Las tradiciones espirituales de Oriente han llegado hasta nuestros días y se han conservado a lo largo del tiempo casi sin cambios en la memoria popular de estos pueblos. Es fascinante para nosotros este medio de enseñanza más humilde, pero lleno de sutileza y eficacia. Por otro lado cargado de una potente capacidad de impactar en la conciencia de quienes los escuchan o leen.
Estos cuentos tradicionales tienen la virtud de retratar con una precisión asombrosa tanto estados mentales como los estados psicológicos, casi siempre ocultos bajo el disfraz de lo anecdótico y de lo cotidiano.
Hoy tenemos la oportunidad de disfrutar de este cuento profundo y a la vez ameno, esperamos les guste: Había una vez un zapatero que se quejaba a Dios continuamente de su extrema pobreza.
Un día bajó el Señor a la tierra en forma de mendigo y se acerco a su casa y le dijo: "Hermano, hace tiempo que no como y me siento muy cansado, aunque no tengo ni una sola moneda quisiera pedirte que me arreglaras mis sandalias para poder seguir caminando".
El zapatero le respondió: "¡Yo soy muy pobre y ya estoy cansado que todo el mundo viene a pedir y nadie viene a dar!"
El Señor le contestó: "Yo puedo darte lo que tu quieras".
El zapatero le pregunto: "¿Dinero inclusive?".
El Señor le respondió: "Yo puedo darte 10 millones de dólares, pero a cambio de tus piernas". -"¿Para que quiero yo 10 millones de dólares si no voy a poder caminar, bailar, moverme libremente?", dijo el zapatero.
Entonces el Señor replicó: "Esta bien, te podría dar 100 millones de dólares, a cambio de tus brazos". El zapatero le contestó: "¿Para que quiero yo 100 millones de dólares si no voy a poder comer solo, trabajar, jugar con mis hijos?"
Entonces el Señor le dijo: "En ese caso, yo te puedo dar 1000 millones de dólares a cambio de tus ojos". El zapatero respondió asustado: "¿Para que me sirven 1000 millones de dólares si no voy a poder ver el amanecer, ni a mi familia y mis amigos, ni todas las cosas que me rodean?"
Entonces el Señor le dijo: "Ah hijo mío, ya ves la que fortuna tienes y no te das cuenta.
Lic. Patricia Katz - Lic. Sebastián Terrizzano
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