Buenos Aires(Especial para NA, por Marisa Alvarez) Dos hechos por cierto inusuales, para colmo desarrollados en una misma jornada, volvieron a poner en foco el drama de la inseguridad que afecta a la Provincia: la existencia de bandas grandes, muy bien armadas, dedicadas a golpes espectaculares pero esporádicos; pero también la ola cotidiana, permanente, extendida y asfixiante de asaltos que se cobran vidas por unos pocos pesos y que, a esta altura, en alarmante reacción, son considerados "hechos chicos" a los que ni siquiera consigna muchas veces la prensa.
Es verdad que dos de los sucesos ocurridos el viernes en el corazón del Conurbano no son cosas de todos los días y favorecen especulaciones de todo tipo, sobre todo las conspirativas, tan tentadoras para muchos en el mundo de la política argentina, para explicar las cosas cuando se salen de su cauce.
En San Martín, un grupo que circulaba en una camioneta robada minutos antes -y que retenía al dueño en el vehículo- se enfrentó con la policía con armas de guerra, granadas y chalecos antibalas. En el tiroteo mataron a un uniformado e hirieron gravemente a otro y finalmente escaparon a pie, logrando entretener a las fuerzas de seguridad durante cuatro horas, buscándolos -sin éxito- casa por casa.
En San Isidro, otro grupo llevó a cabo uno de los robos a un banco más increíbles de la historia: sin sangre, los ladrones tomaron 23 rehenes -acción que en algún sentido fue un simulacro, porque no los utilizaron para negociar su escape o su entrega, sino para "entretener" a la policía-, se llevaron lo que quisieron de las cajas de seguridad y se esfumaron del lugar, que estaba rodeado por 200 policías, algunos de ellos pertrechados como para la guerra.
Ya a mitad de semana se había encendido una luz de alarma, con un secuestro extorsivo que empezó en la capital federal y culminó en el Conurbano. Fue planteado también como un "hecho aislado", aunque Juan Carlos Blumberg sostiene que se sigue produciendo una alta cantidad de delitos de esa modalidad que no trascienden.
EL DRAMA QUE NO CESA
Pero, aún con su dolorosa cuota de sangre y fuego en uno de esos casos, y con la angustia infinita que tuvieron que vivir quienes pasaron cautivos siete horas y sus familiares, esos actos delictivos inusuales tuvieron una cruel "virtud": volver a poner en foco lo que pasa todos los días, cuantitativamente más fuerte en el Conurbano -simplemente porque allí viven casi diez de los 14 millones de bonaerenses- pero en rigor en toda la Provincia.
El mismo viernes del robo del siglo, un chico de 13 años se resistió a que le robaran la bicicleta y recibió un tiro en la cara. Agoniza. Un mujer de 25 años, que había ido a comprar con sus hijos de uno y siete años a una carnicería, quedó en medio de un asalto al comercio y fue baleada en la cabeza y el pecho. Murió.
Para empezar, si algo no cabe en ese tipo de hechos son las especulaciones sobre eventuales conspiraciones destinadas a "molestar" gobiernos o cúpulas policiales desde alguna oscura y eventual motivación política. Y para seguir, son moneda corriente en una geografía anestesiada, que ya que ni siquiera suele reaccionar ni darles trascendencia a esas muertes a las que uno suele llamar absurdas porque faltan palabras para transmitir lo incomprensible, producto de una violencia irracional e "innecesaria" para sacarles, "con suerte", unos pocos pesos quienes poco o nada tienen.
Sin ir más lejos, en La Plata se debate entre la vida y la muerte un hombre de 30 años, empleado de una heladería, que el martes a la noche recibió un tiro en la cabeza mientras trabajaba. Y a nadie pareció preocupar este "caso común", mientras encima algunos investigadores buscaban pistas de un "hecho pasional" y otros de un "ajuste de cuentas", echando sombras sobre la víctima, hasta que algunos testigos hicieron inevitable aceptar la realidad que la policía esquiva siempre que puede: había sido un intento de asalto. Uno más. Uno de tantos.
