Buenos Aires (especial para NA por Pepe Eliaschev) - No estaba en los cálculos del Gobierno. Tampoco formaba parte del escenario de expectativas del Presidente. Pero después de lo que sucedió el jueves en la Plaza de Mayo se puede percibir un humor diferente en la discusión política nacional.
Si algo denotaban las imágenes de la Plaza a partir de la caída del sol de ese día fue que un vocerío determinado de sociedad civil emergía a través de millares de personas congregadas por Juan Carlos Blumberg y que respondieron de manera insólita, espontánea, serena.
La gran sorpresa es lo que se dijo y lo que se hizo desde el escenario, espacio en el cual la figura carismática del rabino Sergio Bergman articuló los conceptos más trascendentes y filosos de la velada.
En la época de los superpoderes presidenciales, Bergman dijo que "las instituciones republicanas, que deben proveernos a todos los ciudadanos por igual las garantías básicas del derecho constitucional, de la seguridad, de la paz, de la justicia, de la equidad, de la dignidad de ser argentinos, son amenazadas en un proyecto que se parece más a una monarquía constitucional que a la participación de todos y cada uno de nosotros, en aquellos que votamos y que ahora tenemos que sostener". Palabras duras pero difíciles de cuestionar.
En alusión a la bandera de los derechos humanos, una de las marcas registradas de la personalidad mediática del Gobierno, Bergman acusó: "no se quiere reconocer que la seguridad es también un derecho humano, que los derechos humanos no son de derecha o de izquierda, los derechos humanos son de la ciudadanía y son garantías de la Constitución Nacional".
Esos derechos humanos, advirtió, "no tienen que ver con el pasado triste que no olvidamos, porque el pueblo sabe de qué se trata, pero también quiere saber de qué se trata porque sin seguridad no tenemos posibilidad de una República y podemos volver a la violencia, al terror y horror que ya vivimos y tanta sangre nos costó".
Todo el mecanismo de captura y concentración del poder por el actual Gobierno fue descripto en términos muy duros por Bergman. "El poder es para servir y no para servirse, no para acumularlo, sino para repartirlo en las instituciones que nos garantizan a cada uno de nosotros vivir en paz, tener justicia y tener la
seguridad que la Constitución nos da" recordó.
¿Que está sucediendo ahora en la Argentina? El rabino aseguro que hoy "se hace de la Constitución un mamarracho para perpetuarse indefinidamente en el poder en lugar de servirse de la Constitución Nacional, en valores que nos va hacer un país digno que soñaron nuestros inmigrantes y los hombres y las mujeres de la patria". Advirtió, además, que "el poder fue delegado y no le pertenece a nadie sino a las instituciones que nos representan a todos".
Algunas horas antes de que decenas de millares de personas llenaran la Plaza de Mayo, una de las dirigentes políticas más estrechamente identificadas con el presidente Néstor Kirchner, Hebe de Bonafini, reunió a un puñado de seguidores en el mismo lugar y dictaminó que "los cobardes que apoyaron la dictadura, los cobardes que nunca vinieron, hoy se quisieron apoderar de la Plaza". Bonafini sembró cizaña en el kirchnerismo y enfrentó al ministro del Interior, Aníbal Fernández, que valló gran parte del paseo, con el jefe de Gobierno de la Ciudad, Jorge Telerman: "por suerte el Gobierno de la Ciudad andó su gente y en buena parte desalojaron la Plaza para que las Madres pudiéramos marchar".
Luego, Bonafini hizo anuncios de especial gravedad. Es bueno registrarlos: "las Madres vamos a marchar pese a todo y contra todo. Y los Blumberg y su cría van a venir hoy y no van a poder venir cada jueves porque, primero, no tienen pelotas ni bolas y después, porque esto es una presentación de Blumberg para ser candidato de los fascistas, de los nazis, de las multinacionales, de los milicos que apoyan la dictadura, de la Iglesia fascista, candidato de muchas escuelas religiosas, candidatos de todos los que tengan a la Plaza hoy, que son todos aquellos que hoy queremos y pretendemos condenar como corresponde". Después, ya sin eufemismos, habló con claridad: "Y a eso le tienen miedo. No se bancan que todos vayan a caer, tarde lo que tarde, pase lo que pase, bajo el brazo de las Madres y de la Justicia".
