Buenos Aires (Especial para Noticias Argentinas, por Daniel Casal) -– El silencio profundo que guardó el presidente Néstor Kirchner ante la derrota electoral en la provincia de Misiones tuvo que ver con un replanteo de su estrategia para evitar desgastes prematuros.
No en vano desde que volvió de su Santa Cruz, donde se refugia ante cada hecho que lo puede golpear, se lo vio con una mesura particular y hasta le pidió al gobernador de Jujuy, Eduardo Fellner -un hombre de su estrecha confianza-, que desista de sus pretensiones de re-reelección.
Sabe que luego del traspié de Misiones no podrá salir en apoyo de aventuras similares y también que debe bajar su grado de exposición.
Es que en sólo un par de semanas cometió errores impensados hace un tiempo y todos tuvieron que ver con prácticas políticas que la sociedad quiere ver erradicadas.
Por caso, en el Hospital Francés aparecieron integrantes de una patota identificada sin medias tintas con dirigentes del oficialismo.
A los pocos días se involucró en forma casi innecesaria en un homenaje al ex presidente Juan Perón, con el traslado de los restos a la quinta de San Vicente, en el marco de una liturgia justicialista que sólo se puede explicar desde el sentimiento antes que de la racionalidad.
Kirchner siempre le escapó a este tipo de manifestaciones: en más en tres años prácticamente ni nombró a Perón o Evita, pero sus compromisos cada vez más firmes con la estructura histórica del partido lo llevaron a participar de un acto que, al final, terminó en una batalla campal de todos contra todos.
Casi sin solución de continuidad, vino lo de Misiones y su apoyo al gobernador Carlos Rovira, con su propia presencia y la de medio Gabinete que salió en auxilio de un gobierno con intenciones de perpetuidad.
La pregunta que cae por su propio peso es si valía la pena que un presidente se metiera de cabeza en un proyecto reeleccionista que causa revulsión en gran parte de la gente.
Es cierto que fue el propio Kirchner quien impulsó la reelección indefinida en Santa Cruz cuando era gobernador, pero también lo es que desde ese tiempo pasó una aplanadora sobre la conciencia popular producto de la crisis política y económica.
Y eso se notó en Misiones, donde la sociedad fue refractaria a un proyecto personal a pesar que la gobernación de Rovira contaba, por lo menos hasta el domingo pasado, con un importante grado de aceptación.
El futuro del misionero es ahora una incógnita a la luz de aquel viejo adagio de la política que habla de que "las victorias tienen mil padres, pero la derrota es huérfana".
Ahora Rovira perdió el apoyo incondicional del Gobierno y todos se le alejan por miedo al contagio.
Entre ellos, el bonaerense Felipe Solá, quien en cada rincón se encarga de aclarar que no quiere la reelección indefinida sino la habilitación para un nuevo mandato que está convencido que le corresponde.
En este caso, desde la Casa Rosada no terminan de darle al gobernador el apoyo necesario y hasta se abre el juego a nuevos candidatos para la Gobernación provincial.
Precisamente, en uno de los despachos de Gobierno se perciben sonrisas cómplices cuando el gobernador debe pagar precios extra por casos como el de San Vicente o la nueva huelga docente. Quizá como un matiz diferenciador de Solá con el Gobierno, el mandatario provincial decidió concurrir al Coloquio de IDEA, el evento empresario que el Ejecutivo nacional quiere devaluar.
En la edición de este año, del propio despacho presidencial llegó la orden que ningún funcionario fuera a las deliberaciones en Mar del Plata.
Una orden similar había dado el año pasado, pero al final concurrió el por entonces ministro Roberto Lavagna y allí se escribió su sentencia, ya que a los dos días fue echado.
Es que IDEA es considerado por el Gobierno como un reducto opositor donde convergen liberales que apoyaron el proceso económico y político de los años 90.
No sirvieron de nada los reiterados apoyos del empresario mendocino Enrique Pescarmona, cuya empresa se vio muy favorecida desde la devaluación en adelante.
La liviandad con que se desarrolló la edición de este año del Coloquio llevó a varios empresarios jóvenes a cuestionar con dureza a Pescarmona por su exacerbado oficialismo en un momento en que hay temas que preocupan y mucho a los hombres de negocios.
