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» Este artículo corresponde a la Edición del domingo, 27/abr/2003 de La Auténtica Defensa.

No sólo la presidencia es lo que está en juego  
por Luis Torres




Buenos Aires (Especial para NA por Luis Torres) -- Para Eduardo Duhalde la elección de este domingo tiene la importancia y el peso de un acto trascendental en su intensa vida política.

Llegó a la presidencia hace un año en medio de la crisis más formidable de los últimos 50 años. Lo hizo de la mano de una Asamblea Legislativa que casi por unanimidad impuso su nombre para pacificar el país y aquietar la economía.

El mandato del legislativo estaba dirigido a completar el período que Fernando de la Rúa había dejado inconcluso. Este período en realidad concluye en diciembre de este año.

Durante el trascurso de su gestión el Presidente se autoimpuso una obligación intrínseca a su pensamiento justicialista clásico: abandonar lo que se conoce como "modelo neoliberal" inspirado por el ex ministro Domingo Cavallo durante las gestiones de Menem y De la Rúa, e instalar un sistema productivo con énfasis en la industria nacional, en las pequeñas y medianas empresas y en el no alineamiento automático con los Estados Unidos.

Para lograr este objetivo el Presidente echó mano de Roberto Lavagna, un ministro que tiene algo más que técnica económica y que se ha revelado como un interesante político.

Pero la política no fue cedida a ninguna mano que no fuera la suya propia.

Así es como nace la idea de que el modelo productivo, que comenzó a dar sus frutos, no podía concluir tan rápidamente.

Empezó Duhalde a pensar en un sucesor que fuera capaz de continuar con sus políticas y cerrarle el camino a los incipientes intentos de Carlos Menem por presentarse como candidato a fin de este año.

Duhalde posteriormente quedó atrapado en sus propias promesas al señalar que "cuando las aguas estén aquietadas voy a adelantar las elecciones".

Así nació la idea de entregar el poder el 25 de mayo y por lo tanto acomodar el cronograma electoral para que el 27 de abril se celebraran las elecciones nacionales para presidente y vice.

Después vino el vano intento por lograr que Carlos Alberto Reutemann aceptara ser el delfín.

"Vi algo que no me gustó y por eso no voy a aceptar ser candidato", dijo misteriosamente el gobernador de Santa Fe.

¿Qué fue lo que vio? Si bien nadie lo dijo con todas las letras, Reutemann advirtió la dependencia que tendría de lo que se conoce como "el duhaldismo bonaerense".

Quienes conocen de cerca las reglas del juego, los códigos, las señales y las doble mensajes que caracterizan a esa influyente y poderosa franja peronista provincial, saben que un santafesino, solitario riguroso y rígido en sus decisiones políticas, no sería un hueso fácil de roer.

Después del medio centenar de veces que Reuteman dijo que "no", apareció en el horizonte el gobernador de Córdoba José Manuel de la Sota, pero su paso por el firmamento bonaerense fue fugaz como el vuelo de una golondrina.

Como no medía en las encuestas el duhaldismo le quitó el apoyo y el mandatario volvió rápidamente a su tierra.

El duhaldismo más leal al presidente empezó entonces una tarea de convencimiento para que el propio Duhalde aceptara ser el candidato para las elecciones de este año. Pero Duhalde, que seguramente sigue aspirando a volver a la presidencia pero de la mano de los votos, evaluó que lo mejor sería retirarse y tratar de volver más adelante.

Se había quedado sin delfín. A mediados del año pasado empezó a elogiar el pensamiento del gobernador de Santa Cruz Néstor Kirchner.

"Me gusta porque es muy peronista", le dijo Duhalde a un puñado de periodistas que lo visitaba en la Casa Rosada. Así nació el actual candidato que propone el modelo productivo.

Mientras tanto los alegatos judiciales y un Congreso del partido justicialista terminó con la posibilidad de que hubiera una elección interna.

Por lo tanto la elección de este domingo será a la vez una elección presidencial y una elección interna del peronismo.

Adolfo Rodríguez Sáa desde el primer momento trató de cautivar al electorado con propuestas tales como forestaciones millonarias, ferrocarriles de alta velocidad, un millón de puestos de trabajo, etcétera.

Carlos Menem, por su parte, admitió los errores cometidos en su anterior gobierno y aseguró que si llega a la presidencia se rodeará de "caras nuevas".

Prometió seguridad y "sacar las Fuerzas Armadas a la calle si es necesario" para combatir al delito.

Néstor Kirchner, para explotar a fondo el éxito del modelo productivo de Duhalde, eligió a Scioli como vicepresidente y a Roberto Lavagna como ministro de Economía.

Machacó hasta en el último acto de campaña en que lo que interesa es "mantener el modelo de producción y de trabajo".

Pero el gran fenómeno impensado para muchos fue la irrupción y crecimiento de Ricardo López Murphy, quien fue instalándose paulatinamente en el centro-derecha y empezó a conquistar las voluntades no peronistas.

Esta oferta electoral atomizó los gustos de la ciudadanía, pues ninguno de estos cuatro candidatos capitalizó tantas adhesiones que le permitieran asegurar un triunfo holgado.

El caso de la diputada Carrió merece señalar que fue perdiendo vigor a medida de que la población empezó a optar por López Murphy antes que por ella.

Al parecer, el candidato del partido Recrear ofrecía más garantías de gobernabilidad que la diputada del ARI.

Pero por debajo de este cuadro político se mueven intereses fortísimos, empezando por los políticos de la provincia de Buenos Aires. Un triunfo o una derrota del candidato impulsado por el duhaldismo puede determinar o la consolidación de ese pensamiento productivo o de "peronismo clásico" como suele identificárselo o la fragmentación casi definitiva de ese bloque homogéneo que se llama "duhaldismo".

También debe considerarse a partir de este domingo cual será el destino del gobernador Felipe Solá, fuertemente sostenido por el duhaldismo.

En caso de un triunfo de Néstor Kirchner, la candidatura de Solá no sólo no peligrará sino que se consolidará. Pero una derrota del candidato oficial pone en peligro las aspiraciones de Solá, aunque, como ha trascendido, uno de sus principales ministros ha venido manteniendo permanentes reuniones con líderes menemistas.

En un escenario de segunda vuelta entre Menem y López Murphy el candidato peronista aglutinará detrás suyo a todo el peronismo sea cual fuere el matiz que tenga y López Murphy concentrará el voto no peronista y antiperonista.

En caso de que la segunda vuelta se produzca entre Néstor Kirchner y Carlos Menem, y que lleguen a ella con poca diferencia de puntos, las chances del gobernador de Santa Cruz crecen exponencialmente y se lo considera un seguro ganador.

Por último, si en el ballotage entran Menem y Rodríguez Saá, los contactos que el duhaldismo ha mantenido con el puntano permiten imaginar un fuerte apoyo bonaerense al candidato de San Luis para evitar así el triunfo de Carlos Menem.

Pero sin duda el gran fenómeno de esta elección se llama Ricardo López Murphy, que con un partido que tiene apenas ocho meses de creado ha logrado instalarse en la discusión de los primeros puestos.

Si llegara a ganar el ex ministro de Economía habrá sido esta una señal muy clara del cambio que se habrá producido en la sociedad argentina.

¿Será la despedida definitiva para los viejos y tradicionales partidos?. ¿Será el adiós a las viejas prácticas de los punteros, los referentes...?

Se sabrá en las horas finales de este domingo.


 
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