Buenos Aires (Especial de NA, por Mariano Spezzapria) -- La inminencia del fin de año y la pronta irrupción de 2007 sorprende a la dirigencia política nacional en su momento de mayor actividad desde los comicios legislativos de 2005, tratando de perfilar un escenario favorable para el año electoral que se avecina. No se trata de una tarea menor, porque del resultado de las negociaciones que se están llevando adelante por estos días y que seguirán durante todo el verano dependerá la próxima oferta electoral y por ende el futuro político del país.
Las distintas movidas no carecen, por cierto, de internas dentro de los grupos políticos oficialistas y opositores. El Gobierno, por caso, mantiene aún en suspenso sus candidaturas en distritos de la talla de la Capital Federal y las provincias de Santa Fe y Córdoba.
La única certeza que dio el Gobierno hasta el momento fue el desplazamiento de Daniel Scioli de la Capital a la provincia de Buenos Aires. Claro que esa jugada dejó heridos en el oficialismo y ya desató una carrera para ver quién será el compañero de fórmula del vicepresidente.
La dirigente más mencionada por estos días para esa candidatura es la titular del PAMI, Graciela Ocaña. La ex mano derecha de Elisa Carrió -devenida ahora en furibunda rival de la líder del ARI- estaba reacia a ser compañera de fórmula de Scioli en la Capital, pero la Provincia la atrae más.
"La Provincia es su distrito natural y su presencia puede atraer el voto progresista que naturalmente a Scioli no lo va a elegir", razonan en la Casa Rosada.
Pero desde allí, también, operaron para frustrar la primera foto de Scioli y Ocaña, que se iba a concretar esta semana en Chapadmalal. Se trataba de un encuentro convocado por Compromiso K, la agrupación que lidera Carlos Zanini, que apoyaba la reelección de Felipe Solá y que ahora respalda a Scioli.
En ese frustrado encuentro iba a estar además el intendente de Mar del Plata, Daniel Katz, otro de los mencionados como posible candidato a vice de Scioli, pero en el marco de la llamada "concertación plural" que impulsó Kirchner y que no logra hacer pie aún en el escenario político nacional.
Está cada vez más claro, a esta altura de las circunstancias, que el Gobierno aparece cruzado por una interna entre los históricos laderos de Kirchner -los que lo acompañan desde Santa Cruz- y los dirigentes porteños y bonaerenses que se sumaron a su proyecto cuando el patagónico saltó a la escena nacional. Un ejemplo concreto de esa situación lo ofreció la salida de Luis D´Elía del Gobierno: el ex dirigente piquetero fue respaldado por el ministro de Planificación, Julio De Vido, pero terminó inclinando la balanza en su contra la opinión de "los Fernández", el jefe de Gabinete y el ministro del Interior. Pero el Gobierno no padece sólo "internas electorales", sino también de gestión: el canciller Jorge Taiana pidió especialmente que se apartara a Romina Picolotti, la secretaria de Medio Ambiente, de la delegación argentina que irá a La Haya en enero próximo por el conflicto de las papeleras.
La Cancillería aduce, no sin cierta cuota de razón, que la funcionaria nunca logró encauzar el conflicto y que para peor su marido, el ambientalista Daniel Taillant, tiene actitudes contradictorias con los objetivos del Gobierno. "A la Picolotti la veo muy mal", confió un hombre de la confianza presidencial.
Del otro lado del "charco", en Montevideo, sospechan que en realidad existe una "articulación" entre el Gobierno y la asamblea de Gualeguaychú para hacer un juego de pinzas sobre el debilitado Tabaré Vázquez.
Pero no solamente el Gobierno debe afrontar internas con proyección electoral y de gestión, ya que la oposición también aparece cruzada por diversas rencillas y trata de armar un verdadero rompecabezas de cara a las elecciones de 2007.
Roberto Lavagna, por caso, aparece tironeado entre los radicales que lo quieren como candidato a presidente y su necesidad de ampliar el marco de una coalición opositora que enfrente con una mínima chance de éxito al kirchnerismo.
Y ahí entra en escena, indefectiblemente, el nombre de Mauricio Macri: la semana próxima delegados de ambos líderes opositores intentarán reflotar el diálogo que cortó la divulgación de la propuesta de gobierno para el período 2007- 2011 que hizo el ex ministro de Economía.
Una propuesta pragmática en este sentido hizo el nuevo presidente de la UCR, Gerardo Morales, quien impulsó la concreción de un "acuerdo táctico" entre Lavagna y Macri para que no se superpongan las candidaturas en el campo opositor.
"A nosotros nos hace ruido Macri, pero debe haber un acuerdo táctico con Lavagna. Las estrategias electorales hay que discutirlas sin hipocrecías", suele decir puertas adentro del radicalismo el hombre que construyó con mucha paciencia la coalición opositora al peronismo en Jujuy.
El escenario ideal, para Morales, sería entonces que Lavagna compita por la Presidencia -con un compañero de fórmula radical- y que Macri haga lo propio en la Capital Federal, por la Jefatura de Gobierno.
Macri sigue coqueteando con la candidatura presidencial, pero sabe que tiene el camino allanado en la Capital, tras el desplazamiento de Scioli. Hasta lo admiten en el oficialismo: "con Filmus estamos en el horno", comentan por lo bajo en el campamento K porteño.
Carrió, por su parte, gana terreno desde la apertura al diálogo con otras fuerzas políticas que comenzó el ARI a nivel nacional por primera vez en su historia. No sólo tuvo un acercamiento con el socialismo por centroizquierda, sino que también atrajo a Patricia Bullrich por centroderecha.
Es probable que finalmente la ex ministra de Trabajo pueda convertirse en la candidata a jefa de Gobierno porteño con la venia de Carrió. Para la provincia de Buenos Aires, en tanto, la jefa del ARI piensa que el postulante a la Gobernación podría ser el platense Carlos Rainmundi.
Se trata, en el fondo, del trípode clave en cualquier elección en la que se pone en juego la Presidencia, como ocurrirá en 2007: las candidaturas en la provincia de Buenos Aires, la Capital Federal y, en la punta del iceberg, la definición de la candidatura a la primera magistratura.
Kirchner ya movió la ficha de Scioli y ahora espera una réplica de sus adversarios, que están armando el rompecabezas y saben que no tienen mucho tiempo más para hacerlo.



