La Plata (Especial para NA, por Marisa Alvarez)-- Al final, el forcejeo que, dentro del oficialismo provincial y con la Legislatura como epicentro, se desató en torno de un par de leyes decisivas para que la administración de Felipe Solá termine el año sin incendios financieros, se resolvió en favor del Poder Ejecutivo.
Las normas fueron sancionadas en la madrugada del jueves al cabo de un día de agobiantes tensiones, dejando una sensación de alivio en los hombres del Gobernador e incluso de triunfo en algunos de ellos.
Todo indica, sin embargo, que la soterrada -aunque cada vez menos- confrontación desatada en el mosaico oficialista bonaerense no sólo no cederá por ahora, sino que, en su marco, podría nacer una "nueva alianza" entre sectores internos que tendería a aislar al "felipismo puro".
El aire triunfalista que circuló por la Gobernación en la noche del miércoles hizo que una cena de rutina se convirtiera en una suerte de festejo de la sanción de las leyes de endeudamiento y de nueva reforma fiscal. Celebración en la que -para gusto de algunos hombres no por eso menos felipistas- hubo un exceso de euforia, en la medida que no se focalizó exclusivamente en la obtención al fin de las normas sino, centralmente, en una supuesta victoria política en las internas de la interna desatadas.
EN NOMBRE DE LA GOBERNABILIDAD
Las leyes que habían quedado bajo el fuego cruzado del propio oficialismo eran, nada más y nada menos, que una autorización de endeudamiento al Ejecutivo por 990 millones de pesos y una reforma del Código Fiscal destinada a otorgarle más -y siempre polémicas- herramientas de recaudación a la Provincia.
Sólo con esos instrumentos -más otros todavía en veremos- la administración de Solá podrá cubrir el déficit profundo que arrojarán las cuentas de la Provincia este año y evitar estallidos como los que podrían provocar situaciones tales como la imposibilidad de pagar sueldos en término.
Fue esa condición capital de las leyes en juego en un marco económico tan delicado la que gravitó en forma decisiva para que cedieran las resistencias de grupos del Frente para la Victoria en ambas Cámaras legislativas, y las bancadas del PJ aceptaran aportar sus votos y, aún con fórceps, las normas fueran sancionadas.
Fueron, en suma, la convicción de que se trataba de medidas "imprescindibles para la gobernabilidad" de la Provincia -y la sospecha de que Solá usaría ese factor por acusar a los rebeldes de "no dejarlo gobernar"- los factores clave en las decisiones que se tomaron el miércoles en la Legislatura.
GESTIONES POR AFUERA Y POR ARRIBA
Pero para llegar a ese desenlace la cadena de decisiones arrancó, por supuesto, afuera de la Legislatura, en una jornada en la que los principales referentes del kirchnerismo bonaerense dedicaron varias horas a hablar tanto con sus legisladores como con intendentes que, a esa altura, participaban activamente de la batalla para conseguir, en el marco de las leyes en cuestión, financiamiento extra para sus municipios.
Y fue necesario sobre el final un contacto clave entre el diputado nacional Alberto Balestrini -quien terminó siendo el articulador de la unificación de posturas en los bloques provinciales del FpV-, y el presidente del PJ bonaerense, Díaz Bancalari, quien se ocupó de conseguir que el peronismo aportara sus votos -imprescindibles- en las dos Cámaras, con el trabajo "en el campo" de Juan Garivotto en Diputados y Graciela Giannettasio en el Senado.
En el medio, desde el felipismo fue Solá quien debió ponerse al frente de las gestiones "hacia afuera" de la Legislatura, acompañado desde el gabinete, en lo técnico por el ministro Gerardo Otero y en lo político por Emilio Pérsico; y desde Diputados por el jefe del bloque del FpV, el Chino Navarro, más allá de las dificultades de éste para imponerse hacia adentro de la bancada. El resto de los operadores del felipismo, tanto del Ejecutivo como de la Legislatura, dejó en evidencia que sus puentes con otros sectores del oficialismo y con el PJ están rotos.
LA "NUEVA ALIANZA"
Para los observadores, que el logro del Ejecutivo se limitó a la sanción de las leyes que pedía, se refleja en más de una secuela que dejó el episodio.
Para empezar, hay quienes creen que los contactos de última hora que generó la sanción de estas leyes -y en los que se involucraron, además de Balestrini y Bancalari, Aníbal Fernández, Hugo Curto, Sergio Massa, Carlos Mosse, Julio Pereyra y Alberto Descalzo entre otros referentes- podrían apurar el alumbramiento de la "nueva alianza" que algunos buscan desde tiempo en el oficialismo provincial: la del FpV y el PJ "sin el felipismo".