LA TEORIA CONSPIRATIVA
La teoría conspirativa a partir de la persecución y tiroteo de San Martín y del robo al banco, por otra parte, ganó espacio en algunos ámbitos del gobierno bonaerense, más por un acto reflejo defensivo, o producto de personalidades que no necesitan de razones para desconfiar del mundo, que por la existencia de indicios serios. Nadie de ese ámbito lo admitió en público, pero lo repitieron sus habituales voceros, aludiendo oscuramente a presuntas "internas" policiales.
Y en las primeras horas posteriores a la liberación de los rehenes de San Isidro, algún funcionario de Seguridad y algún jefe policial, desde la desorientación más profunda acerca de lo que había pasado con los ladrones, se enganchó en esa hipótesis, recurriendo a la palabra "sospechosos" para definir los hechos de la jornada. Sin embargo, el ministro León Arslanián descartó de plano cualquier relación entre el asalto y algún presunto intento "desestabilizador".
PROCESANDO LA DERROTA
En el plano político, por otra parte, en el peronismo bonaerense esta semana hubo indicios de que, luego de un largo duelo, lo que fue el duhaldismo comenzó a procesar abiertamente, ahora sí, la derrota que empezó -admiten algunos- bastante antes de las elecciones, más exactamente cuando no se pudieron integrar las mentadas listas de unidad.
El conglomerado que acompañó a Eduardo Duhalde hasta la noche del 24 de octubre está partido en más pedazos de los que están a la vista, aunque algunos sectores coincidan en sus objetivos.
Los intendentes ya trabajan desde hace rato, prácticamente sin excepciones y con sinceridad o sin ella, para alinearse con el Presidente. Un segundo grupo lo conforman los legisladores nacionales que, comandados por Díaz Bancalari y con nexos en la conducción formal del PJ bonaerense (como Hugo Curto y Osvaldo Mércuri) y en la Legislatura, buscan por caminos paralelos a los de los jefes comunales el mismo objetivo de cobijo bajo el manto kirchnerista. Y hay también, sin figuras conocidas y por debajo, un sector que se plantea un acuerdo con Mauricio Macri.
Pero la noticia -y la más clara señal de que los reposicionamientos en el PJ bonaerense ingresaron en una etapa de definiciones- la dio en estos días el grupo conformado por cuatro diputados nacionales. Juan José Alvarez, Jorge Sarghini, Francisco De Narváez y Eduardo Camaño salieron a la cancha con algunas premisas básicas.
"No tenemos jefe político; no somos antikirchneristas, somos no kirchneristas", definieron antes de sincerar el objetivo: "representar al millón y medio de votos" que el PJ bonaerense cosechó en octubre, y plantearse desde ahí como una alternativa distinta en el marco de una dirigencia peronista que parece marchar masivamente hacia el encolumnamiento en el kirchnerismo.
EN BUSCA DE UNA POSICION "EQUIDISTANTE"
El grupo debió ocuparse también de las versiones que les adjudicaban el objetivo oculto de consolidarse para saltar al macrismo. "Tenemos una identidad propia, dentro del PJ, y queremos consolidarla", explicaron, antes de afirmar que su postura es compartida por "un grupo importante" de diputados del Bloque Peronismo Federal de otras provincias; una bancada, por lo demás, destinada inexorablemente a partirse más allá de juramentos públicos.
Alvarez y Sarghini entienden también que desde el kirchnerismo se busca "encerrar" a los peronistas en "una falsa opción: estás con el Presidente o te vas con Macri", presentando al conglomerado oficialista como "la centroizquierda, de modo que todo lo que está afuera es centroderecha". Y dicen: "es una opción falsa desde que la construcción del Presidente va desde Hugo Franco y Lorena Spátola (dos menemistas confesos) hasta Miguel Bonasso".
Y se enojan también con los ex duhaldistas que explican su acercamiento al calor de la Casa Rosada en una "lectura correcta de las urnas". Dicen que ese mensaje "es completo, no se agota en el 45% que obtuvo el oficialismo; contiene también el 20% que votó al PJ; y cada uno se tiene que hacer cargo de los votos que buscó y del pedazo que, consecuentemente, le tocó".
Con señales claras como nunca de alineamiento en el kirchnerismo de parte de unos, y el lanzamiento de un proyecto orientado a crear una corriente no kirchnerista en el peronismo "que no tiene jefe político", de los otros, en fin, en la semana que pasó se formalizó, por si alguien tenía dudas, el fin del duhaldismo.



