La guerra, la ilogicidad de esa práctica, nos sigue rondando. Desde un punto de vista general cuesta entender el por qué de la repetición del horror, luego de haberlo visto u oído. Cuando vemos hoy las imágenes de Iraq; los rostros de la gente apabullada y herida por un lado y por el otro las demostraciones en el mundo de un basta a la guerra y sí a la paz que aunque sea por unos pocos vándalos suele terminar con pedradas y ventanas rotas, nos dicen cuánto de esa guerra está dentro de nosotros mismos. Solo después de reflexionar arduamente podemos darnos cuenta cuánto de eso que los vándalos hacen es parte de lo nosotros contenemos.... Entonces esa frase del título, que tomamos de un texto homónimo de Yaim Yerusalmi nos interroga :se puede usar el olvido?
Pueden olvidarse sucesos, algunos trascendentes para muchos y otros solo para una persona. Pueden decretarse "recuerdos grupales" o" amnesias colectivas".
Lo que sí sabemos es que la posibilidad de olvidar supone el ejercicio pleno de la memoria. Esta función, da cuenta de la sensación de ser uno mismo, la misma persona a lo largo del tiempo, y constituye la identidad personal.
En el plano social, se corresponde a la constitución de entidades supraindividuales que se organizan en torno a los recuerdos como condición necesaria de identidad grupal y de acuerdo a la posición de Nietzche para quien: "...es absolutamente imposible vivir sin olvidar...se trata de saber olvidar adrede...el sentido no histórico y el histórico son absolutamente necesarios para la salud de un individuo, de una nación, de una civilización."
Desde este criterio el olvido tiene usos y la sabiduria consiste en acertar un buen olvido, bueno para la salud. Estas premisas parecen ser las utilizadas por los gobernantes, atentos a manejar políticamente situaciones y vivencias que los exceden y ante las cuales no caben correr riesgos.
Por fuera de esta concepción queda cuanto aquello olvidado pasa por tamices sutiles que imponen los mecanismos del inconciente y que son aquellos de los que nos ocupamos en nuestra tarea cotidiana en el consultorio.
Ejemplos extremos nos los ofrece la literatura: A.R. Luria publicó " El hombre con su mente destrozada", donde narra la historia de un soldado que víctima de una herida de bala en la segunda guerra, quedó con su rostro y su cerebro desbaratados y ocupó veinticinco años de su vida en recuperar jirones de recuerdos, tenue lazos con aspectos vitales.
J.L.Borges en "Funes el memorioso" nos cuenta acerca del hombre, quien luego de haber sufrido una caída, podía recordar cada uno de los detalles de sus primeros diecinueve años de vida.
Si algo tienen en común estos dos textos, es que ambos personajes han quedado fijados en un momento, se ha producido para ellos un suceso de tal magnitud, que los ha dejado paralizados. Esta inmovilidad no es perceptible desde lo observable, sino más bien un sentimiento expresado por un detenimiento del paso del tiempo y como consecuencia de ello quedaron por fuera de él.
Muchas veces descubrimos en quienes nos consultan situaciones de este orden y ante las cuales pudiera ser el recuerdo, un instrumento para recuperar la temporalidad; es decir volver a insertarse en el despliege de la vida.
Lic. Patricia Katz. Lic. Sebastián Terrizzano
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