Quienes alientan ese pronóstico sostienen que, de hecho, la sanción de estas leyes "fue la primera acción concreta de esa alianza". Y el PJ no dejaría pasar la oportunidad de profundizar el camino iniciado. Hasta donde se sabe, el consejo de conducción de esa fuerza tendría anotado un punto llamativo en la agenda de su plenario de mañana: "establecer un sistema de relaciones con el FpV para la gobernabilidad en la Provincia".
PASANDO LISTA
"La no inclusión del felipismo en ese enunciado es obvia: son sus representantes los que no van a las reuniones, de modo que se trata de una autoexclusión; ya asisten desde hace rato los consejeros kirchneristas que responden directamente a la Rosada y participan también hombres de confianza del Presidente que no son siquiera consejeros, como Pereyra".
Claro que tampoco van más a las reuniones del PJ los lavagnistas, como Juanjo Alvarez (y tampoco Chiche Duhalde, valga aclarar para completar la ficha). Por éso hay otro punto anotado en la agenda de mañana: "articular la relación con el gobierno nacional, para participar activamente de su defensa ante los ataques cada vez más duros -se escribió- de la oposición".
CONFLICTOS AGRAVADOS
La sanción de las leyes clave dejó, por lo demás, agravado el conflicto con intendentes propios y ajenos, que reclaman crecientemente una asistencia financiera de la administración provincial que en la Gobernación sostienen no poder darles.
Y no mejoró ni un milímetro la relación quebrada entre la Gobernación y sus operadores legislativos con los diputados del propio kirchnerismo, que hablan de "destrato" y exigen "diálogo y participación". Un planteo que comenzaron a profundizar también los legisladores del PJ, que sostienen que "mientras nos piden el voto para sacar las leyes que necesitan, los ministros de Solá van a nuestros distritos a declararnos la guerra".
Está claro que, al margen de una larga lista de factores específicos para la discordia, en el medio de tantos cruces, tensiones y broncas, siempre está -como el sol- el intento reeleccionista de Felipe Solá.
Ese objetivo empezó a correr contrarreloj, si el Gobernador se propone cumplir con el plazo que se puso hace unos días ante senadores e intendentes del FpV, a quienes les dijo que piensa tener definido "para el 30 de noviembre" -consulta a la Justicia mediante- si está habilitado o no para postularse a la reelección.
"Mientras tanto, el candidato a gobernador soy yo", disparó el viernes, como para no permitir que el tema desaparezca del plano público.
CASO CERRADO
En ese marco, el que quedó sumergido en estos días bajo una ola gigante de rumores es el propio gabinete provincial.
El "caso Randazzo" parece definido. "Es sólo cuestión de tiempo", dicen cerca del Gobernador acerca de la salida del ministro de Gobierno. "Florencio ya está afuera", grafican otros, mientras se hace cada día más evidente la pulseada abierta: Solá espera que su ex mano derecha tome él la decisión de irse y éste ha resuelto que se irá cuando se lo pida Solá expresamente.
Las dos partes se van preparando, por las dudas, para el día después. Ya hay un par de candidatos para Gobierno: el titular de Justicia, Eduardo Di Rocco, y Jorge Varela, de Desarrollo Humano, donde podría desembarcar en ese caso el Movimiento Evita de Emilio Pérsico (o él mismo). Y Randazzo tiene dos lugares "esperándolo" en el gobierno nacional -donde le habrían puesto como condición, justamente, que no bandone el gabinete provincial hasta que Solá no le pida la renuncia-, uno en el ministerio del Interior y otro en la secretaría general de la Presidencia.
FUEGO EL FUEGO DEL RUMOR
Mientras tanto, en el gabinete provincial todo es tensión. Randazzo ya no va a los actos a los que asiste Solá. Y cada una de las movidas del ministro genera desconfianzas y nuevas broncas. Se comenta con fastidio, por caso, en estos días en la Gobernación una "visita" de Randazzo a Florencio Varela, en la que el funcionario habría prometido una obra de cloacas que Solá pensaba anunciar en un gran acto que viene organizando.
Quizás al fragor del "caso Randazzo", lo cierto es que virtualmente el gabinete todo ha quedado sepultado por una avalancha constante y cambiante de rumores que involucra en salidas o cambios de roles a la mayoría de sus miembros. Figuran en esa danza las carteras de Obras Públicas, Justicia, Educación, Jefatura de Gabinete, Secretaría General y Secretaría Legal Y Técnica, entre otras.
Todo o nada de esa ola de versiones puede ser cierto. Pero a esta altura no sería lo más importante. Parecería tratarse de uno de esos episodios en que los rumores circulan sobre todo por los propios circuitos del poder y someten a tensión constante y a un duro desgaste a todo el equipo de gobierno.



