Buenos Aires, (Especial para NA por Luis A. Gramuglia)- El campo, como otros sectores de la producción y el trabajo, aguarda expectante el resultado de las elecciones del próximo domingo. De acuerdo con la mayoría de los pronósticos, seguramente habrá segunda vuelta y en consecuencia, será entonces cuando se definirá la política económica de la Argentina que viene, según sea quien gane. Contra lo que muchos creen, hay modelos antagónicos en pugna.
El ideario de Menem y López Murphy no sólo encuentra similitudes entre sí sino que se diferencian ostensiblemente de las propuestas económicas realizadas por Kirchner, Rodríguez Saá y Carrió. El ex presidente y el ex ministro de Economía de De la Rúa abogan por la reinstalación del esquema neoliberal de la década del "90.
En el caso de Menem, no hay certeza alguna respecto de quien será su ministro de Economía ya que existen pujas no resueltas entre distintos sectores de la ortodoxia económica.
Tal vez, López Murphy tenga el punto más claro. Siendo él economista la resolución de una cuestión que siempre desvela a los presidentes puede llegar a tener menor índice de conflictividad. Kirchner ha dicho que el titular del Palacio de Hacienda si gana será Lavagna.
El mensaje enviado al electorado fue claro: hay previsibilidad, no habrá cambios bruscos respecto de lo que se ha venido haciendo. A esto hay que sumarle la buena imagen de Lavagna quien condujo un proceso plagado de dificultades externas e internas. Carrió irá, en caso de ser electa, con Rubén Lo Vuolo, un joven economista que planteó interesantes iniciativas para resolver algunos de los problemas que afectan a la sociedad argentina.
Por último, Rodríguez Saá, con sus 100 medidas, fijó de hecho una agenda que contiene ítems que ameritan discusiones puntuales. Ahora, la pregunta del millón: todo lo que han dicho los candidatos lo cumplirán? Se han guardado algo que no comunicaron a la gente para no espantar a un electorado muy lábil? Puestos de trabajo, mejoras salariales, baja de impuestos, 100 millones de tns. De granos suenan como música para los oídos de cualquier argentino.
Pero, debemos aceptar que la situación del país está en emergencia, pero también hay que reconocer que es mucho mejor de lo que pronosticaban los voceros del establishment hace más o menos un año.
Las calamidades que auguraban no se cumplieron, afortundamente. Dólar a 6 pesos o más, hiperinflación, conflicto social exacerbado fueron algunos de los exabruptos lanzados por quienes afirman ser consultores de la "City" -muchos de ellos reputados- y también algún candidato que soñaba con emerger como un salvador casi mágico en medio del caos más absoluto.
La "dolarización" planteada con énfasis por Menem, quedó recluída en algún cajón.
Ahora habla de una "moneda fuerte", una especie de metáfora para mencionar al dólar sin decirlo explícitamente. López Murphy no rechaza la "dolarización" pero no la considera viable como una iniciativa unilateral.
La sociedad no está en condiciones de soportar nuevas alquimias con destino incierto.
Y esto algunos candidatos que las propician lo saben. En un contexto con tantas indefiniciones, los productores aguardan, mientras avanzan las tareas de recolección del maíz y la soja. Por cierto, de las medidas que se adopten en el orden macroeconómico surgirán las pistas para saber que ocurrirá con el sector en lo que se refiere a la comercialización de la cosecha y a la próxima campaña agrícola.
Reglas de juego clara y estables han sido demandas históricas de los hombres de campo. Ciertamente, los gobernantes en la Argentina suelen cambiarlas con la velocidad del rayo en función de las urgencias de un Estado enclenque.
La devaluación sirvió para que los productores recibieran mejores precios por sus mercancías y lograran, en muchos casos, reducir sensiblemente sus deudas con los proveedores de insumos. Algunos rubros como el de la maquinaria agrícola, mejoraron su performance con ventas que eran impensadas a principios del 2002.
La industria frigorífica se recuperó luego que la Argentina encarara una lucha frontal contra la aftosa, mientras que muchas producciones regionales que apuntaron a la exportación, resultaron beneficiadas con el abandono de la convertibilidad. Pero esto es una parte.
La reforma impositiva, la mejora de la infraestructura vial y ferroviaria, la incorporación de mayor valor agregado a la producción primaria, la integración de la cadena agro-alimentaria, constituyen pilares insustituibles de una política de Estado a largo plazo.
No podemos volver a ser sólo el "granero del mundo", sino que tenemos que convertirnos en el "supermercado del mundo" para atender, no sólo la demanda interna, sino también la externa que es cada vez más selectiva.
Pero, antes que nada, la Argentina que viene deberá resolver la situación de los sectores más empobrecidos de la población.
No puede haber ningún desnutrido en un país rico en alimentos.
Nadie debe morirse de hambre en un país que puede atender la necesidad alimentaria de 100 millones de personas.



