Buenos Aires, (Especial para NA, por Daniel Casal) En pocos días se desdibujaron varias de las promesas de unidad en el Mercosur que se habían lacrado con escaso fuego en la cumbre de Córdoba de la semana pasada.
Es que el conflicto con Chile por el gas se potenció de tal forma que volvió a amenazar la relación bilateral que tanto esfuerzo llevó en dos países separados algo más que por la cordillera: por la desconfianza.
Hace un par de años se había llegado al convencimiento que estos dos vecinos debían consolidar una alianza estratégica a pesar de tantos desencuentros históricos.
Cuando asumió, lo primero que hizo Michelle Bachelet fue visitar la Argentina para sellar esa asociación y hasta participó de actos en Buenos Aires junto al presidente Néstor Kirchner.
Parecía que habían quedado atrás los roces que provocaron las interrupciones de gas en el pico de la crisis energética argentina.
Pero ahora llegaron los aumentos del gas y también del combustible en la frontera, y el gobierno de aquel país volvió a quejarse por los acuerdos de palabra incumplidos.
No es que se hayan mentido en Córdoba, lo que sucede es que no se tiraron todas las cartas sober la mesa y al final se jugó al engaño.
Es que Néstor Kirchner le prometió a su colega el gas a 4 dólares el millón de BTU, pero ninguno especificó qué pasaba con la carga impositiva y el costo del transporte en la frontera.
Igual, para Chile sigue siendo un gran negocio el gas argentino y lo ha ayudado mucho en la últimas décadas para afianzar su crecimiento.
Vaya paradoja, el tan elogiado "modelo chileno" tuvo siempre como una de sus patas la energía subsidiada de la castigada Argentina.
Ahora, la búsqueda allí de fuentes alternativas de energía es una causa nacional con el fin de liberarse de "la eterna imprevisibilidad" de los habitantes de turno en la Casa Rosada.
Ante la urgencia del caso, Chile podría hasta evaluar una opción de salida al mar de Bolivia, país al que desairaron en más de un siglo de historia.
Otro problema que no encuentra solución en la vecindad es de las papeleras con Uruguay, a pesar de los puentes tirados por Tabaré Vázquez a partir del fallo a favor en La Haya.
La posición de máxima del gobierno es que Uruguay acepte el traslado de esas empresas, algo impensado por el gobierno frenteamplista.
Tabaré hizo en la Argentina la semana pasada en Córdoba su apuesta de máxima de que levantará las pasteras si es que se comprueba la contaminación.
Pero, de este lado, se continúa con las declaraciones de acento beligerante cada vez un funcionario enfrenta a los vecinos de Gualeguaychú, como ha pasado en los últimos días con el canciller Jorge Taiana.
Influye en esa posición que no se quiere dejar ningún cabo sin atar en el electorado con vistas al comicio del año que viene, a pesar que el horizonte no le presenta aún nubes de tormenta al Gobierno.
Es que Elisa Carrió dejó de dar señales de vida luego de haber anunciado su paso al costado en el ARI; Mauricio Macri no decidió si disputará la Presidencia o la Jefatura de Gobierno porteño; y Roberto Lavagna sólo emite mensajes difusos.
En el marco de este desalineado escenario opositor, Carrió dio libertad de acción en el ARI, pero su partido entró en un debate interno sin un claro destino.
Macri sigue tironeado en el PRO por los que quieren que dispute la presidencial, aunque sea para acumular poder con vistas a cuatro años, ya que la juventud del presidente de Boca le permite soñar con convertirse en opción en otro turno electoral.
En forma pausada recorre distintos puntos del país y saca rédito de su posición de presidir el club más popular del país.
El dilema aparece cuando los que quieren que se presente en la Capital le acercan encuestas que le dan una intención de voto con un piso del 40 por ciento, una muy buena base con vistas al año próximo.
Tampoco apareció todavía en la geografía política porteña alquien que pueda remontar esa cuesta.
Y el kircherismo o el albertismo capitalino no se deciden a ungir como candidato al vicepresidente Daniel Scioli, quien aparece bien posicionado en los sondeos de opinión.
Hay dirigentes del centroderecha que sueñan con una alianza entre Macri y Roberto Lavagna para que encabecen las boletas porteña y nacional en forma respectiva.
Lavagna mantiene la cautela en cada paso y sólo dará a conocer su tejido político cuando esté consolidado.
Es que sabe muy bien que su lanzamiento formal será recibido desde el oficialismo con una lluvia de granizo peor a la que azotó el jueves a la Capital.
Una muestra de ello resultó una lista que apareció en algunos medios cercanos al Gobierno de supuestos colaboradores suyos que no resisten ningún juicio de la historia.
Se encuentra trabajando sí en forma estrecha con los diputados Jorge Sarghini y Francisco De Narváez, un empresario millonario devenido en político y que seguramente aportará financiamiento a la campaña del ex ministro.
Ellos formaron parte de la importante cantidad de dirigentes lavagnista y macristas que coincidieron hace unas horas en el cumpleaños del legislador Cristian Ritondo, celebrado en el coqueto barrio Las Cañitas.
Allí hubo claras muestras de fe hacia esa alianza y hasta un desbordante entusiasmo por acortar la brecha de votos que los separa del kirchnerismo.
Según decían allí, el oficiaismo está perdiendo peso específico en las encuestas y de aquí a fin de año se desinflará aún más por algunos temas denominados "antimediáticos", como el debate de los superpoderes en Diputados y de la desempolvada Ley de Radiodifusión.
Por supuesto que el análisis en el gobierno no es el mismo ya que haberse asegurado en forma definitiva los votos de siete diputados seguidores del bonaerense José María Díaz Bancalari, le garantizaría un tratamiento rápido y efectivo de los proyectos en cuestión.
Los que están algo nerviosos por los prolongados silencios de Lavagna son los radicales, porque los que impulsan su candidatura querrían llevar la propuesta concreta a la Conveción partidaria prevista para el 23 de agosto en Rosario. De lo contrario, asistirán con las manos vacías
Es que los radicales quieren ir ganando cuanto antes el terreno y los dirigentes perdidos, ya que un cálculo lineal indica que los gobernadores e intendentes ucerreístas cercanos al Gobierno le aportarían a Néstor Kirchner el 30 por ciento de votos del padrón.
Mientras tanto, Lavagna sigue ganando voluntades en forma sigilosa y hasta sus equipos técnicos trabajan en propuestas.
Por ejemplo, frente al paro del campo que pegó tan fuerte en el ánimo del Gobierno encargó a su especialista, el ex subsecretario Claudio Sabsay, un informe acabado de la situación del campo.
Hubo satisfacción y gestos triunfales en Confederaciones Rurales Argentinas por la repercusión que tuvo su paro de cuatro días, medida que podría repetirse si así lo decide su asamblea la semana próxima.
Como muestra de la contundencia del paro, los dirigentes ruralistas destacaban que extrañamente no salió nadie del gobierno a pegarle sin piedad, ni Néstor Kirchner en la noche que fue anunciado el Plan Ganadero, ni su habitual primera línea de combate verbal, como Alberto y Aníbal Fernández y el piquetero-funcionario Luis D´Elia.



