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» Este artículo corresponde a la Edición del domingo, 26/mar/2006 de La Auténtica Defensa.

A TREINTA TERRIBLES AÑOS DEL GOLPE "NUNCA MAS" LA PARADOJA
Prof. Maria Lorena Barrera




A las cuatro de una madrugada de copiosa lluvia, ella dormía sola en la casa. Un par de pesadas manos golpearon la puerta principal, eran manos que gritaban, que agredian.

Se metieron, irrumpieron, tenian las botas sucias con barro y la voz soberbia, invasiva. Me preguntaron por Denise, aunque no dijeron su nombre, yo temblaba, sabia que no iba a mentir, de modo tal que respondi con certeza. Está en La Plata, ella estudia allá. No hicieron otra pregunta, ninguna. A la salida de mi casa, entre la vereda y el cordon habia un Falcon, tambien estaba sucio, fue hasta donde pude ver. Despues el trapo en la cabeza apenas me dejaba oir. El viaje no tiene tiempos ni distancias cuando se viaja en camisón, una noche de grados bajo cero y sobre todo cuando se sabe que "ellos" buscaban a mi hija. Llegamos era, un deposito o un galpon, con ambas manos pude tantear un mostrador. Las voces de hombres y de mujeres se superponian, voces heridas,. Apenas unos pasos y oi algo que me quebró por dentro, un fuego y un temblor que no llegaba desde el frio de la noche, era su voz, tan increiblemente inconfundible. Grité, lengua y garganta se unieron en el desgarro de la palabra, era un nombre, nada mas, el nombre de mi hija, Denise! ella me escuchó. Los segundos que siguieron duraron meses y entonces, pasado ese prudencial tiempo ella gritó mamá!!. Corrio, claro que corrió, no se si tenia los ojos vendados, no se si estaba herida., no se como llegó, estaba viva. Resulta casi imposible describir el abrazo en esas circunstancias de la vida, pero no me guardo lo que siguió.

Nos dejaron juntas, sentadas en el piso, teniamos las manos entrelazadas, anudadas, nos volvía a unir ese cordon de sangre y tejidos que nos mantuvo intimamente cerca durante la gestación. Una larga noche nos envolvia y lo siguió haciendo siempre, cada madrugada de lluvia, de frio, de voces.

Cuando subimos a la camioneta, no nos separaron, estábamos dispuestas a que nos rajasen las manos, o a que nos cortarsen si fuera necesario, pero no ibamos a separarnos por nada, ya no.

La cabeza entre las piernas, el viaje fue corto, solamente bajamos nosotras dos. El trapo en los ojos y el manoseo en el cuerpo. Nos escoltaron un trecho largo y las pocas palabras que dijeron las obedecimos, porque teniamos que hacerlo. -Caminen cincuenta pasos hacia atras sin mirar y recien se pueden sacar las vendas- Dimos apenas un paso, luego otro, caminabamos a ciegas, en medio de la noche quien sabe en qué lugar. Tercer y cuarto paso, yo me cai al suelo, quinto, sexto paso. Denise se cae al suelo, decimos primer paso, era casi imposible caminar por allí, unas pequeñas construcciones de apenas veinte centimetros se levantaban del suelo.

El silencio era ensordecedor "ellos" ya no estaban en ese lugar. Algunos pasos mas adelante mamá se sacó la venda y suspiró de terror, me dijo - Esperá, cuando puede ver, el cielo nos regalaba un pequeñísimo haz de luz, amanecia en el cementerio y nosotras dábamos nuestro primer paso hacia la salida. No quisimos correr ¿Para qué?. Treinta años despues aún seguimos de la mano y tambien se sumaron muchas manos a la familia, esas mismas que se indignan hasta el hartazgo y dicen "Nunca más" cuando les contamos lo que pasó esa noche.

Amanecía y saliendo del cementerio no quisimos mirar hacia atrás, no por miedo, al contrario, sino porque literal y terriblemente esa mañana saliamos de la muerte.

Prof. Maria Lorena Barrera.


 
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