La novena edición del Festival de Jazz en Blanco y Negro fue una de las más equilibradas en lo artístico. Se pudo apreciar a público distinto según quienes actuaban. El viernes y el sábado predominaron los jóvenes y aquellos que disfrutan de propuestas nuevas o renovadoras. El domingo fueron mayoría las personas mayores y quienes prefieren las propuestas tradicionales. Y está bien que así sea. Será difícil superar lo hecho. (Palabras del profesor Baggio, muy sonriente, en su despacho de la Secretaría de Cultura y Educación)
Al fin derrumbamos el mito de que, si se cobra una mínima entrada, la asistencia iba a disminuir. La realidad demostró que no es así. Las tres noches de localidades a bajo costo hubo incluso más gente que en ediciones anteriores. Es una alegría haber comprobado esto. Con lo recaudado se reforzó el presupuesto de una escuela que mucho lo precisa y hubo menos chicos a los gritos. Podemos decir que abrimos la puerta para asistir a otras entidades educativas que suelen estar algo rezagadas en sus recursos (Lo dijo el profesor Hugo Boetti al recibir el dinero juntado las tres noches jazzeras)
El detalle de la concurrencia y lo recaudado es el siguiente:
Viernes 29 de septiembre:
Vendidas: 849 entradas por un total de pesos 2122,50
Cada entrada: pesos 2,50
Sábado 30 de septiembre:
Vendidas: 843 entradas por un total de pesos 2107,50
Cada entrada: pesos 2,50
Domingo 1 de octubre:
Vendidas: 1100 entradas por un total de pesos 5500,00
Cada entrada: pesos 5,00
Recaudación total: pesos 9730,00
En unos días tendremos el detalle del equipamiento adquirido con la recaudación, pues el Departamento Audiovisual y el Area de Música de la Escuela de Arte ya tienen planificado que elementos van a comprar. Es una forma de cerrar el círculo y dejar completa una buena idea. Ya tenemos que comenzar a trabajar en la próxima edición. (La Licenciada Silvana Bergonzi mostrando su satisfacción por el objetivo alcanzado)
Como pocas veces hubo un alto grado de calidad técnica. La filmación completa alcanzó momentos de gran nivel. El sonido pudo ir adecuándose a cada grupo y la iluminación resaltó los detalles que debía. Afortunadamente no hubo saturación del efecto que consigue la máquina de humo, que a veces molesta las actuaciones más que enriquecerlas. También hay que destacar el nivel de Los Coyas así como de Blues Oil, que durante su participación mantuvieron atenta a una sala llena, se llevaron aplausos reiterados y un constante pedido de más música. (Osvaldo Croce, resaltando a quienes trabajan detrás del escenario y a los grupos que abrieron cada noche)
El Festival se llama "Jazz en Blanco y Negro", pero en más de una oportunidad los músicos lo llamaron directamente "el Festival de Campana". Y sonó bien. Pensar que un evento como éste ya pertenece a nuestra comunidad, como patrimonio cultural y artístico, es bueno y gratificante. Y se emparenta así con otro esperado acontecimiento anual: la Rocca Peatonal. Un espacio creado hece una década, que hizo que miles de vecinos se reunieran para compartir un hecho artístico, cultural y recreativo, pero también para disfrutar el simple y fundamental hecho de reencontrarse.
La Secretaría de Cultura y Educación -con el acompañamiento de empresas y entidades que privilegian el desarrollo social- pone su creatividad y su esfuerzo para llevar adelante estas iniciativas. Y la comunidad de Campana, cada día más, las hace crecer y les da su verdadero sentido.



