Buenos Aires (Especial de NA por Mariano Spezzapria) -- La actuación de un Estado gendarme que pone límites a la suba de precios y la reiteración de episodios que señalan el retorno de la vieja política dominaron la escena en los últimos días y nada hace prever que no lo vayan a seguir haciendo en el futuro.
Se trata de hechos que bien pueden reflejar la lógica política y económica del peronismo en los últimos 30 años, expresada ahora por el kirchnerismo a modo de síntesis: los incidentes en el Hospital Francés y los "acuerdos" de precios resultan ejemplos elocuentes.
Por un lado, el Gobierno desempolvó la Ley de Abastecimiento para enfrentar el dilema de la falta de gasoil, que en algunos lugares del país más que dilema ya es un drama. Esa normativa (que data de la tercera presidencia de Perón) también proyecta su sombra sobre los demás sectores de la economía.
Se fortalece, así, la idea de un Estado gendarme que vela por los intereses de las mayorías populares y que coerciona al empresariado casi en la misma proporción. Las andanzas del secretario Guillermo Moreno son a esta altura tan famosas como su destrato hacia los hombres de negocios.
"Si ustedes quieren estar bien con nosotros, queremos todo 10 por ciento para `atriqui`", les espetó esta semana Moreno a los empresarios del sector textil, que primero corcovearon, pero que minutos después le estaban poniendo su firma a uno de los conocidos "acuerdos de precios".
Esta política económica, ligada a las raíces del peronismo fundacional, podría convertirse en una olla a presión en el mediano plazo, porque la mayoría de los gremios -que también abrevan en el peronismo- ya anticipó que desde marzo del año que viene pedirá aumentos salariales de entre 15 y 20 por ciento. Pero esta vez el "techo" que le pondrá el Gobierno a esos aumentos no será del 19 por ciento que logró este año en consonancia con su socio político Hugo Moyano, sino que estaría un poco por debajo de ese porcentaje y abarcaría la franja que va del 10 al 15 por ciento.
Se espera, además, que en marzo próximo -en el inicio real del año electoral- el Gobierno vuelva a convocar al Consejo del Salario, para darle un nuevo toque alcista al sueldo mínimo.
Si la carrera entre precios y salarios comienza a hacerse cada vez más ostensible, también lo es el cuello de botella que está comenzando a generar en la economía el deterioro del sistema energético. Kirchner lo sabe muy bien, pese a que ordenó borrar de los discursos oficiales la frase "crisis energética".
Por eso viajará el jueves próximo a La Paz, donde se reunirá con el presidente boliviano Evo Morales y firmará un convenio en la búsqueda de garantizar la provisión de gas del altiplano hasta bien entrada la tercera década de este siglo. No será una señal menor, tanto en términos económicos como políticos. Tampoco lo será el voto argentino previsto para este lunes en favor de Venezuela para que la administración de Hugo Chávez pueda sentar un representante en el estratégico Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. El voto nacional irá en bloque con el Mercosur y demás está decir que irrita a Estados Unidos.
Con ese voto en bloque, el Mercosur dará una nueva señal de unidad, pero el regreso de los bloqueos a los pasos fronterizos en Entre Ríos representa otro palo en la rueda que frena el avance del bloque regional. En esta oportunidad, el Gobierno argentino sostuvo públicamente que se opone a los cortes. La administración de Tabaré Vázquez reconoció de buen grado ese cambio de postura de la Casa Rosada, pero la verdad es que la acción de los vecinos de Gualeguaychú y Colón no hace más que agigantarle las dudas que ya tiene sobre la conveniencia de atar su destino al Mercosur.
De todos modos, en Montevideo siguen reclamando que el Gobierno kirchnerista libere el tránsito sobre las rutas 135 y 136. La Justicia ya dio señales en ese sentido: advirtió que en esta ocasión los asambleístas serán filmados para su posterior reconocimiento en caso de que se abra una causa judicial.
Los asambleístas, por su lado, están furiosos porque consideran -no sin alguna dosis de razón- que el Banco Mundial está jugando abiertamente a favor de la instalación de las papeleras sobre el Río Uruguay. La presencia de un técnico que había trabajado para Botnia entre los peritos que hicieron el informe de impacto ambiental parece confirmar esas sospechas.
En el campo opositor las cosas no están mucho mejor, sobre todo para Roberto Lavagna. Su indefinición sobre la candidatura presidencial desconcierta a muchos dirigentes radicales, que para colmo se irritaron mucho con algunas declaraciones del ex ministro que los ponía en el íncomodo lugar de los oportunistas.
A sabiendas de esta situación, que puertas adentro de la UCR está favoreciendo al sector que pugna por llevar un "candidato propio" a las presidenciales de 2007, Elisa Carrió dosificó su aversión por las alianzas y sostuvo durante un plenario del ARI en Córdoba que está dispuesta a juntarse con aquellos radicales que "no se vendan".
Y dijo que comenzará a evaluar esta alternativa en diciembre próximo. Tal vez ese plazo impuesto por Carrió obligue a Lavagna a definirse antes de fin de año.
Como sea, el panorama político está siendo dominado actualmente por el peronismo, en su variante kirchnerista. Los incidentes producidos en el Hospital Francés asemejaron esta nueva versión justicialista al menemismo de los años 90 -como no acordarse de los "batatas"-, pero a su vez la política económica es cada vez más parecida a la del peronismo histórico.
Esa síntesis, con toda la simbología que carga consigo, se verá reflejada este martes, cuando finalmente se concretará el traslado de los restos de Perón a la quinta histórica de San Vicente. Sucederá el mismo día en que se cumplirá un mes de la enigmática desaparición de Jorge Julio López.



