Buenos Aires, (Especial de NA por Martín Hermida)- El presidente Néstor Kirchner llevó hasta el extremo la fugaz visita a Buenos Aires de su par de Bolivia, Evo Morales, y el acuerdo alcanzado por el precio del gas que vende ese país a la Argentina, sumándole a la escenografía un acto con el mandatario vecino en el conurbano, con tribuna, palco y multitud incluídos.
Con ese gesto, el mandatario argentino quiso dar señales hacia adentro y hacia fuera, una semana después de haber defendido en España, durante su visita a ese país, a su colega y amigo Morales en el Congreso y ante empresarios ibéricos, deseosos de descifrar la incógnita de Evo.
Y también se suman a estos gestos el apoyo explícito que Kirchner le dio esta semana a su colega de Brasil –socio principal en el Mercosur y aliado "estratégico", como les gusta decir a los hombres de la Cancillería-, Luiz Inacio Lula Da Silva, lanzado a la carrera por la reelección en los comicios de octubre próximo.
¿Qué busca el Gobierno con estos gestos? Por el lado de Brasil, cerrar filas con el socio "privilegiado", ratificar la buena sintonía que hoy en día campea en esa relación y subrayar fronteras afuera que el liderazgo de la región lo están buscando, conjuntamente, los gobiernos de estos dos países.
Y por el lado de Bolivia y Evo Morales, dar señales de tranquilidad y previsibilidad para toda la región, ya que un eventual conflicto o desacuerdo por el tema gasífero hubiera implicado no sólo un problema de abastecimiento para la Argentina (desde el Altiplano llegan por día casi 8 millones de metros cúbicos de gas), sino también una segura nueva crisis con Chile, que le compra fluído a la administración Kirchner.
Una situación de ese tipo ya se vivió cuando en el país trasandino gobernaba el también socialista Ricardo Lagos (a quien reemplazó Michelle Bachelet) y la crisis energética local obligó a racionalizar las exportaciones: el problema tuvo visos de pelea diplomática y la tensión llegó a límites inesperados.
Más allá del acuerdo con Morales, a Kirchner le interesó especialmente remarcar su buena relación con Lula y expresarle todo su aval para los comicios de octubre, para los que el presidente brasileño aparece bien perfilado y con chances de imponerse incluso sin ballotage.
"No tengo ninguna duda de que este proceso de integración se va a consolidar en el segundo período de Lula, que la mayoría de los argentinos esperamos", dijo el Presidente durante el acto en el cual se firmó el nuevo acuerdo automotor con Brasil. Y agregó: "Hay muchos que apuestan a que en vez de que la Argentina y Brasil se encuentren, Argentina y Brasil se desencuentren en el marco del Mercosur".
Mientras se producían todos estos movimientos en Buenos Aires, la agenda de política exterior siguió nutriéndose en los últimos días con una de las polémicas que se muestran más irresueltas e inasibles para el país: la cuestión Malvinas.
A la promocionada decisión argentina de "endurecer" el discurso basado en el reclamo de la soberanía sobre las islas, le siguió el correlato británico: desde Londres insistieron en extender los plazos de otorgamiento de licencias de pesca y de exploración petrolera en la zona del archipiélago, por períodos que llegan hasta los 25 años.
Para el presidente de la Comisión de Relaciones Exteriores de la Cámara de Diputados, el oficialista Jorge Arguello, se están tomando del lado británico "decisiones que son ilegítimas". Y por eso mismo admitió la "preocupación" que se evidencia en las primeras líneas del Gobierno.
También desde Londres, en medio de esta guerra de declaraciones y toma de posiciones, anunciaron que una de las compañías que cuenta con licencia para la exploración de hidrocarburos, Rockhopper Exploration, estableció, según los resultados preliminares de un estudio, que en las aguas del norte de las Islas hay "indicadores positivos de la presencia de hidrocarburos".
Como parte de la "movida" que impulsa el Gobierno en torno a este tema, en el Congreso Nacional lanzaron formalmente el denominado "Observatorio Parlamentario sobre la Cuestión Malvinas".
Se trata de un emprendimiento en el que confluyen 7 representantes de la política y otros tantos del mundo académico que intentará, entre otras tareas, "tomar contacto con los distintos parlamentos, empezando por los de la región, llevando la posición argentina sobre la cuestión Malvinas".
Como parte de esa tarea, está previsto desarrollar un DVD, junto con el Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales (INCAA), con información sobre el reclamo que Argentina viene sosteniendo, el cual se entregará tanto a quienes realicen visitas oficiales a la Argentina como a los diferentes destinos que los parlamentarios y gobernantes nacionales visiten.
Las jugadas están planteadas. Desde Londres le otorgan preeminencia a la posición de los isleños y a la faz económica (exploración y explotación petrolera y pesquera). Desde Argentina, insisten en que habrá mayor "dureza" a la hora de hablar del tema ante cada foro externo o interno.
Lo cierto es que la cuestión sigue siendo una espina clavada en el corazón de la relación entre Argentina y Gran Bretaña, hoy en día más cercana al freezer que a la mesa de negociaciones.



