El hombre es un mundo de deseos, de fuerzas interiores, de relaciones. por esto no se sirve a su vida en partes, sino en su plenitud e integridad. Hay que servir a toda persona, en todas sus dimensiones. (...).
La promoción humana de las personas con discapacidad no se reduce solamente a asegurar determinadas prestaciones, sino que tiene que ver con la salud, el trabajo, la educación, la rehabilitación, la accesibilidad a la información, la comunicación, la participación plena en los diferentes ambientes sociales, el acceso a todos los lugares y a las actividades que la población accede, la capacitación profesional. Deben ser tenidos en cuenta en la organización social no como ciudadanos pasivos a quienes se les da, sino como miembros activos de un cuerpo social en el que todos cuentan.
Todo esto implica un cambio fundamental en la consideración o valoración de las personas con discapacidad: tener mirada positiva sobre ellas, considerar sus capacidades, garantizar las adaptaciones sociales para que dichas personas puedan acceder a todos los ambientes y asegurar los apoyos necesarios para que puedan expresar su parecer y sus dones.
La injusta situación que viven las personas con discapacidad y su generalizada situación de exclusión sigue transmitiendo una imágen de dependencia. la población en general tiene una imágen empobrecida de las mismas, aunque el mensaje que se transmite es que ellas tienen derechos y quieren ser protagonistas de sus vidas.
Históricamente las personas con discapacidad eran ayudadas bajo el concepto de caridad. el considerar que la cobertura de las necesidades de las personas con discapacidad sera una cuestión de derecho ha llevado a poner en el centro a la persona, a equipararla con las demás personas, a ser un ciudadano.
Mientras la mirada caritativa suele dejar al ser con discapacidad encerrada en la misma porque hay que asistirla; la mirada de promoción, movida por la justicia y el reconocimiento de la persona como un individuo que debe ser potencializado desde sí, se dirige a la planea autonomía, a la independencia para que pueda integrarse y así vivir incluído en el esquema social.
No podemos aceptar que algunos se contenten con las sobras cuando el banquete de la vida ha sido servido para todos desde el comienzo del mundo. Tenemos que trabajar mucho para que se distribuya mejor: la igualdad no es dar a todos lo mismo, sino lo que cada uno realmente necesita para desarrollarse dignamente como ser humano, porque todos tenemos que poder encontrarnos con la mesa dispuesta para comer según la justa necesidad.
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