Buenos Aires, (Especial para NA por Daniel Casal)- La voz de la urnas con el mandato popular para el próximo Gobierno deberá ser sólo el punto de partida de la ansiada recuperación del país, tras la larga noche de la crisis.
Los candidatos han pujado durante meses por ganar la voluntad de un electorado descreído, y si bien quedaron lejos de erradicar el escepticismo, pudieron trocar, al menos, el "que se vayan todos" de hace apenas un año, por un nuevo voto de futuro.
Pero ese porvenir no será para nada sencillo para las nuevas autoridades ante los inmediatos asuntos por atender en todos los frentes. Un país con más de la mitad de sus habitantes en la línea de pobreza requerirá acciones urgentes para distribuir mejor la mieles de una tierra pródiga en alimentos.
Que haya cerca del 35 por ciento de desocupados y subocupados sólo habla de la necesidad de que el nuevo gobierno suscriba un nuevo contrato social.
Deberá encarar de inmediato la renegociación de un nuevo acuerdo con los organismo de crédito, ahora con el respaldo que brindará haber sido ungido por el sufragio.
La Argentina enfrentará vencimientos de deuda por unos 33.000 Millones de dólares. Sólo entre setiembre y diciembre habrá que pagar unos 6.000 Millones.
Tendrá que ingresar en la recta definitiva de la renegociación de la deuda con acreedores privados por una cifra que se ubica en torno a los 55.000 Millones de dólares.
La presión sobre estos temas será enorme, y como muestra valen un par de ejemplos:
* El FMI hará radicar en la Capital Federal al inglés John Dodsworth, el nuevo encargado de monitorear el complejo caso argentino.
* Esta semana se conoció la primera demanda concreta contra el país. Una empresa con sede en las Islas Caimán abrió una causa en los Tribunales de Nueva York contra el Estado argentino por el incumplimiento en el pago de bonos de la deuda externa por 700 millones de dólares.
Las autoridades que manejarán al país por los próximos cuatros años tendrán también la ciclópea tarea de redefinir el nuevo cuadro de tarifas de servicios públicos, trabadas por una telaraña de iniciativas judiciales.
Por las dudas, la mayoría de estas empresas ya comenzaron a transitar el camino judicial contra el Estado, en Tribunales externos, ante la rotura de las condiciones de los contrato de concesión.
Otras tareas urgentes serán la de recuperar el mercado interno, sentar las bases para el desarrollo exportador y romper con la eterna dicotomía entre equilibrio fiscal y mejor reparto de recursos.
Deberá también terminar con los procesos de apertura del corralón y el retiro de la cuasimonedas por unos 4.500 Millones de pesos. En síntesis, la agenda económica y política con la que se encontrará el próximo gobierno necesitará de acuerdos básicos con los distintos sectores.
Estos garantizarán la gobernabilidad, que tanto temor genera, y que cayó en picada en los últimos dos años. .
Giro en el discurso empresario
La necesidad de estos consensos apareció en los discursos de dos dirigentes empresarios que pasaron a las primeras líneas de us respectivas cámaras gremiales.
Alberto Alvarez Gaiani triunfó en las eleciones en la UIA, y si bien siempre se lo ligó al ex presidente Carlos Menem, aclaró que no avalará una nueva apertura indiscriminada de la economía.
La política de puertas abiertas en los "90 llevó a la destrucción del aparato productivo.
Eran tiempos en que mientras un argentino compraba, por ejemplo, un electrodoméstico importado, en la Argentina cuatro empleados se quedaba sin trabajo por el cierre de una fábrica de ese sector.
También volvió Carlos de la Vega a la titularidad de la Cámara Argentina de Comercio y, de inmediato, expresó la necesidad de que se encuentren los consensos necesarios y que queden atrás las pujas sectoriales.
Mientras tanto, la dirigencia de Adeba, la nueva entidad conformada por bancos argentinos, desplegó una intensa actividad con el fin de recrear un polo de poder del empreariado nacional.
Estos son, quizá, movimientos que van en la dirección de la reconstrucción productiva y financiera de un país que intenta salir de, una vez por todas, de la decadencia.
Pero, antes que todo, el gobierno que venga deberá lograr un fuerte cambio de expectativas entre los agentes económicas y, sobre, en la sociedad descreída, a raíz de tantos fracasos y desventuras.



