Buenos Aires, (especial para NA por Pepe Eliaschev) A pocas horas del fatídico resultado del partido contra Alemania, cuando el país solo pensaba en seleccionado de fútbol, la Casa Rosada comunicó subrepticiamente su propósito de manejar el presupuesto nacional sin intervención del Congreso, pero, eso sí, autorizado ahora por una ley que sancione tamaña desmesura.
En las últimas horas del jueves 29, luego de abrochar un acuerdo electoral tácito con cinco de los seis gobernadores radicales que de ese modo resolvieron sus vidas arreglando con el
Presidente, el Gobierno emitió sin mayores aclaraciones un proyecto de ley que modifica el artículo 37 de la ley 24.156 de administración financiera de la Nación.
Si el Congreso, como sucede hace tiempo ante la cómoda mayoría oficialista, acepta la imposición, a partir de ese momento Alberto Fernández podrá disponer ya de manera permanente las reestructuraciones presupuestarias que considere pertinentes a sus ideas. Vale la pena consagrarle un párrafo a la enormidad a punto de consumarse.
Ese artículo 37 determina que en la Argentina es el Poder Legislativo Nacional quien retiene la facultad de tomar decisiones "que afecten el monto total del presupuesto nacional y el monto del endeudamiento previsto, así como los cambios que impliquen incrementar los gastos corrientes en detrimento de los gastos de capital, o de las aplicaciones financieras, y los que impliquen un cambio en la distribución de las finalidades".
El Poder Legislativo Nacional, bien entendido, es la expresión democrática derivada del voto popular. Trasladar por ley la facultad presupuestaria a un funcionario que emite decisiones administrativas imposibles de auditar, se preguntan muchos, ¿no implicaría un apartamento grueso de la letra y el espíritu de la Constitución?
El proyecto presidencial que la mayoría oficialista debe aprestarse ahora a digerir, designa a Fernández como "la" persona autorizada a disponer cambios en el destino del gasto, eso sí dentro del total aprobado por el Congreso.
Ejemplo: el Congreso aprueba gastar 1.000 pesos, de los cuales 300 en justicia, 400 en salud, 100 en seguridad, 100 en seguridad social y 100 en educación. Si esta ley es aprobada por el
Congreso, el Dr. Fernández podría usar esos 1.000 pesos, pero ahora gastando 100 en justicia, 300 en salud, 400 en seguridad, 125 en educación y 75 en seguridad social. Los mismos 1.000 pesos, sí, pero con la absoluta autoridad de modificar intenciones y objetivos, con lo cual -si todo esto marchara así- el Congreso deviene en un mamarracho imposible.
La mañana del día en que se presentó esta innovación que eternizaría los superpoderes presidenciales, el oficialismo juntó varias cabezas significativas en el porteño Parque Norte.
Convocados por el llamado kirchnerismo porteño se dieron cita variados exponentes del peronismo disciplinado ahora por el
Presidente, incluyendo nuevas esperanzas de renovación metodológica como Alberto Samid, Armando Cavalieri y Juan Pablo Schiavi.
Samid es un hombre del negocio de la carne que apoyó con entusiasmo a Menem y a Saddam Hussein en los años ’90, Cavalieri es paradigma perenne de los "gordos" gremiales y Schiavi reporta ahora a Jorge Telerman, después de haber trabajado con ahínco para Carlos Grosso y Mauricio Macri en un pasado nada remoto.
Quiso la vida que un día antes de sentar a cinco gobernadores radicales a la mesa de los arreglos presidenciales, un incidente con mucho de sainete y algo de tragedia anticipara el sentido verdadero de la concertación plural que orquesta el Gobierno.
El miércoles 28 se recordaban los 40 años del derrocamiento del gobierno constitucional de Arturo Illia, un "golpe contra la democracia", tal como lo recordó con impecable contundencia EL
DÍA de La Plata esa misma mañana.
Se conoce la historia. Raúl Alfonsín, los hijos de Illia y unos 50 militantes radicales rindieron homenaje en la Catedral al expresidente, que falleció en 1983, y cruzaron luego la Plaza de Mayo, para dejar una corona de flores ante el busto del hombre derrocado por la conjura militar-sindical-empresaria de 1966. No pudieron entrar a la Casa Rosada, porque supuestamente no habían sido previamente autorizados.
