciembre el Frente para la Victoria aceptó que los 19 diputados del Peronismo Federal se transformaran en 22, mágicamente, con el único fin de hurtar a los 21 diputados de PRO- Propuesta Federal su derecho de nombrar al Vicepresidente 3º de la Cámara. Cuando ese miércoles 20 se levantó la sesión por falta de quórum estaban en el recinto, sosteniendo al Gobierno, solo 14 de aquellos 23 aliados imaginarios".
Lo sucedido deja moralejas jugosas, incluyendo una lección para el propio Presidente, tal vez demasiado acostumbrado a un poder absoluto que no se puede extender de por vida.
Pero es la oposición la que debería deducir que los del Congreso no fueron episodios menores. El fracaso de Misiones produjo un cuestionamiento potente del estilo presidencial. Y la falta de quórum en el tema AySA fotografía una crisis que ni siquiera ocultó el Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS) de Horacio Verbitsky, que se opuso de manera contundente a esa ley.
Se pregunta Martini, "¿ésta es una crisis dentro del gobierno, que el Presidente tolera, fomenta, o que no puede controlar?".
El espacio concreto donde Kirchner confronta una oposición de carne y hueso es el Congreso Nacional. La oposición existe, ante un oficialismo que ha mostrado resquebrajamientos. Cinco ocasiones lo revelaron.
En febrero la oposición se unió por el Consejo de la Magistratura, en julio por la reglamentación de los decretos de necesidad y urgencia, en agosto en contra de la ratificación de la llamada ley de superpoderes, en noviembre contra la prórroga de la ley de emergencia económica y en diciembre por la ley de Presupuesto 2007.
¿Será que la hasta ahora maciza coherencia oficialista podría generar homogeneidad opositora para equilibrar la llamada "ecuación democrática argentina"?
Entre 80 y 90 diputados que representan casi cuatro de cada diez votos, votaron constantemente en defensa de instituciones a las que ven en peligro. No pudieron cambiar el resultado porque, obviamente, su número no lo permitió, pero no son una minoría testimonial y patética.
Tras octubre de 2005, el Gobierno tuvo su gran momento con la ‘Plaza del Sí’, el 25 de mayo, cuando Kirchner cumplió tres años en el poder y convocó al primer mitin masivo exitoso de su gestión. Reunió a unas 100.000 personas en la Plaza de Mayo y proclamó la llamada "concertación plural", con la idea fija de quedarse con un pedazo grande del radicalismo.
Kirchner exhibió el manejo de un poder consolidado, ante una oposición que no era alternativa. El oficialismo quedó, así, como fuerza hegemónica de la política argentina.
Luego vino la carrera por cristalizar ese poder, cuando el Ejecutivo obtuvo una acumulación de poder institucional, que según Rosendo Fraga "no tiene precedentes para un presidente constitucional, desde el Perón de la primera mitad de los años ‘50".
La decisión de reducir gradualmente la Corte Suprema de Justicia de nueve a cinco miembros, no modifica este armado de poder, al menos en el plazo corto. Misiones reveló los límites objetivos de Kirchner y confirmó que, aún con las marcas del paso del tiempo, el Gobierno opera sobre un piso del 40 por ciento de los votos. El triunfo de la oposición, con más del 55 por ciento, patentizó que sólo unida puede aspirar a un triunfo.
Para muchos especialistas, la decisión presidencial de desafiar al periodismo tuvo un precio que la Casa Rosada insiste en subestimar. Los medios proclamaron urbi et orbi que la derrota de Misiones tenía alcance nacional.
Sin embargo, la semana pasada Hebe de Bonafini fue recibida en la Casa Rosada para un "reportaje". Al día siguiente, declaró que "el Presidente no da entrevistas, pero creo que a mí me la concedió porque yo no soy una periodista, sino una leona que salió a esta selva increíble a buscar a los hijos y hoy, desde la radio y desde los diferentes lugares, seguimos tomando posición, y siendo críticas, y seguimos construyendo".
El desempleo es del 10,1 por ciento, contra el 22 peor del peor momento de la crisis, y la pobreza es del 32 por ciento, frente al 54 por ciento de abril de 2002. La inflación queda levemente por debajo del 10 por ciento, pero el 46 por ciento de los menores de 14 años vive en la pobreza, un millón y medio en trabajos informales, y tres de cada cuatro niños que van a la escuela pública no llegaron a los 180 días mínimos de clase que establece la ley.
Según Fraga, solo el nueve por ciento de las protestas callejeras de 2006 fueron de piqueteros propiamente dichos. En agosto, Blumberg convocó en Plaza de Mayo a decenas de miles de personas angustiadas por el delito.
El año que amanece suscita zozobras y está definitivamente significado por el hecho de que en estos 12 meses inminentes se jugarán cosas muy pesadas en la Argentina.
PE
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1. Los duhaldistas K levantaron la mano en 203 de las 205 ocasiones en las que se trataron leyes enviadas por el Ejecutivo. 2. Es extraño, pero en el cenit de su hegemonía política, el Presidente confronta la hipótesis de que lo mejor de su gobierno ya habría sucedido
3. ¿Será que la hasta ahora maciza coherencia oficialista podría generar homogeneidad opositora para equilibrar la llamada "ecuación democrática argentina"?