Para Bonafini y varios funcionarios del Gobierno porteño, como la ministra Gabriela Cerruti, Lito Borello y Juan Pablo Cusa (coordinadores de Políticas Sociales Urbanas) y Alejandro Mosquera, jefe de gabinete de la ministra Cerruti), "la marcha convocada por Blumberg es una plataforma de lanzamiento de un proyecto político e ideológico que tiene como fin la reconstrucción tanto del discurso como de la representatividad de la derecha política, económica y cultural, que no se resignan a que el proceso de transformación de nuestro país avance en un sentido de mayor equidad, con justicia social y libertad".
Desde esta óptica ideológica, lo que la gente convocada por Blumberg procura es "esconder la verdadera discusión sobre las víctimas de un sistema económico que imperó durante la década pasada aplicando las recetas más ortodoxas del neoliberalismo, dejando a un país quebrado, con miles de hermanas y hermanos sin posibilidad alguna de inclusión".
Lectura lisa y vulgar, a esa muchedumbre angustiada por el delito, los organizadores de la marcha oficialista encabezada por Luis D’Elía la definieron en términos de notable simpleza.
Dijeron: "la derecha lanza a la política a Blumberg utilizando el discurso de la seguridad. El miedo es una cárcel sin rejas que paraliza y ellos lo utilizan. Rechazamos con fuerza la ‘mano dura’ porque representa la represión contra la vida y la libertad".
El gran problema de D’Elía y el funcionario del gobernador Felipe Solá que también habló, Emilio Pérsico, es que la marcha de Plaza de Mayo careció por completo de ribetes y reclamos de tipo "procesista". No solo el rabino Bergman es un reconocido referente de la lucha por los derechos humanos, sino que la columna vertebral del petitorio que se intentó, en vano, entregar a Kirchner no se caracteriza por abundar en contenidos "represivos".
Desde el escenario varios padres de víctimas de secuestros y asesinatos pidieron urbanizar villas de emergencia, investigar a corruptos jueces federales; contener, educar y sostener la infancia y la adolescencia de las barriadas humildes; sostener y proteger el estado de derecho, evitar reformas penales
atropelladas que favorezcan la inopinada excarcelación de delincuentes.
Hasta el jaqueado ministro de Seguridad de Solá, León Arslanian, admitió después del acto que "la seguridad es un bien preciado y es lógico que haya una demanda en ese sentido. Nosotros hemos trabajado sobre las consecuencias y hemos trabajado poco en las causas".
Arslanián aceptó que la convocatoria de Blumberg "fue significativa, con una importante cantidad de personas que demandan más seguridad y tienen derecho a hacerlo".
El acto del Gobierno montado en el Obelisco porteño dejó, en cambio, heridas importantes en el campo al que se suele llamar"progresista".
El premio Nobel de la Paz Adolfo Pérez Esquivel no ahorró improperios contra el ex piquetero D’Elía, al que acusó de haber querido "adueñarse" de la contramarcha y lo acusó de "especulador y arribista". D’Elía, dijo Pérez Esquivel, "trata de utilizar las cosas en su propio provecho y el del Gobierno".
Blumberg había sido explícito al comparar la decisión política de Kirchner para lograr los objetivos que le interesan, respecto de otros que no parecen motivarlo tanto.
"Cuando el Gobierno quiere cosas, las consigue", dijo.Ejemplificó: "cuando quiso los superpoderes o la reforma del Consejo de la Magistratura los consiguió".
No pasó inadvertido para los analistas que la Plaza de Mayo se puso a disposición del Gobierno al cumplirse sus primeros tres años de gestión, pero ahora se armó una "contramarcha" obviamente apoyada por la Casa Rosada para esmerilar a Blumberg y, sobre todo, a quienes encuentran en ese espacio un referente ante el duro sistema presidencial.
"Mientras las marchas se hacían al Congreso y al Palacio de Justicia no había problemas, pero ahora que se hizo a la Plaza de Mayo parece que es un territorio que no es de los argentinos", dijo Blumberg.
Las "contramarchas" son una de las especialidades del oficialismo: ya le hicieron una al presidente George Bush en la Cumbre de las Américas de Mar del Plata, y otra cuando vino Fidel Castro a Córdoba este año.
Ahora se producen cambios nada desdeñables. Lo de Blumberg es apenas un indicio sintomático. Una importante y alentadora cuota de coraje civil revitaliza las aguas de la política y responde de manera desconcertante a un Gobierno que ha creído hasta ahora estar a salvo de todo.