El presidente de la UCR bonaerense, el intendente de Saladillo, Carlos Gorosito, explicó en un terso informe que no había sido así. Gorosito sostuvo que el viernes 23 había solicitado hablar telefónicamente con el Ministro del Interior Aníbal Fernández, ("con quien nos conocemos"), o con alguna persona de su confianza. Dice Gorosito: "fui derivado a una persona del Ministerio del Interior, que dijo ser su secretaria, de nombre Vanina, quién me indicó que debía enviar la solicitud por correo electrónico a la casilla personal del Ministro, que era (dicho por esta persona) anibalfernandez@infovia.com.ar, la misma se hizo a las 13:10 horas y además se reenvió a la casilla personal de la persona que atendió nuestra solicitud vanina902@hotmail.com."
Continúa: "al no recibir respuesta, el lunes 26 nos volvemos a comunicar telefónicamente y reenviamos el e-mail a la casilla del Ministro, a la de su secretaria y además a info@mininterior.gov.ar y a la sección escríbale al Ministro que figura en la página Web del Ministerio". Le dijeron a Aníbal Fernández que "con motivo de cumplirse el próximo 28 de junio el 40º aniversario del derrocamiento del ex presidente constitucional Dr. Arturo Illia, se celebrará, a las 12.30 hrs. de ese día, una misa en su memoria en la Catedral Metropolitana.
Una vez culminada la misma, el radicalismo bonaerense tiene la intención de colocar una ofrenda floral en el busto del ex
Presidente ubicado en la Casa Rosada. En consecuencia, por medio de la presente, le solicitamos a Ud. y por su intermedio a quien corresponda, la autorización para la colocación de la misma".
Alfonsín y su grupo no pudieron entrar a la Casa Rosada. Aníbal Fernández dijo a la mañana siguiente por radio que si bien Alfonsín "tiene que gozar de respeto", le parece que "fue una confusión", pero que "los que participaron del acto, que duró dos minutos, lo hicieron más como una operación de prensa" Y remató "hablé con Margarita (Ronco) y Alfonsín, porque lograron
mostrarse victimizados, que era lo que querían".
En la misma sintonía de Aníbal Fernández, pero con su característico lenguaje, se expidió Hebe Pastor de Bonafini. "Yo a Illia lo respeto mucho. Es un tipo a quien siempre quise mucho, me pareció un gran presidente, a lo mejor con poco ánimo, pero un hombre muy honesto y muy serio" se atajó la mujer, pero enseguida blanqueó su espíritu verdadero. Dijo, ella que siempre reivindica a los revolucionarios de los años ´70: "no vino Alfonsín solo, y en una Casa de Gobierno uno no puede entrar en batahola".
Admite Bonafini que "está bien, estuvieron mal, no los dejaron entrar". Pero, ya en el plano de sus habituales reflexiones filosóficas, al hablar en público en Plaza de Mayo y según la versión difundida por el grupo llamado Madres de Plaza de Mayo, la mujer enfatizó: "que los radicales se dejen de hinchar las bolas, que nunca hicieron nada y que nunca dejaron entrar a las
Madres a la Casa de Gobierno. ¿Qué critican? Ellos nunca dejaron entrar a nadie, y ¿ahora se rasgan las vestiduras? Nos acordamos muy bien cuando no nos dejaron entrar, muchísimas veces a muchos.
Ahora, ¡que se la banquen!".
Como sucedió el 24 de marzo de 2004, cuando dijo en la ESMA que la democracia hizo silencio durante 20 años en materia de derechos humanos y luego, mortificado, llamó a Alfonsín para pedirle disculpas, el Presidente reiteró ahora el procedimiento.
La tarde del 28 el teléfono del departamento de la avenida Santa Fe donde vive desde siempre el ex presidente sonó y el Dr. Kirchner se excusó con la persona que la guardia de la Rosada había bloqueado.
Lo que resulta evidente es que el Presidente no tenía pensado ni recordar ese golpe militar ni desagraviar a aquel presidente derrocado, mientras preparaba arreglar con los cinco mandatarios provinciales seducidos.
Connotados defensores del gobierno y gente de a pie que solo tiene gratitud y reconocimiento para con lo que perciben como una gestión exitosa, se han preguntado estos días en público por estas actitudes y por el cerrado dogmatismo que exhiben.
Impresionó, por ejemplo, que un destacado periodista que es, en esencia, un admirador del Dr. Kirchner, haya dicho en público que "en el gobierno nacional hay prepotencia y estupidez en algunas actitudes".
¿Cuánto de estupidez? ¿Cuánto de prepotencia?



