Estimados lectores continuando con el ciclo de los cuentos hoy queremos compartir un cuento popular judío que dice así: En cierta lejana comarca había un país de perezosos, cuyos habitantes se pasaban la vida excavando la tierra en busca de tesoros. Era lo único que querían hacer; pero a pesar que durante muchisimos años cavaron y cavaron, nunca hallaron nada. Por esa razón todos andaban siempre tristes y el rey se había vuelto irritable y rezongon.
Cierta vez llega a ese país un joven alegre y contento, que caminaba a los saltos y silbaba una bella canción. Los cavadores le aconsejaron que dejara de silbar, porque el rey, que siempre estaba enojado, podía condenarlo a muerte.
El joven rió y pidió que lo llevaran a presencia del rey. Los cavadores interrumpieron su tarea y, asustados y sorprendidos, lo condujeron al palacio real. En el camino le preguntaron:
- ¿Como te llamas?
- Oved -respondió el joven.
- ¿Por que silbas todo el tiempo?
- Porque me siento bien y estoy contento.
- ¿Por que estas tan contento?
- Porque poseo mucho oro.
Al oír esto, sus acompañantes se regocijaron grandemente, y al llegar al palacio refirieron todo al rey. El rey pregunta a Oved:
- ¿Es verdad lo que dicen que posees mucho oro?
- Es verdad. Tengo siete bolsas repletas de oro.
El rey se entusiasmo, llamo a sus servidores y ordeno que le llevaran todo el oro. Pero Oved sonrío y le dijo:
- No se apresure, Su Alteza. Hace falta mucho tiempo para que ese oro llegue hasta aquí. Se halla en una caverna, cuidado por un monstruo de siete cabezas. Solo yo puedo sacarlo de allí. Deme todos sus hombres durante un año, y con la ayuda de ellos podré liberar el oro de las garras del monstruo.
El rey no tenia alternativa, e hizo lo que Oved le había pedido: puso a su disposición a todos sus súbditos, a quienes ordeno que cumplieran las indicaciones del joven.
Oved ordeno a la gente que fueran a buscar caballos y bueyes, que tomara azadas y arados y que roturara todas las tierras fértiles del reino. Después de arar les ordeno que sembraran, y cuando llego el tiempo de la cosecha, llenaron setenta carros con el trigo de la mejor calidad. Durante todo ese tiempo, el rey alertaba a Oved una y otra vez:
- Si al cabo del año no me traes las siete bolsas repletas de oro, te haré matar...
Oved le explicaba: - Necesito este trigo para tapar las bocas del monstruo- y seguía silbando y cantando alegres canciones.
Durante siete días anduvo Oved a la cabeza de la caravana de los setenta carros cargados hasta el tope, hasta que llegaron a una gran ciudad ubicada en medio de un páramo. Cuando los mercaderes de la ciudad vieron el trigo, pagaron por el mucho dinero: siete bolsas de oro.
Pasaron otros siete días y Oved regreso al palacio real. Al verlo, el rey le pregunto:
- ¿Has logrado vencer al monstruo?
Oved río y le respondió: - Si, Su Alteza, lo he logrado, porque el monstruo no es otro que la pereza de sus súbditos...
Lic Patricia Katz - Lic Sebastián Terrizzano
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