Jueves a la mañana tempranísimo, un frío de invierno, para usar bufanda y todo; mientras que los más atrasados en las noticias nos enterábamos de la culminación de la guerra del Medio Oriente, otros más afortunados seguían durmiendo y soñando con vaya a saber qué fantástica historia. Primeras planas de fotos escalofriantes y frases como "Cómo cayó Bagdad", se asomaban en los quiosquitos de las esquinas porteñas, al tiempo que todo tipo de argentino opinaba sobre el tema.
Durante la semana pasada ya me estaba molestando escuchar una y otra vez -principalmente de los vecinos aburridos, "haciendo vereda"- comentarios sobre los niños iraquíes, que viven bajo una guerra infernal, rutinizando bombas y tiroteos, y tomando como un juego de disfraces el usar máscaras anti-gas. Digo... las guerras son así, desde la primera que se abrió en esta Tierra, hasta cualquiera que se desate de ahora en adelante; ¿por qué martirizar lo incoherente, lo inmoral, lo ilegal, si son más que obvios los dolores y sufrimientos de los afectados por tan insensata situación?. Y no agrego más.
Sin embargo ahora, después de terminada la guerra -según los medios masivos, comunicando desde Irak- sólo me queda pensar en lo que súbitamente vendrá, en la peligrosa expansión estadounidense, en la construcción tan rápida de un Imperio cada vez más grande. Inimaginable, dado el temor que subyace de sólo pensar en la idea.
No le alcanzó con llevar adelante una guerra, aún sin el aval de las Naciones Unidas, ni con la excusa sin fundamentos de las supuestas bombas de destrucción masiva que "posee" Saddam Hussein, y que podría usar en cualquier momento poniendo en peligro al mundo entero. Estados Unidos se atribuyó el poder de "salvar" al pueblo iraquí de la dictadura de un tirano, todavía sin preguntar siquiera si alguien deseaba su abrupta intervención en el marco oriental. No obstante, luego de finalizado el objetivo humanista y protector del padre del norte occidental, ahora decide que es preciso instalar un gobierno democrático, en manos de su pueblo, pero claro, mientras se ponen de acuerdo, manejado por marines estadounidenses.
Y qué imágenes las de esta semana!!! Ver la repetición una y otra vez en distintos medios, de la simbólica caída de la estatua del ex presidente de Irak, los golpes que recibía de su gente; la esperanza y la alegría del pueblo ante la llegada de los soldados norteamericanos. Pero nunca terminaremos de saber la verdad de los acontecimientos, la cantidad de iraquíes que detestaban el antiguo régimen, y los otros tantos que daban la vida por su nación y su dirigente. De todas maneras, el conflicto desatado entre estos dos países, remarca la fuerza implacable de un jugado Comentarios y sugerencias a: mi_kolumnita@hispavista.com
Soledad Elías Leguizamón.



