Buenos Aires (especial para NA por José María Suárez) - Leer los diarios es un deporte que practico yo todos los días, no sólo en la quietud de los fines de semana. Es así que hoy recuerdo que un jueves de hace ya varios años tropecé con un matutino con este título en su página de deportes: "A Vélez lo mandaron al descenso".
Y, como texto: "Dos clubes que disputan el campeonato en la India que sólo podían clasificar por el título por diferencia de goles se las ingeniaron para ganar sus partidos, uno por 61 a 0 y , el otro, por 55 a 1.
Entonces yo, que estaba a punto de teclear mi nota de ese jueves 19 de febrero dedicada al quinto aniversario de la muerte de José Amalfitani, que presidió a su club durante 28 años sucesivos, desde el 26 de enero de 1941 hasta la tarde de su viaje al "más all’a", acudí a mi archivo en busca de un recorte donde recordaba que "en 1940 el C.A. Vélez Sarsfield se fue al descenso por la circunstancia de un partido acomodado" entre uno que se salvó y otro que se dejó golear a ojos vista para concretar impunemente una maniobra trapera muy común en esos tiempos".
La historia de Vélez se ocupó del hecho subrayando que "a nuestro club lo descendió la inmoralidad deportiva contra la que nada pudo hacer la comisión directiva porque las inmoralidades deportivas –a las que hay que llamar delitos- dejan impotentes a los hombres que hacen de sus conductas motivos de honras para sus clubes".
Y también recuerda la historia que los de la V azulada, con un punto de ventaja sobre el que se salvó, "pudo haber conservado la categoría si aceptaba la oferta de su rival en la última fecha del torneo: cederles al jugador Fernández García en canje por los dos puntos necesarios para permanecer en la primera división".
Vélez no ganó ese partido, descendió, pero ganó, o conservó la fama de honesto e incorrupto que ganó en buena ley con una conducta impecable y una conducción de José Pepe Amalfitani que lo retornó a la primera división con una limpieza ejemplar que aún luce, tanto como si todavía fuera conducido por el viejo Amalfitani.



