Buenos Aires (Especial de NA, por Mariano Spezzapria)
Néstor Kirchner no eligió a Elisa Carrió, ni a Mauricio Macri y mucho menos a Carlos Menem para confrontar ideas con la oposición.
El Presidente replica palabra a palabra a su ex ministro Roberto Lavagna, aunque nunca lo mencione con nombre y apellido.
La política comienza así a girar -con alguna premura, más de 15 meses antes de la elección presidencial de 2007- en torno a dos figuras centrales, Kirchner y Lavagna, pese a que aún el ex ministro no comunicó públicamente su determinación de ser candidato presidencial.
Hasta el momento, pese a que ambos se esfuerzan por diferenciarse, las diferencias realmente no son notorias. Es que parte de la estrategia de Lavagna pasa por cuestionar el "estilo K" -con sus polémicas señas particulares-, pero evita presentarse como una "revolución copernicana" para el país.
Kirchner, por su lado, toma elementos del discurso de Lavagna -entre ellos el que cuestiona el intervencionismo estatal- para mostrarse a la izquierda de su ex ministro, pero lo cierto es que maneja con rigor la economía y la inversión pública es más promocionada que concretada.
Pero el jefe de Estado no toma a Lavagna como "el opositor" solamente para confrontar ideas: también sabe que el ex ministro de Economía -y los sectores que se están nucleando a su alrededor- buscan que sea Kirchner el candidato oficialista en 2007 y no su mujer Cristina, como especula el Gobierno.
"La idea es abortar el proyecto del pingüino o la pingüina. Es decir, que sea Kirchner el candidato en 2007, porque si es
Cristina el pingüino intentará un tercer mandato en 2011", confió un dirigente de los que trabajan para la candidatura presidencial de Lavagna.
Por cierto, la intención de los flamantes "lavagnistas" no es sólo aportar al mejoramiento del sistema político presentando un candidato de jerarquía: la historia muestra claramente cómo se deteriora el poder de un presidente que no tiene posibilidad de aspirar a la reelección.
Pasó con Perón en los 50, con Alfonsín en los 80 y con Menem en los 90. Y el cálculo de los "lavagnistas" -los menos eufóricos, los más racionales- es que pase eso con Kirchner entrado el año del Bicentenario.
Esta estrategia de largo plazo no quita, sin embargo, que los radicales -con los alfonsinistas a la cabeza- y los ex duhaldistas del grupo "El General" no se hayan fijado como objetivo ubicar a
Lavagna en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales del año próximo.
La idea central para estos sectores pasa, entonces, por polarizar la confrontación política entre Kirchner y Lavagna.
Hasta el momento, el Presidente viene siendo funcional a esa estrategia, con lo que exhibe una confianza que se multiplica por mil entre sus colaboradores más cercanos.
Por eso Kirchner intensifica sus contactos con los radicales que le son afines -como el gobernador de Mendoza, Julio Cobos- y se permite darle aire a distintos proyectos reeleccionistas de gobernadores propios, como el tucumano José Alperovich, el misionero Carlos Rovira y tal vez el bonaerense Felipe Solá.
Y sigue mostrando la carta de Cristina Kirchner, pese a que sabe que el proyecto de Lavagna condiciona esa posibilidad.
Después del Mundial de fútbol que se disputa en Alemania comenzará a correr el tiempo de las definiciones.
Ya son muchos los que esperan que el ex ministro de Economía comunique para mediados del mes próximo si será candidato a presidente en 2007.



