Buenos Aires (especial para NA por Pepe Eliaschev) Es una compulsión de la que no quiere liberarse. El Gobierno se desenvuelve en un clima de perenne fricción, como si la armonía o los consensos fuesen opciones extravagantes y deliberadamente descartadas. Infinidad de ejemplos exhiben la pertinaz tendencia oficial a manejarse con el mayor grado de conflictividad posible.
¿Había necesidad, por ejemplo, de reescribir el "Nunca más" de 1985? Solo el irredentismo virulento de quienes nada tienen que autocriticarse por lo actuado en los años 70 puede llevar a esta maniobra típica de la Unión Soviética de la era de Stalin: le agregaron al prólogo escrito por Ernesto Sábato hace 21 años una epílogo kirchnerista, donde se critica al nonagenario escritor, que presidió la Comisión Nacional sobre Desaparición de Personas (Conadep) y entregó en persona el informe final de aquella entidad, fundada por el entonces presidente Raúl Alfonsín, y lo hicieron publicar como si un texto de clara prosapia histórica pudiese ser retocado desde consideraciones políticas actuales.
Al "Nunca más" le hicieron una especie de "lifting" ideológico: según los responsables del penoso episodio, Sábato equiparaba los crímenes de la guerrilla con los del Estado represor y eso merecía una "aclaración".
En materia de derechos humanos, es llamativo el complejo de inferioridad del Gobierno.
Así como el Presidente necesitó decir el 24 de marzo de 2004 en la ESMA que la democracia había hecho veinte años de "silencio" sobre las violaciones a los derechos humanos, para así darle proyección al deprimente descuelgue de los cuadros con las fotos de Videla y Bignone en el Colegio Militar, ahora, con el "refreshing" del "Nunca más", se reitera la noción de reinventar y resignificar la entera lucha de los derechos humanos, que la sociedad civil encaró hace ya más de treinta años, para convertirla en un botín estatal, completamente dominado por el actual gobierno.
Así las cosas, Néstor Kirchner prepara con la minuciosidad que lo caracteriza la virtual coronación del 25 de mayo para la campaña en pro de su reelección. Desmentido hasta el cansancio, el proyecto es tan evidente e innegable, que resulta de adolescente omnipotencia imaginar que el Presidente pone su gestión patas arriba para ese día, solo para festejar un nuevo aniversario de la Revolución de Mayo.
Para este proyecto, se están cerrando fisuras: el cardenal Jorge Bergoglio tendrá su Te Deum en la Catedral, como lo exige la jerarquía episcopal, una exhibición oficial de ánimo componedor.
Pero lo que el Presidente tal vez no consiga producir es una perfecta y lubricada armonización entre los diferentes grupos que se disputan la centralidad del acto del jueves 25. Es que, puesta a funcionar la máquina de generar más poder, nadie puede disciplinar enteramente a los diferentes actores, todos ellos inexorablemente desplegados para perpetrar la mayor cantidad posible de obsecuencias, de cara al Operativo Clamor, mediante el cual el Dr. Kirchner no tendría más remedio que seguir gobernando hasta 2011.
Sin embargo, a pesar de extemporáneos gestos de cordialidad civil, prevalecen en la Casa Rosada los mandobles duros y destemplados. En apenas 72 horas, dos misiles envenenados partieron del Ejecutivo, contra las empresas y contra los medios, dos "targets" proverbiales del Presidente.
Uno de los ataques fue del propio Kirchner, que se indignó contra Francisco de Narváez, uno de los accionistas de América TV, y amenazó con "ir contando de a poco" cosas que sabría del empresario y que -asegura- revelará en algún momento, cuando le parezca oportuno.
El zamarreo a Narváez, que es diputado nacional justicialista, se vinculó con el lanzamiento de un programa de TV conducido por los periodistas Marcelo Longobardi y Alfredo Leuco.
De inmediato, el jefe de gabinete de ministros, Alberto Fernández, acusó de "terroristas" a los empresarios que han manifestado agudas quejas contra los proyectos oficiales de reformas a la legislación laboral.
