Buenos Aires (Especial de NA por Martín Hermida) -- El Gobierno tiró la piedra y después escondió la mano: primero alimentó la posibilidad de dar un giro en materia de política exterior y abstenerse en la votación ante las Naciones Unidas sobre la situación de los derechos humanos en Cuba, pero a mitad de camino, y a menos de una semana de la sesión en la cual será tratado el tema, cambió de idea y se encaminó a reiterar la postura de los últimos 12 años, condenando al régimen de Fidel Castro.
¿Qué pasó en el medio? Nada menos que un viaje del presidente Eduardo Duhalde a España --donde el jefe de Gobierno, José María Aznar, le pidió que Argentina no cambiara su voto y continuara en la línea de la condena al régimen de Fidel Castro--, la caída de Saddam Hussein en Irak y la entrada a Bagdad de las tropas norteamericanas, y una verdadera catarata de condenas judiciales dictadas contra opositores cubanos, que llegan hasta los 27 años de cárcel.
En un principio, el Ejecutivo jugó a mantener el misterio y estirar todo lo posible el anuncio sobre la forma en que finalmente votaría Argentina cuando se reúna, el miércoles que viene en la ciudad suiza de Ginebra, la Comisión de Derechos Humanos de la ONU y vuelva a analizar, como cada año, la situación que se vive en Cuba con respecto a ese tema.
E incluso el tema demostró las contradicciones públicas dentro del Ejecutivo: el presidente Eduardo Duhalde dijo en varias oportunidades que todavía no se había tomado ninguna determinación; el jefe de Gabinete, Alfredo Atanasof, señaló que no había aún "ninguna resolución al respecto"; y el secretario general de la Presidencia, José Pampuro, dijo, contrariamente, que Argentina "seguirá la tradición de años anteriores", para "reclamar que en Cuba no se violen los Derechos Humanos".
"Nuestro país no puede quebrar una tradición que ya viene manteniendo desde hace años en materia de exigir y reclamar el respeto por los Derechos Humanos", dijo el funcionario.
A su regreso de España, Duhalde no había querido dar demasiados detalles cuando le preguntaron sobre el tema, y sólo respondió que la decisión aún no había sido tomada.
Pero antes de llegar a la postura final, hay que recordar que diez días atrás desde el propio Gobierno habían salido a señalar "off the record" --en un diálogo con los periodistas en la Casa Rosada-- que todo indicaba que esta vez el voto no sería "condenatorio" sino "de abstención" frente a los cuestionamientos que se le hacen a la administración de Fidel Castro.
De inmediato comenzaron a tejerse hipótesis para intentar explicar el por qué de ese posible cambio --hay que tener en cuenta que durante los gobiernos de Carlos Menem y Fernando de la Rúa hubo un alineamiento con Estados Unidos y se votó siempre condenando al régimen castrista-- y surgieron voces a favor y en contra de una eventual "abstención", posición sostenida por Brasil.
Quienes se mostraron en contra sostuvieron que con una abstención se generaba un nuevo foco de tensión en la relación con Estados Unidos --recordaron de paso la condena reiterada del Gobierno de Duhalde a la incursión de Estados Unidos en Irak--, advirtieron sobre posibles "represalias" norteamericanas y esgrimieron el argumento del "aislacionismo".
Por otra parte, quienes avalaron el eventual cambio de postura y vienen manteniendo una posición de "no condena" al régimen castrista en materia de derechos humanos --con diferentes matices y argumentos-- aseguraron que el camino correcto debería ser el de "abstenerse de votar sanciones hasta tanto cesen los embargos y los bloqueos" que afectan a la isla, más allá de las "presiones" que puedan surgir desde los Estados Unidos en se sentido.
Un hombre del justicialismo fogueado en las lides de la política exterior señaló a Noticias Argentinas:"Primero se preparó el clima para la abstención, pero todo parece mostrar que ahora el Presidente retrocedió y al final se va a votar como en los últimos años o bien se va a buscar una posición intermedia, por ejemplo sugiriéndole a Castro que deje entrar a inspectores de la ONU y que mejore los derechos civiles y políticos" en la isla.
Desde el Congreso hubo también expresiones a favor de ese eventual cambio de posición. El presidente de la Comisión de Relaciones Exteriores del Senado, el riojano Eduardo Menem, le acercó a Duhalde a mediados de marzo pasado el proyecto de comunicación que había elaborado pidiendo que Argentina se abstuviera a la hora de votar una condena.
Su posición puede resumirse así: "hasta que no se levanten los embargos y sanciones económicas hay que abstenerse de aplicar una condena, porque eso no hace más que agravar las condiciones de vida del pueblo cubano".
En la Cámara baja hubo una movida similar, subrayando que se debe "expresar el sentimiento solidario y la tradicional amistad hacia el pueblo cubano, tal como lo hacen otras naciones como Brasil". El proyecto contó con firmas tan disímiles como las de los peronistas Jorge Obeid, José María Díaz Bancalari y Saúl Ubaldini, el arista José Vitar y el socialista Rubén Giustiniani.
Lo cierto es que desde la Cancillería --en especial de parte de aquellos funcionarios "de carrera" que vienen ocupando puestos expectantes desde los últimos gobiernos-- se esforzaron por desmontar cualquier intento de modificación del voto argentino y respaldaron su posición en un hecho incontrastable: esta semana varios tribunales cubanos se despacharon con condenas severísimas a opositores al régimen --periodistas, escritores e intelectuales--, las cuales recibieron el repudio unánime en todo el mundo por considerar que se produjeron tras procesos "sumarísimos" que no contaron "con las mínimas garantías".
Analistas y ex funcionarios consultados por Noticias Argentinas señalaron que si Duhalde perseveraba en su intento por votar en la línea de la abstención hubiera dejado en claro su intención de "tomar distancia" de los Estados Unidos y diferenciarse del ex presidente Menem, hoy por hoy su principal rival en el justicialismo.
Además, coincidieron en afirmar que como hecho aislado, una decisión de esa naturaleza no complicaría por sí sola la relación con los Estados Unidos, aunque si formara parte de una política tendiente a "alejarse" de la administración norteamericana, seguramente generaría "indiferencia" por parte de Washington.
En este marco, si bien es verdad que el régimen de Castro se las sigue ingeniando para plantear controversias en todo el mundo, y en particular entre sus vecinos de Latinoamérica, no es menos cierto que el actual Gobierno volvió a desnudar, con sus idas y venidas con respecto a este tema, sus profundas contradicciones. ¿Será igual en el futuro?.