Por ejemplo, ven con cierta preocupación la sintonía entre Kirchner y el líder de la CGT, Hugo Moyano, que por estas horas lucha por su supervivencia al frente de la central obrera.
Es que los empresarios consideran que el año que viene no podrán otorgar aumentos mayores al 11 por ciento y temen que entre el Presidente y el sindicalista se acuerden otros parámetros.
El temor por la precariedad energética está en boca de todos los empresarios y la atribuyen a la persistente negativa oficial de ajustar tarifas, que al final, derivó en una sensible retracción de las inversiones.
Y sobre todo, cuestionan la política de control de precios ante la amenaza de que el corset termine reventando por una arremetida de la inflación.
Ante esto, hay empresarios que apuestan a una renovación de dirigentes que abra el debate a los temas sensitivos y, por lo menos, escriba una agenda de reclamos puntuales a los poderes públicos.
El Gobierno no se quedó aquí con los brazos cruzados y en el Sheraton de Mar del Plata varios hombres de negocios afines al oficialismo realizaron operaciones con el fin n de quebrar el frente empresario y frenar la ofensiva de los liberales ortodoxos.
Sueña que con el tiempo poder crear una corriente de pensamiento similar a la que profesa el Gobierno en las propias estructuras empresarias.
Mientras tanto, los pasillos del Coloquio fueron copados más que nada por dirigentes de la oposición, como el lavagnistaFrancisco de Narváez y Juan Carlos Blumberg, quien aprovechó ese espacio para abrir la puerta a una posible candidatura en 2007.
Como dato a tener en cuenta, no fueron pocos los ejecutivos que mantuvieron largas charlas con el padre de Axel, que no pueden desligar de la necesidad de financiamiento de una supuesta campaña.
También se vio a dirigentes enrolados en el PRO de Mauricio Macri, como Cristian Ritondo o Eugenio Burzaco, y allí aseguraban que el presidente de Boca se presentará finalmente a disputar la Jefatura de Gobierno porteña.
Pero, en rigor de verdad, Macri todavía no decidió qué partido disputará y observa las encuestas que le acercan día a día sus colaboradores.
Estas dicen que en la Capital ganará en la primera vuelta pero nadie le garantiza la victoria en el segundo turno, mientras que en la Nación está a 30 puntos de distancia de Kirchner.
Sabe, entonces, que si pierde un margen más o menos aceptable en la Nación se puede interpretar como un paso en su proceso de acumulación, pero si es derrotado de nuevo en la Ciudad de Buenos Aires –su bastión—, su carrera política entrará en zona de eclipse.
Jorge Telerman, en tanto, dio también varios pasos en falso por un presupuesto deficitario y la salida intempestiva de Guillermo Nielsen del Ministerio de Hacienda, como así también por el nombramiento, luego revocado, del ex MTP Roberto Felicetti en un cargo de menor rango.
En ambas renuncias hubo influencias del gobierno nacional ya que el kirchnerismo forzó al rechazo legislativo del presupuesto y forzó la renuncia de de Nielsen, un hombre cercano a Roberto Lavagna.
Felicetti, en cambio, presentó tempranamente su renuncia para evitar así un desgaste al jefe de gobierno quien recibió críticas de los cuatro puntos cardinales por este nombramiento, de un hombre que fue partícipe clave en uno de los hechos más violentos en la Argentina, el copamiento al Cuartel de La Tablada, que al final terminó por debilitar al gobierno e Raúl Alfonsín.
Mientras tanto, el presidente Kirchner optó por evitar un marasmo en la relación con Uruguay al asistir en la Cumbre Iberoamericana de Montevideo, a pesar que la relación se volvió a tensar por la decisión del país vecino de autorizar a la empresa filandesa Botnia de utilizar mayor caudal del río en sus operaciones.
En tanto que en Entre Ríos aprobaron la continuidad de los cortes de ruta en protesta por las papeleras, y el presidente de Uruguay, Tabaré Vázquez, aclaró que mientras continúen las medidas de fuerza no habrá diálogo bilateral.
Por eso, Kirchner pegó la vuelta sin haber tenido un diálogo con el mandatario frenteamplista.
Demasiados roces y heridas abiertas para dos países que tienen historia y geografía común e irreversiblemente un destino conjunto.