El presidente de la Comisión de Legislación del Trabajo de la Cámara de Diputados, Héctor Recalde, aseguró no haber recibido ningún pedido del Gobierno para dar marcha atrás con el paquete de cambios a normas laborales en tratamiento en el Congreso, pero necesitó marcar que "la legislación de los años 90 no dio como resultado una sociedad sin deuda externa, con pleno empleo, con crecimiento sostenido de la economía y sin precarización laboral".
Antes de que el jefe de Gabinete las acusara casi directamente de "terroristas", los dirigentes de las principales cámaras empresarias del país transparentaron el miércoles, en inusitado documento conjunto, su preocupación por la política laboral de Kirchner. "El sector empresario en su conjunto aspira a contar con un régimen legal cumplible tanto para trabajadores como para empleadores", aclararon nueve entidades empresarias nacionales y siete delegaciones provinciales.
Para los empresarios, estas modificaciones a punto de ser promulgadas "afectan seriamente la actividad económica general y el desenvolvimiento de las pequeñas, medianas y grandes empresas de todo el país".
No fue un documento de circunstancias: es la primera ocasión en que, desde el calamitoso colapso de 2001, casi todo el sector empresario argentino fulmina de manera tan contundente un proyecto oficial, que -por ejemplo- elimina los topes indemnizatorios, o penaliza con un 30 por ciento adicional las indemnizaciones por despidos sin causa.
Para el sector patronal, la reciente modificación al ejercicio de una atribución que le permite a un empresario efectuar cambios de funciones entre el personal, "lleva ahora a su judicialización como nuevo hito de la industria del juicio", así como "el impacto en los costos empresarios que tienen las fórmulas de encarecimiento del régimen indemnizatorio por despido que se proyectan".
Son muchos los episodios que agudizan la sensación mortificante de imprevisibilidad que hace feroz daño a la Argentina. Y en materia de regulaciones y decisiones donde el Estado confronta con los privados, estos rasgos se hacen especialmente notorios.
¿Cómo debe reaccionar, por ejemplo, la francesa Carrefour, que hace pocas semanas compró espacio publicitario para publicar en centenares de miles de ejemplares de un diario de Bélgica las bondades de la carne argentina, ilustrado con potentes fotos de lomo y cuadril criollos, de 12 a 19 euros el kilo, si su proveedor argentino debe dejar de exportar el producto?
Con las llamadas "papeleras" de Fray Bentos ha pasado lo mismo: pasados los ardores mediáticos que no lograron esconder la muy cuestionable reacción argentina, la construcción de las fábricas en Uruguay continúa y, además, ahora se sabe que el gobierno de Corrientes contempla con buenos ojos que la finlandesa Botnia construya una productora de pasta de celulosa en esa provincia del Litoral, lo cual agudiza más aun la debilidad de los argumentos argentinos.
Algo es de imponente veracidad. Después del 25 de mayo se acentuará el esfuerzo gubernamental para diseminar su poder. Están orgullosos del modo con que la condenaron a la diputada María del Carmen Alarcón, a la que sacaron de malas maneras de la presidencia de la Comisión de Agricultura y Ganadería. En Casa Rosada se regocijan de la edulcorada adhesión al despido que expresó Carlos Reutemann, otrora mirado con recelo infinito por el kirchnerismo.
Reutemann, como Barrionuevo, Ruckauf y Saadi, entre otros, son aceptables para el Gobierno en tanto puedan ser presentados a la sociedad como ladrillos viejos para construir un edificio nuevo, aunque Alberto Fernández tuvo el viernes la audacia de comprometerse a no repetir "estropicios" como la Alianza de 1999, integrada por elementos tan variados.
El jueves 25 en la Plaza, sin embargo, estarán Hebe de Bonafini y la CGT. El jueves 18 se supo que el todopoderoso ministro Julio de Vido designó como "asesor sindical" a Saúl Ubaldini, que -a cambio de 4.500 pesos mensuales- aconsejará al "primus inter pares" del kirchnerismo sobre cuestiones no especificadas. www.pepeeliaschev.com.ar; pepebis@arnet.com.ar



